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Las cajas de la discordia

El Departamento de Nutrición y Salud Pública de la Universidad del Bío-Bío, en abril de 2020, dio a conocer los resultados de la encuesta “Comportamiento de compra y hábitos alimentarios en tiempos de coronavirus (COVID-19)”. El instrumento reveló que el 70% de las personas consultadas expresaba temor a no tener alimentos suficientes ante el actual escenario de alerta sanitaria por Covid-19.

Después de casi dos meses de conocido el estudio, comenzaron a llegar las primeras cajas de alimentos a la Región de Ñuble. Junto con la logística de la entrega, la Intendencia Regional emitió un instructivo que definía el procedimiento de la entrega, así como los requisitos de las imágenes que registraran el momento en que los hogares recibieran el beneficio. La puesta en escena consideraba fotos de funcionarios de gobierno bajando y entregando las cajas, instrucciones de cómo comunicar la actividad en redes sociales, cómo resaltar al presidente de la República y cómo evitar acciones que pudiesen ser cuestionadas por la Contraloría General de la República.

El instructivo fue calificado como “impresentable” por parlamentarios de oposición y un “error que se puede corregir” por el ministro de Desarrollo Social y Familia. Desde el punto de vista económico, un despliegue logístico innecesario, considerando las tecnologías disponibles y el pleno funcionamiento de la cadena habitual de abastecimiento de alimentos.

“La billetera de barrio” fue una de las primeras medidas que consideraron los municipios de Las Condes y Puente Alto. La medida utiliza la tecnología para abastecer de bienes de primera necesidad a los hogares que más lo necesitan. Mediante una transferencia electrónica se carga un monto de dinero a las personas beneficiadas a través del código QR de sus cédulas de identidad, desde la cual se descuenta cada vez que realice una compra en su almacén de barrio asociado más cercano.

En palabras de los propios ediles, “es una medida mucho más rápida, más barata – porque no se requiere una logística de armar y repartir las cajas – y los hogares pueden adquirir en cantidad y oportunidad los alimentos que necesiten a precios éticos previamente convenidos”.

¿Por qué dicha medida no fue la elegida por la autoridad para cumplir con su programa “alimentos para Chile”? Oficialmente el presidente de la República justificó la decisión de entrega de la Caja de Alimentos para asegurar que fueran alimentos los que recibieran los hogares (una asignación en dinero no garantiza un gasto en alimentos) y evitar que las personas tuvieran que salir del hogar (el beneficio se entrega puerta a puerta).

“La billetera de barrio” impide que se compren bienes distintos a los deseados para el beneficio y si bien las personas deben salir de su hogar a buscar sus alimentos, la actual medida no evita que las personas concurran al comercio a buscar los bienes de primera necesidad que dichas cajas no consideran.

En resumen, el programa “alimentos para Chile” ha optado por lo que a estas alturas se les puede denominar: “las cajas de la discordia”. Dicho apelativo no se explica por el contenido y/u objetivo que motiva dicho beneficio, sino por la puesta en escena que ha sido elegida por los expertos comunicacionales del gobierno.

Mientras tanto, a la espera de la foto y los protocolos que considera la entrega, un millón y medio de hogares siguen a la espera de recibir los alimentos que tanto necesitan. 

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