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Las vidas que se apagaron con el coronavirus en Ñuble

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Desde el devenir del contagio hasta la experiencia en el sistema de salud. Las redes familiares hablan de cómo vivieron el proceso sus deudos y la forma en que se produjo el contagio en medio de las medidas de aislamiento.

En el Cementerio Municipal de Chillán, el pasado 7 de abril, se realizó el sepelio de Galvarino del Tránsito Fernández Ayala, voluntario insigne del Cuerpo de Bomberos de Chillán.

El honorario fue el primer bombero en fallecer por Covid-19 en el país, y de acuerdo al Ministerio de Salud, la quinta víctima mortal del virus en la región de Ñuble. Su deceso ocurrió la tarde del 6 abril en el Hospital Herminda Martín, donde se encontraba hospitalizado tras presentar complicaciones de salud.

“Mi papá estaba con un cáncer de piel, un carcinoma, desde hace poco más de un año. Estuvo en radioterapia en enero en Concepción, en febrero se vino para acá bastante bien, porque los nódulos de su carita bajaron con la radioterapia y estaba relativamente bien”, dijo Valentina Fernández Venegas, hija del voluntario, y quien estuvo a cargo de su cuidado.

La salud de Galvarino empezó a deteriorarse en el mes de marzo presentando dificultades para comer y respirar, por lo que recibió los cuidados paliativos del Hospital de Chillán, siendo ingresado al centro de salud posteriormente.

“El viernes 4 de abril pasó una noche muy mal, le costaba mucho respirar y el sábado pedimos ayuda porque ya nos habían advertido que por nada del mundo podíamos salir de la casa. Nos enviaron una ambulancia, lo evaluaron y dijeron que tenían que llevarlo al hospital. Le hicieron exámenes, entre ellos, el test del coronavirus que arrojó positivo”, detalló Valentina.

Desconoce el origen de contagio de Covid-19, pues aseguró que ningún miembro de la familia ha contraído la enfermedad.

“Es la tremenda incógnita que tenemos porque en la casa nadie ha tenido nada, a mi casa no entró nadie extraño, mis hijos trabajan en salud y son exageradamente rigurosos para cuidarnos, por eso tomamos muchas precauciones. No sé si será posible que con sus defensas bajas y tan mal lo haya agarrado llegando al hospital y lo haya atacado en el momento, pues dicen que eso también sería posible, pero eso no lo sabemos”, aseveró.

No más de 10 familiares acudieron al sepelio de Galvarino debido a los protocolos instruidos por las autoridades sanitarias para evitar contagios. Valentina, al igual que las personas que convivían con el fallecido, permanece en cuarentena preventiva por lo que pudo darle el último adiós cuando el cortejo fúnebre pasó frente a su domicilio. “Con mucho dolor desde la casa estuvimos coordinando todo”, dijo.

Al círculo cercano de Galvarino no le practicaron los exámenes para confirmar o descartar el virus. “No nos han realizado el test, nos llamaron desde la Seremi de Salud para confirmar mi teléfono, después llamaron confirmando que mi papá dio positivo y nosotros debíamos estar en cuarentena. Nos preguntaron muchas cosas, nos hicieron una encuesta a todos los que estábamos en la casa y dijeron que no era necesario hacernos el test si no teníamos ningún síntoma”, destacó.

Sobre su progenitor, Valentina lo describió como un hombre al servicio de la comunidad. “Mi papá siempre fue muy entregado a la comunidad, de hecho, siempre hemos pensado que primero estaban los bomberos, la sociedad de artesanos y después estábamos nosotros, pero siempre lo asumimos así. Toda la vida estuvo entregado a las obras sociales, fue sindicalistas, mutualista y eléctrico autodidacta”, subrayó.

El tío querido por todos

“Numerosos son los recuerdos que alberga cada corazón que hoy está aquí presente, un hombre de trato gentil, franco, de mirada dulce, un hombre sabio y hasta recitador de poemas. 33 años veló porque el parque automotriz de nuestra institución estuviera siempre operativo, Bombero intachable y preocupado, tantas madrugadas en el taller de nuestro cuartel, que en compañía de los más sabios, con sudor y temple lograban poner en servicio aquellas máquinas que por motivos mecánicos fallaban”, dice parte del discurso citado en la sepultura de Hugo Benedetti Molina.

Conocido como “El tío Hugo” y “El flaco Benedetti”, el voluntario insigne de Bomberos de Chile y voluntario honorario del Cuerpo de Bomberos de Chillán, falleció este miércoles a los 88 años en la Unidad de Pacientes Críticos de la Clínica Chillán, a causa de una pulmonía por Covid-19.

Benedetti fue la octava víctima del virus en la región de Ñuble, y el segundo voluntario que pierde la institución bomberil en esta pandemia.

En 1957 se unió a la Cuarta Compañía de Bomberos de Chillán. “Fue un destacado voluntario y el legado que nos deja es su espíritu al bomberismo porque a pesar de su avanzada edad y que tenía un delicado estado de salud, igual asistía a las convivencias y reuniones, estando siempre pendiente y activo en la compañía, por eso era muy querido por la gente joven. Fue una persona especial para todos y su partida es una tristeza tremenda”, señaló Diego Sandoval, director de Compañía.

Desempeñó funciones como Jefe de Máquina e Inspector de Material Mayor. Por más de 30 años estuvo a cargo del parque automotriz del Cuerpo de Bomberos, por lo que su pasión era mantener operativas las unidades.

Además, recibió distinciones como Mejor Bombero en 1972 y el Premio al Centenario en 1980.

“Recibió premios por años de servicio, el último que recibió fue al Alma Bomberil, premio que surge tras el fallecimiento de su amigo honorario Joaquín Cárdenas, su familia creó el premio. La compañía, en decisión con la familia, le adjudicó el premio al honorario Benedetti. Eran inseparables sobre todo en las tardes, la gran mayoría de los días se les apreciaba sentados por largas horas en el paradero de Arturo Prat con O’Higgins”, agregó Luis Domínguez, capitán de la Cuarta Compañía.

Hugo Benedetti Monsalva (hijo) describió a su padre como un hombre que dedicó su vida a la institución.

“Fue extraordinario, no hay palabras para describirlo, querido por el Cuerpo de Bomberos, nunca tuvo problemas con nadie, era el tío Hugo querido por todos, fue un bombero 100%”, destacó.

Tuvo cinco hijos, tres mujeres y dos hombres. “Como familia somos bien unidos”, dijo su hijo, quien es voluntario honorario de la Tercera Compañía.

Benedetti Molina logró materializar uno de sus anhelos: conocer Italia, país del que emigró su progenitor alrededor de 1907, para radicarse en tierras chilenas.

“Hace dos años, mi hermano le cumplió el sueño de conocer Italia, siempre la quiso conocer, también visitó Roma. Trajo muy bonitos recuerdos de ese viaje”, recordó.

Benedetti Monsalva indicó que desconocen dónde y cómo pudo contraer su padre a enfermedad. “Tengo un hermano con covid pero se le descubrió después que a mi viejo. Mi hermano está en este momento en cuarentena preventiva en su casa y yo en cuarentena preventiva en la mía, al igual que todos los hermanos”, expresó.

Víctima fatal más joven

Profundo dolor existe en la familia de Daniel Aqueveque Valenzuela, quien falleció la madrugada del jueves a causa del Covid-19.

Se trata de la víctima fatal más joven hasta ahora en región de Ñuble, que registra 11 decesos asociada a la enfermedad.

El joven, de 36 años, era un conocido y querido vecino de Quillón, donde le dieron el último adiós sus seres queridos, amigos y colegas en el marco de un protocolo establecido por las autoridades por la pandemia.

Antes de que el cortejo fúnebre llegara el jueves al cementerio municipal de la comuna, se detuvo frente al hogar que compartía con su esposa Nayaret Garrido y su hijo, de 5 años, quienes se despidieron desde la puerta.

Daniel, quien padecía una diabetes, permaneció 10 días internado en el hospital de Chillán, sin embargo, pese a los esfuerzos del personal de salud por salvar su vida, no resistió a la infección.

Su esposa Nayaret Garrido (31), recordó que ambos comenzaron a sufrir las primeras señales de la infección el domingo 29 de marzo, y con el apoyo de su cuñada enfermera, a través de constantes llamadas telefónicas desde Viña del Mar, sobrellevaron el origen de la patología.

Sin embargo, los síntomas, detalló, fueron más evidentes el miércoles 1 de abril, situación que los obligó a asistir al hospital de Bulnes. Ahí personal decidió someter solo a Nayaret al examen PCR, mientras que Daniel fue diagnosticado con amigdalitis, descartándose el test en esa instancia, lo que generó preocupación en la pareja.

“Al otro día él empezó con mucha fiebre, llamé al Cesfam de Quillón pidiendo que por favor lo vinieran a buscar y mandaron una ambulancia. Le dieron dipirona creo para bajarle la fiebre, no le hicieron el examen de nuevo y se tuvo que venir caminando. Llegó a casa y no mejoró, las noches eran eternas, una tos que no paraba y fiebre todo el día. Yo creo que si a mi esposo le hubiese hecho el examen cuando me lo hicieron a mí, quizás esto habría sido distinto”, expresó.

Recién el 4 de abril Daniel fue sometido al test, relató Nayaret luego que llamara al personal del Cesfam que lo trasladó hasta el hospital de Bulnes, donde se tomó finalmente la muestra. Al día siguiente notificaron al joven con Covid-19 positivo, algo que su esposa sospechaba desde los primeros malestares.

“El 5 de abril ya no podía hablar de la tos, le dolía todo el cuerpo, la fiebre y los dolores de cabeza eran horribles, casi no comía. El día 5 de abril me llaman del ministerio para decirme que Daniel fue positivo. El 7 de abril ya despertó muy mal, mi cuñada llamó al Cesfam para que los trasladaran al hospital de Bulnes, donde lo estabilizaron y fue derivado a Chillán en estado muy grave. Me alcanza a mandar un mensaje para decirme que será hospitalizado en UCI, nos mandamos audios, nos dijimos “te amo” y no supe más de él”, lamentó.

La vida de Daniel se apagó por una neumonía causada por coronavirus, inundó de dolor a su familia que aún no asume su repentina partida.

“Durante ese periodo en el hospital de Chillán, cada día era un desafío, nunca logró repuntar y tener un avance. El personal UCI se portó un siete, hicieron todo lo humanamente posible”, expresó.

“Lo poco que vi del funeral fue maravilloso. Tuve que mirar desde la puerta de mi casa para que lo pudiéramos despedir con mi hijo. Daniel era muy querido en su rubro y respetado, llegaron muchos colegas con carrozas y gente dentro de lo que permitía el protocolo”, comentó.

Nayaret, quien ha evolucionado bien del virus, comentó que hasta ahora desconocen como los afectó el Covid-19, ya que desde el principio de la pandemia estaban en cuarentena. Daniel hacía las compras, con todas las medidas de precaución posible desde la salida del hogar hasta el regreso, y las pocas veces que trabajó en la funeraria fue con un traje especial, hasta el 24 de marzo.

“Fue un resguardo único, él llegaba a la casa, andaba con su hidrolavadora, limpiaba la cerámica del patio. Daniel ingresaba desnudo a la casa y luego directo a la ducha, mientras yo estaba con las cosas con cloro para poder desinfectar. Mi esposo siempre se preocupaba de mantener todo lo necesario para la familia”, señaló.

Héroe

Para la joven madre uno de los momentos más difíciles fue comunicar a su hijo sobre la pérdida de su padre. Sin embargo, logró encontrar una manera especial de transmitir la lamentable noticia.

“Cuando me tocó contarle que su papá había fallecido, lo hice de una forma más linda, le dije a mi hijo que el papá le había ganado al coronavirus, que él era el mejor superhéroe, porque él lo veía así. Y como él era un gran superhéroe, Dios lo necesitaba en el cielo, y dentro de su inocencia él entendió que el papá ya no iba a estar presente”, relató.

Daniel, quien estudió electricidad, era administrador de un negocio familiar, de servicios funerarios, con sucursal en Quillón, Pinto y Florida. Durante años fue bombero y hace cinco dejó de ser un voluntario activo, pero de alguna forma siempre estuvo disponible por su fuerte vocación de servicio.

Su madre Estela Valenzuela destacó la bondad de Daniel, el segundo de sus tres hijos, quien en varias ocasiones ofrecía servicios funerarios gratuitos para aquellos vecinos de escasos recursos.

“En el último tiempo estaba trabajando en un taller para fabricar urnas para bebés, ya que son muy escasas, se quedó con mucho material. Además, pensaba construir en el campo su segunda vivienda en un terreno que les entregó los padres de Nayaret”, recordó.

Uno de sus mejores amigos fue el agricultor Hugo Espinoza, quien recordó los últimos días de Daniel, a quien conoció hace más de 20 años

“Fue duro le enviaba mensajes por WhatsApp, porque no podía hablar bien, se cansaba, se agitaba mucho y me contestaba “Nayi”. Escuchaba como él estaba atrás respirando mal, se escuchaba el jadeo de su respiración, pero muy fuerte. Había ido dos veces al hospital, también al consultorio, y no le hacían nada por esto. Simplemente lo mandaban a la casa y listo. Eso me cuestionó y me da vueltas, porque al día de mañana puede ser un padre de uno o un hermano como era para mi y que ocurra lo mismo. No podemos decir que eso lo hubiese ayudado o no, pero sí hubiese sido a lo mejor un precedente. Pero sabemos que ahí hubo un gran error”, expresó.

En palabras de Hugo su amigo fue una persona carismática y dispuesta ayudar a sus vecinos.

“Siempre quedaba sorprendido cuando caminábamos y alguien le daba las gracias en la calle. Le preguntaba, y no quería decir, hasta que finalmente me comentaba cómo solucionaba el problema de aquel vecino”, describió.

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Texto: A.Meleán|S.Núñez

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