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La única vacuna

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Como el virus no se ha ido y aún no hay ni una vacuna que lo evite ni un medicamento que lo contrarreste, y como el mundo no se puede paralizar hasta que se descubra lo uno o lo otro, es necesario adaptar la vida a la amenaza permanente de este enemigo oculto. Y éste parece ser hoy uno de nuestros grandes problemas. La incapacidad para cumplir protocolos sanitarios mínimos para evitar el contagio del Covid-19.

Resulta preocupante que en medio de lo que parece ser una segunda ola de contagios, los comportamientos cotidianos de los chillanejos olviden que estamos ante un virus que no distingue capas sociales ni condiciones económicas. Cualquiera puede contagiar a cualquiera por la vía menos esperada. Pretender ser indiferentes o confiados ante esta situación es jugar con la vida propia y las de los demás.

El fin de semana, por ejemplo, más de 700 vehículos fueron devueltos desde los distintos controles sanitarios implementados en las rutas de la región. Lo mismo ocurre al hacer el balance del toque de queda, o del uso de mascarillas espacios públicos, donde han sido infraccionadas 1.397 personas.

El hecho de que se autorice una apertura gradual del comercio no puede interpretarse como luz verde para que los ciudadanos -principales responsables de su propia integridad-quieran asumir riesgos innecesarios saliendo a la calle cuando pueden mantenerse encerrados.

Es absolutamente comprensible que con el pasar de las semanas se genere ansiedad por recuperar la normalidad en nuestras vidas. Hay quienes seguramente gozan de comodidades que les permiten seguir en aislamiento y otros, no. Pero aquí la reflexión es pensar primero en la integridad física por obvias razones. Es la mejor contribución en los actuales momentos.

No es gratuito que las curvas que revelan mayores contagios coincidan a la baja cuando se ha sido estricto con la cuarentena y al alza cuando ha habido relajamiento.

En sociedades más desarrolladas que la nuestra, que han logrado controlar de mejor forma la pandemia, el elemento que marca la diferencia es el autocuidado, que no es otra cosa que una responsabilidad individual que trasciende a lo colectivo y mejora el bienestar social. Cuando se sondea los porqués de las buenas cifras de Alemania, Suecia o Finlandia, sale a relucir que la gente se cuida de no contagiarse ni de contagiar a nadie. Pues es esa la gran enseñanza que hoy debemos difundir para enfrentar el coronavirus.

Si cada persona que sale de su casa lo hace solo cuando es estrictamente necesario, utiliza mascarilla, mantiene el distanciamiento social y aplica las medidas de higiene, y si, además, cada empresa y negocio que abra sus puertas extrema las medidas de protección y desinfección, podremos entrar en esa “nueva normalidad” donde el autocuidado es la única vacuna que tenemos a mano.

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