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La odisea de la clase media local para pagar las cuentas durante la pandemia

La pandemia por coronavirus lleva cuatro meses afectando a la región de Ñuble. Además de los contagios y fallecidos, la enfermedad ha significado un impacto importante para las actividades económicas y sociales, sin dejar de lado a las personas que desde marzo se las ingenian para pagar cuentas, colegios y abastecerse.

Muchos forman parte de la clase media, aquella que hoy está en la mira de las autoridades y de la clase política. Es el grupo que generalmente no recibe ayudas del Estado, y que debido al Covid, corre el riesgo de caer a la pobreza.

Durante 18 años Marcos Sepúlveda fue futbolista profesional de diversos clubes nacionales e internacionales como Ñublense, Santiago Morning, O’Higgins y Gimnasia y Esgrima La Plata de Argentina, pasado deportivo que le ha permitido llevar su experiencia a futuras generaciones amantes de la disciplina como entrenador en Chillán. Sin embargo, en junio pasado la municipalidad puso término a su contrato a honorarios, tras 9 años de ejercicio en un programa.

Triste fue para el deportista chillanejo, de 44 años, comunicar a su familia no solo esta noticia, sino también la suspensión de sus charlas particulares, ya que dependían de sus ingresos para pagar las cuentas del hogar y la educación de sus tres hijos en colegios particulares subvencionados y en la universidad.

Afortunadamente, el profesional admite que no tiene que pagar créditos de consumo o un hipotecario, ya que su casa, donde reside en la población Purén, es propia.

Ahora sus ahorros serán la salvación para mantener su hogar durante los próximos meses, con todo el gasto adicional que conlleva el confinamiento por la emergencia sanitaria, dado que el grupo familiar permanece más tiempo en casa, lo que se traduce en más consumo de servicios básicos.

“Hay que presentar una carta en los colegios para ver qué se puede hacer mientras tanto con las mensualidades de los niños. Mi hija mayor estaba con el crédito CAE, por el cual pagamos una porcentaje de la universidad, donde estudia Terapia ocupacional”, comenta.

Si bien su realidad le permite a Marcos acogerse al Plan Clase Media anunciado por el Presidente Sebastián Piñera, su atención está puesta en el retiro del 10% de su AFP, ya que es una plata con la que se puede salir de apuros durante estos meses críticos.

“Si uno pudiera sacar la plata del 10% de la AFP podría pagar tranquilamente de aquí hasta que la pandemia pueda desaparecer. Por lo menos, yo lo voy hacer si se aprueba, porque tampoco es mucho y haciendo cálculos no me afecta mucho a futuro en la pensión. (…)Es tu plata, que te sirve para pagar las cosas inmediatas y no quedas con deuda, porque eso es lo que carcome a la gente, la deuda, por la que llaman, no esperan, te cortan la luz y el agua igual”, sostiene.

Marcos se manifiesta optimista frente al futuro, ya que “los cambios siempre son para mejor”. No se encasilla en una sola actividad. Tiene conocimiento en diversas áreas como la administración, aunque su fuerte siempre ha sido el fútbol dada su trayectoria.

Dividendo por pagar

En marzo pasado la chilleneja E.B.F.M (40) fue despedida “por necesidades de la empresa” tras trabajar por 20 años en la atención al cliente en una empresa del retail. Ahora solo el sueldo de su marido en una empresa de electricidad les permite cancelar las cuentas que llegan a su hogar en villa Doña Francisca, donde viven junto a sus dos hijos.

“Hemos presentado dificultades como familia de clase media, porque es un sueldo menos y nosotros tenemos que pagar todo. (…) En el dividendo estamos atrasados desde mayo, igual no hemos podido pagado el colegio, estamos esperando recibir una ayuda, porque en eso quedaron, aún no han entregado respuesta”, expresa.

Su de seguro de cesantía le ha servido para cancelar las cuotas de un crédito de consumo que solicitó para financiar la ampliación de su casa. Pero eso no basta, por lo que espera conseguir un nuevo trabajo que le permita seguir aportando en su hogar, aunque advierte que la situación actual es compleja, considerando que todos los gastos domésticos aumentaron por mayor permanencia de los integrantes de la familia en el hogar.

“Se ocupó gran parte del finiquito en pagar las deudas que se tenían y se dejó un poco para mantenernos durante este año”, señala.

Una de las mayores preocupaciones de esta familia chillaneja es el pago dividendo , ya que temen perder su vivienda que ha conseguido con tanto años esfuerzo y dedicación. E.B.F.M espera que se pueda postergar ese compromiso al menos por un tiempo, para dar un respiro a su situación económica.

“Tenemos la esperanza que se logre retrasar el pago de los dividendos, porque si uno se demora, el banco no perdona esas cosas. Igual tengo miedo que nos puedan quitar la casa después de tres meses. Si nosotros no estamos pidiendo nada gratis, sabemos que tenemos que pagar”, reconoce.

Antes de perder su trabajo, explica que nunca calificaron para ningún tipo de beneficio estatal, ahora cuenta que actualizó su ficha de protección social en busca de alguna ayuda. Sin embargo, hasta ahora no hay nada concreto. En este momento, advierte que el 10% del retiro de la AFP es una alternativa que han barajado como familia para salir de las dificultades.

“Como familia nos conviene retirar mejor el 10% de la AFP, nosotros podríamos pagar hasta 10 dividendos de nuestra casa y estar tranquilos un año sin pensar en eso. Revisamos nuestra AFP y hemos perdido mucha plata, de un mes más a otro puedes perder 200 a 300 mil pesos, y cómo no la vamos a recuperar en 10 años más. Si el 10% no es tanta plata”, sostiene.

Postergar cuentas

Por 24 años ininterrumpidos, Juan Osorio, mejor conocido como ‘tío Jota’, se ha desempeñado como conductor de furgón escolar en la ciudad de Chillán. Desde marzo, el traslado de alumnos hacia el Instituto Santa María está paralizado a raíz de la suspensión de clases por la crisis por Covid-19, y desde entonces, los ingresos de su hogar han mermado significativamente.

“Esta pandemia fue malísima para el trabajo, solamente alcanzamos a trabajar una semana en marzo y nos fuimos a receso por la pandemia. Debo agradecer a algunos papás que igual me cancelaron el mes de marzo, lo cual me ayudó muchísimo”, comenta, añadiendo que ha dejado de percibir entre $600 y $700 mil mensual.

En su casa sigue estacionado el furgón nuevo, cero kilómetros y con capacidad para 25 niños, que compró en enero pasado para prestar un mejor servicio. “Lo compramos a crédito, lo bueno es que esa deuda la hemos podido ir alargando gracias a Dios, es un alivio, pero la deuda sigue estando”, agrega.

La familia del tío Jota ha recibido en dos ocasiones cajas alimentarias provenientes de la municipalidad, y asegura han sido de ayuda, pues por ahora su esposa es quien sustenta el hogar.

“Mi esposa trabaja como auxiliar de farmacia, así que con el sueldo de ella hemos tenido que ‘estirar el chicle’ lo más que se puede. Nos hemos tenido que limitar y ajustar, uno va jugando con las cuentas para que ver qué se paga primero y qué se posterga”, dice.

Espera que los recientes anuncios para ayudar a la clase media afectada por la emergencia sanitaria sean una oportunidad para solventar un poco las deudas.

“Lamentablemente nosotros somos clase media pero como que nunca el transporte escolar encaja en los beneficios que entrega el Estado, y no sé por qué. De acuerdo a lo que dijo recientemente el Presidente, ahora podemos entrar a la clase media los transportistas escolares, pero mientras no lo vea reflejado en el Diario Oficial no estaría seguro de eso”, advierte Juan Osorio.

Considera que la situación de la pandemia en la región aún es compleja, pero no pierde las esperanzas de volver a trabajar al menos unos tres meses para pagar deudas y préstamos personales que se ha visto en la necesidad de conseguir con familiares o conocidos.

Construcción paralizada

Celso Venegas es constructor y dueño de una microempresa de nombre ‘Solución Vial’ que cuenta con ocho trabajadores y presta servicios a algunas empresas constructoras. Con el avance del coronavirus en el país comenzó la incertidumbre de qué le deparaba al rubro, y posteriormente se paralizó por completo.

“El día 25 de marzo decidimos voluntariamente irnos a casa, hablé con el personal y les dije veamos qué pasa. Tenía unos ahorros como empresa y venían unos estados de pago más adelante, entonces preferimos cuidar la salud de todos y no enfermarnos, y nos fuimos a casa y regresamos el 1 de junio porque ya se habían levantado algunas restricciones como el cordón sanitario y otras cosas más”, dice.

En un principio, tras decidir parar las labores, Celso pensó que sería por unas dos semanas, pero terminaron siendo dos meses en los no hubo ingresos.

“Nos dimos cuenta que esto era bastante grave, que aparte de que no podíamos salir de la ciudad también habían restricciones en cuanto a los horarios y eso mermó los ingresos de nuestra empresa, son dos meses en los que tuvimos que sumarnos a la Ley de Protección del Empleo. El segundo mes nos pegó bastante porque teníamos que pagar los sueldos y no teníamos flujo, pero ya en junio volvimos a la normalidad”, recuerda.

El tiempo que no hubo trabajo impactó en el hogar de Celso, quien es el sostén de su familia.

“Tenemos tres hijo, hay que ver el tema del pago del colegio, se fueron aumentando las cuentas de la luz y el agua, y desde hace pocos días pudimos empezar a abonar y apagar. Se fueron atrasando las cuotas de esos servicios básicos, y cuando están los niños en casa es mayor el consumo de todo en general”, destaca el profesional.

Respecto a los beneficios para la clase media en medio de la pandemia por Covid, opina que “hay un par de ingresos para la clase media que se están viendo y se tienen que postular. Hay algunos requisitos que puede que algunos no calcen con ellos, no sé si yo calzaré, pero me parece que hasta el momento está bien”.

Texto: Susana Núñez / María Antonieta Meleán

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