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La violencia sicológica y moral aumentó en las familias este 2020

Mauricio Ulloa

Uno de los temas que podrían generar un cierto grado de confusión a la hora de ser analizadas de manera rigurosa es lo que ha sucedido e Chile respecto a la violencia intrafamiliar (VIF).

O al menos así sucederá si no se cuenta con otras maneras de mesurar el fenómeno que a través de las denuncias, constancias policiales y llamados a los centros de atención dispuestas por el Gobierno, puesto que entre sí denotan contradicciones demasiado amplias como para atribuirlas a errores de tabulación.

Mientras que conforme a las cifras de denuncias hechas por Carabineros, las cifras a nivel nacional han bajado entre un 14 y 46% en las distintas comunas de Chile, y a su vez las cifras de ingresos de estas denuncias al sistema judicial disminuyeron de 65.838 (septiembre de 2019) a 60.041 (septiembre de 2020), por otro lado, cifras del Ministerio Público dan cuenta de un alza que se estima en un 43% en Maule, 64% en Ñuble, de un 35% y en Biobío.

Las diferencias se acrecientan más si se compara con las cifras de llamados a las plataformas telefónicas gubernamentales, solicitando orientación, las que muestran que en términos generales, estas aumentaron en promedio un 500% respecto al 2019.

Por lo mismo, ya son muchas los medios periodísticos, casas de estudios superiores y estamentos gubernamentales quienes han intentado aclarar las causas de un problema que, desde que arrancaron las medidas de restricción sanitaria, fueron consideradas como “predecibles”.

Y es en este ejercicio, en donde se debe partir por definir lo que es la violencia intrafamiliar es donde puede hallarse un factor clave.

Al respecto, el sicólogo Carlos Pincheira, encargado de pacientes agudos adultos del Hospital de Penco Lirquén, advierte que “en general la violencia intrafamiliar se mide con las cifras policiales, con la cantidad de femicidios, detenidos y condenados, pero eso hace que otros aspectos se hayan invisibilizado a tal punto que siempre se pasaron por alto muchos otros aspectos de lo que es la violencia intrafamiliar. Y no todos ellos se persiguen penalmente”.

De esta manera, el especialista admite que “en muchos de los casos que estamos atendiendo, hay ejemplos de violencia económica, moral, emocional o verbal, que al no ser amenazas o golpes, no se denuncian en Carabineros, y no por eso son inexistentes”.

La diferencia entre las cifras policiales y las que se deducen en el conteo de llamados de orientación, para Pincheira pasarían porque “hoy las mujeres están cada vez más informadas de lo que es la violencia intrafamiliar y conscientes de sus derechos en abstracto, ahora están pidiendo ayuda para saber cómo poder ejercerlos”.

La violencia desconocida

Conforme a un estudio hecho por la Universidad de Chile titulado “Consecuencias de la Violencia Intrafamiliar”, existen ocho tipos de éstas, no físicas pero que se aplican de manera permanente y constante, para mantener poder y control.

Están las amenazas: con suicidarse, con revelar hechos íntimos, con quitarle a los niños o forzarla a retirar cargos.

Intimidación: Destrozar objetos, maltratar a sus mascotas, romper sus pertenencias, mostrarle armas o buscar generar temor a través de gestos o miradas.

Abuso Emocional: como decirle que está loca, insultarla, brindarle un trato denigrante, o culparla por las inestabilidad de la familia.

Aislamiento: cortarle sus redes de contactos, prohibir o controlar con quiénes puede o no relacionarse.

Negar y culpar: responsabilizarla por los conflictos de la pareja.

Usar a los niños: para dar recados en momentos de crisis, como método de extorsión y hablarles constantemente mal del cónyuge en momentos de conflicto.

Abuso económico: Quitarle sus rentas y administrarlas unilateralmente; no declarar con exactitud cuánto se gana, otorgar sólo una mesada, obligar a pedir dinero a terceros.

Y finalmente, el de roles: Tomar decisiones de manera unilateral y definir sin el consentimiento del otro, cuál es el rol que cada uno cumple en la familia.

“Entonces es claro, que mientras más definiciones existan, menos conciencia colectiva habrá, especialmente en los segmentos de menor educación cuándo se está siendo víctima o victimario de violencia intrafamiliar. Lo que sí reitero, es que evidentemente no se trata sólo de golpes, amenazas o gritos”, concluye el sicólogo.

La apreciación del funcionario de la unidad de salud mental del hospital penquista encuentra eco en lo que plantea el sociólogo (UdeC) Mauricio Alfaro.

“No podemos olvidar que la violencia ha acompañado al hombre desde siempre y erradicarla de todos los ámbitos humanos ha sido un trabajo de siglos. Y es en este proceso en que las sociedades han ido descubriendo y detectando la presencia de violencia sicológica, moral, económica, de género, hacia el mundo animal, racial y en tantos otros campos, que es evidente que la mayoría de las personas no saben la cantidad de maneras en la que se puede caer en violencia intrafamiliar”, apunta.

Alfaro, como penquista, añade que ha sido testigo de la fuerza con que sus conciudadanas han salido a protestar y exigir que se reconozcan sus derechos y que se termine con la violencia de género.

“Yo creo que se ha avanzado un poco, pero se ha hecho y acá no se le puede dar mérito a nadie más que a ellas”, plantea.

La violencia en cuarentena

Carlos Pincheira dice que a diario recibe pacientes derivados por VIF en el hospital de Penco-Lirquén.

“Y lo que se puede concluir es que la cuarentena, el estar encerrados o las pérdidas de fuentes laborales, lógicamente pueden enrarecer y generar más roces en las familias, pero si antes de esto no había violencia, ahora tampoco la hay. Pero en los hogares donde sí la había, ahora hay mucho más y eso es preocupante y peligroso”, sostuvo.

Los estudios del Gobierno, que se aprecian en las publicaciones hechas en el Sernameg como en el Ministerio de la Mujer, se establece que las causas suelen ser el consumo de alcohol (que ha bajado en el país este año, hasta en un 35%), la cesantía (10,1% en Biobío y 10,9% en Ñuble a inicios de primer semestre); y la falta de educación como principales factores.

“Y ahora se suma el factor encierro. Hay mucho más denuncias en los sectores urbanos que en los sectores rurales hoy en día. Pero hay un punto que no se puede perder de vista y es que se ve al corto plazo un aumento de personas trabajando desde sus casas, más vitrineo online que en el centro, entonces habrá mucha más personas viviendo y trabajando en sus hogares incluso sin pandemia”.

Por lo anterior es que tanto Alfaro como el sicólogo Pincheira advierten que las políticas públicas deben hacer un esfuerzo mucho mayor al que se ha hecho desde que se creó la ley de violencia intrafamiliar en Chile (1994) y más participación de cada municipalidad en estas labores.

“Las redes comunitarias estuvieron paradas por meses este año y eso se notó”, advierte el sicólogo.

Para él, “las políticas públicas, no sólo en este Gobierno, sino que en todos los anteriores han hecho mucho, pero poco efectivo a la vez y te lo digo porque si te das cuenta, las cifras suben, y las personas afectadas no han recibido un trabajo que se pueda decir que funcione”.

Finalmente, Alfaro añade que “la violencia intrafamiliar es la consecuencia de la cultura y la idiosincracia de un país, me refiero a que si realmente se quiere erradicar no se va a lograr con campañas, teléfonos ni metiendo más gente a la cárcel, sino que reformando la educación desde los primeros años de una persona”.

Reeducar al hombre

En Ñuble se cifró en un 64% el aumento de casos de VIF que han sido investigados por el Ministerio Público de Ñuble, al comparar el tramo de marzo a octubre de 2019 y 2020.

En específico, las cifras pasaron de 110 (en 2019) a 173 (en 2020)..

“Se han generado más situaciones de roces al interior de la familia, que llevan a que se denuncien situaciones que ya estaban ocurriendo en el tiempo y que ahora, por el tema de la convivencia obligada y poca movilidad, llevan a la gente a realizar estas denuncias que no son malos tratos físicos, necesariamente, sino que más bien psicológicos”, explica el fiscal adjunto de Chillán, Eduardo Planck.

Dentro de este contexto de violencia intrafamiliar, otros delitos, como las amenazas, se han mantenido estables (679 investigaciones versus 672 en el periodo comparado), mientras que las lesiones en general han bajado de 635 a 539, en igual tiempo analizado.

La directora regional del Sernam, Viviana Cáceres dijo que existe una preocupación especial por la decisión mayoritaria de las mujeres que sufren de este flagelo en Ñuble “de volver a vivir con el agresor, de insistir en rehacer la relación que luego vuelve a tener estos problemas y así se comienza a naturalizar”.

Por esta razón, anuncia que para el 2021, se espera “por primera vez contar con nuestro propio Centro de Reeducación del Hombre, que ya existe en otras regiones como en la del Biobío (desde 2012) que era donde se estaba derivando a algunos agresores por parte de los tribunales de Ñuble”.

Se espera que el nuevo centro arranque con un cupo de 70 personas.

“Esto es importante porque nuestro trabajo ya no sólo se enfoca a la mujer. Acá la clave es no minimizar, denunciar y visibilizar para que no se siga naturalizando el maltrato a la mujer”, planteó.

En Ñuble el llamado al fono 1455 pasaron de 30 llamados a 160 al mes, este 2020.

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