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Límite a la reelección

En general, los partidos políticos sufren poca renovación, los mismos candidatos postulan varias veces y queda poco lugar para nuevos rostros. De hecho, ante cualquier elección la primera gran barrera que enfrentan está al interior de sus propios partidos. Sin embargo, las próximas elecciones -municipales y regionales en 2020 y parlamentarias en 2021- enfrentarán un escenario completamente diferente, pues la sociedad ha cambiado (o despertado) y reclama mayor representatividad política, menos exclusión, y sobre todo, que los partidos dejen de actuar como grupos protegidos donde siempre participan los mismos, quedando muchas ideas y estilos fuera de la vida política, lo que afecta, en definitiva, la relación de ésta con la comunidad.

El Ejecutivo escuchó esta demanda y 5 días después del inicio del estallido social, el Presidente Sebastián Piñera anunció, en el marco de su Agenda Social, la tramitación inmediata del límite a la reelección de autoridades, resucitando un proyecto que dormía desde 2006 y que plantea, en lo fundamental, que los senadores pueden ser reelegidos sucesivamente por una sola vez, los diputados hasta por dos veces sucesivamente y los consejeros regionales, alcaldes y concejales también pueden ser reelegidos hasta dos veces consecutivamente. Es decir, los diputados podrán ejercer su cargo un máximo de 12 años, y los senadores, 16. Asimismo, se plantea que para tales autoridades se contará el actual período como el primero.

A la luz del fastidio que la ciudadanía tiene con la política y con la escasa renovación de sus representantes, esta iniciativa legal puede resultar insuficiente; tanto por los períodos de reelección propuestos, como por lo que se ha llamado su letra chica, referida a que para la cuenta de tales períodos se toma el actual, lo que permitiría que un senador que ya lleva 16 años, pueda repetirse otros 16.

Indefectiblemente, la política lleva el sello de las personas que la practican y quienes durante demasiado tiempo -en algunos casos, durante largas y desgastantes décadas- han sido protagonistas excluyentes de las disputas por el poder están adheridos en muchos casos a conductas y hábitos no demasiado recomendables, como suele ser la construcción de redes clientelistas.

Por lo mismo, la depuración a la que deberíamos aspirar a producir en el escenario público y en el cuerpo político deberá provenir de un relevo sistemático de las personas que actúan en esos campos.

Según la definición consagrada por el uso -y avalada por los diccionarios-, “renovar” significa “cambiar una cosa vieja, o que ya ha servido, por una cosa nueva”. La dirigencia política, sin embargo, casi sin excepciones, se empeña en darle un significado distinto, reñido con lo que indica la razón y con lo que prescriben las enciclopedias de la lengua.

Obviamente, nadie pretende defender literalmente un cambio total, por lo impracticable e injusto que resulta para figuras de amplia trayectoria que mucho tienen que aportar a la vida pública, pero es evidente que para recobrar la confianza que paulatinamente ha ido perdiendo la dirigencia política, es indispensable que los partidos renueven y oxigenen sus viejas estructuras.

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