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La posición de Pérez de Arce en el mapa de poder de la Iglesia

Cinco meses antes de asumir como administrador apostólico de la Diócesis de Chillán, Sergio Pérez de Arce, sacerdote de los Sagrados Corazones, escribió un artículo de opinión criticando el actuar de Ricardo Ezzati, y del nuncio Ivo Scapolo.

Sobre ambos sostenía que debían dar un paso al costado, pues el primero había sido criticado por el caso Karadima y el segundo por no entregar información veraz al Papa.

Pese a que Ezzati y Scapolo conforman dos polos de influencia en el mapa de poder de la Iglesia Católica en Chile, con incidencia directa en los nombramientos del Papa y la permanencia de los obispos renunciados en sus cargos, Pérez de Arce fue designado por Francisco como administrador apostólico de la Diócesis de Chillán.

Y es que según coinciden diversas fuentes cercanas a la Conferencia Episcopal de Chile (Cech), su nombre fue puesto sobre la mesa por el tercer hombre que tiene línea directa con el Papa: Alejandro Goic, obispo emérito de Rancagua.

De esta forma, los miembros de la Cech (obispos y adminis-tradores apostólicos) estarían divididos en tres líneas de poder con distintos intereses.

Los “progresistas”La influencia de Alejandro Goic, exobispo de Rancagua, a quien Francisco aceptó la renuncia luego de que esa Diócesis se viera afectada por el caso La Cofradía, ha estado presente en los nombramientos de algunos administradores apostólicos, con quienes comparte criterios pastorales.

Entre ellos, se encuentran el administrador apostólico de Santiago, Celestino Aós, Sergio Pérez de Arce, Óscar Blanco, Fernando Chomalí, Cristián Contreras Villarroel, Ricardo Morales y Santiago Silva, este último por lealtad más que por compartir los mismos criterios.

Juan Carlos Claret, exvocero de los laicos de Osorno y parte del directorio de Ending Clerige Abuse, describe al bando de los progresistas u horizontalistas como “quienes quieren compartir la participación en la Iglesia con los laicos”.

Claret asegura que “la importancia de Goic radica en que ha sido uno de los obispos más antiguos del país. Antes de que le aceptaran la renuncia, él era el personaje que aglutinaba a la Cech y ejercía un poder, sin necesidad de imponerse, porque se le reconocía sabiduría.

Además, tiene cercanía con Jorge Bergoglio, quien desempeñó papeles en la Conferencia Episcopal Latinoamericana, desde antes que fuera Papa. Sobre todo, en sus acentos pastorales, por ejemplo, las condiciones de trabajo en Buenos Aires, mientras Goic como presidente de la Cech reclamaba por el sueldo ético”.

Y añade: “Entre ellos mantienen comunicación fluida y, se envían cartas, es más que una relación de jefe subordinado. Ahora que Francisco se dio cuenta que confió en las personas equivocadas, debe estar confiando más en Goic, que en Ezzati o Scapolo”.

Sergio Pérez de Arce Con Ezzati fuera de la Cech y con el arribo de Celestino Aós, cuyo nombre también habría sido recomendado por Goic, el administrador apostólico de Chillán se configura dentro del bando que actualmente contaría con la mayor aprobación del Papa.

Roberto Sánchez, vocero de los laicos de Santiago y cercano a los SS.CC., enfatiza que “Sergio Pérez de Arce es mucho más cercano a la línea de Aós, que a la de Ezzati. En su homilía en la Catedral de Santiago, Aós dijo que hay cosas que deben cambiar profundamente, que no vamos a hablar de pecado, sino de delito, lo que va a alentar a otros miembros de la Cech que son pro cambios”.

Juan Carlos Claret hace hincapié en que “con Aós en Santiago y con el ala más conservadora fuera de la Cech, Pérez de Arce tiene más posibilidades de llegar a las altas esferas, y que su voz sea más escuchada”.

En cuanto a los comentarios que surgen desde la Cech en relación a Pérez de Arce, cercanos a la entidad aseguran que “ha sido tema de conversación y preocupación. No hay unanimidad en lo que ha hecho, por las contradicciones en las que ha caído. Piensan que es ambiguo”.

En tanto, Marcial Sánchez, historiador, experto en Iglesia, asegura que desde el punto de vista de lo que pide el Papa, los seis meses que acaba de cumplir Pérez de Arce a cargo de la Diócesis de Chillán, han sido exitosos.

“Ha demostrado una capacidad importante en su gestión, que no solamente se queda en Chillán, sino que con él se abren las puertas para una Conferencia Episcopal que estaba absolutamente atosigada, y lamentablemente, muy cuestionada desde el propio Vaticano. Esos cuestionamientos se han ratificado con varios de los obispos y arzobispos a través del tema penal, pero él le ha dado oxígeno y probidad a ese grupo de personas”.

Roberto Sánchez sostiene que “hay diócesis en las que los administradores apostólicos no han hecho nada, pero no es el caso de Chillán. Aunque en seis meses arreglar el caos que tenía Pellegrin no es fácil”. Una opinión crítica tiene Juan Carlos Claret: “A diferencia de Pellegrin, en la cercanía con las comunidades creo que pasa la prueba, sobre si ha estado a la altura para lograr los grandes cambios que la Iglesia requiere, no pasa la prueba, porque yo no veo instancias de participación, por ejemplo, de mujeres en cargos de decisión. Y con las víctimas, por los antecedentes que manejo, de que les pidió a personas que mantuvieran la información en cautela, para mí no pasa la prueba. Además el caso Bravo es incomprensible”.

Cercanos a la Cech comentan que “hay un grupo de administradores que se juntan a conversar, y uno de ellos es Pérez de Arce. Se reúne con Ricardo Morales y Jorge Concha. Ellos estarían formando un frente”.

Los moderados y el poder

En el bando de Ricardo Ezzati, figuran los miembros de la Cech a los que las comunidades laicas califican como “moderados”, y quienes tendrían aspiración al poder.

Claret los define como “quienes decían que no podían hacer nada porque el derecho canónico se los impedía, y no les importaba que la gente lo pasara mal. En esta estructura de poder ellos ven a Dios, están repitiendo el patrón por el cual fueron formados, y que les da sentido a su vocación sacerdotal, no es solamente mala intención”.

En este grupo influenciado por la línea pastoral de Ricardo Ezzati, se encontrarían Pedro Ossandón, Fernando Ramos, Galo Fernández, Moisés Atisha, Juan Ignacio González y Bernardo Bastres.

Claret precisa que “asumiendo que Ezzati tiene responsabilidad, tal vez incluso penal, también es cierto que hizo gestiones para impedir la crisis. La salida de Ezzati es justa, pero es más un chivo expiatorio, por lo que lo único que se ha conseguido es que el Papa aparezca como el gran salvador”.

Los conservadores

Liderados por el nuncio apostólico, Ivo Scapolo, cuya gestión de informar al Papa ha sido criticada.En su bando se ubican aquellos obispos que se niegan a desviarse de las doctrinas canónicas.

Dentro de su área de influencia se encuentran los obispos cercanos a Karadima y el obispo emérito de Chillán, Carlos Pellegrin, quien durante su gestión lo recibió en múltiples oportunidades en sus residencias.

Claret los describe como “una estructura aparte. Son personas que se unen a la Iglesia solo para tener sustento económico y sexual. Usurpan a la Iglesia de sus comunidades, enseñándonos pajaritos en la cabeza para mantener a salvo su poder. Lo único que aspiran es a vestirse como emperadores romanos, con una cruz de oro lo más llamativa posible”.

Entre los afines a esta tendencia se encontrarían el arzobispo Rebolledo, y los obispos Vera, Stegmeier, Vega, Koljatic y Bacarreza. Pese a que tienen una línea pastoral opuesta a la del Papa, Claret asegura que su permanencia “puede ser una demostración de que no quiere tener el cuerpo diplomático encima, porque Scapolo es parte del cuerpo diplomático, que es un bastión en Roma donde están todos los malos”.

Además, Scapolo fue discípulo de Angelo Sodano, quien ha ostentado numerosos cargos dentro de la Curia Romana y cuenta con influencia sobre América Latina por más de tres décadas.

Precisamente, ésa habría sido la razón por la que la aceptación de la renuncia de Pellegrin causó sorpresa. Su salida habría sido inevitable, pues además de los cuestionamientos en la Diócesis, el propio Scapolo recibió una denuncia en que el obispo emérito habría incurrido en falta mientras viajaba a una actividad formal de la Cech.

 

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