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La muerte de la negrita

La firma Nestlé anunció oficialmente la muerte de uno de sus productos más tradicionales, la galleta achocolatada “ la negrita”, arraigada por más de 60 años en la cultura popular chilena. Argumentó que ello obedecía a un propósito de “terminar acciones racistas o discriminatorias“, en línea con “su cultura de respeto y no discriminación”.

¿No será mucho, digo yo? En esa misma línea habría que cambiar el nombre al “chocolito” o a la malta “morenita”, que lanzó a la fama a la muy morena Pamela Díaz. ¿Qué ocurriría si la galleta achocolatado fuera revestida con chocolate blanco? ¿Se podría llamar entonces la rubiecita y el chocolate, chocolate? ¿O si la cerveza fuera rubia, entonces sería la rubiecita, y el chocolito sería la chocolita o chocolete para seguir con la onda de los “todes”?

Para qué seguir, lo claro que la incorporación de la sexualidad a la denominación de cosas animadas o inanimados y darle un sentido racista a objetos de acuerdo al color, no solo está afectando la comunicación a través de la universalidad del lenguaje, sino que además significa una discriminación oculta bajo el ropaje de la igualdad, que esconde ciertamente un racismo profundo. Esto ocurre cuando de manera peyorativa para todo lo que sea oscuro o supuestamente machista, se adoptan medidas formales como son los ejemplos señalados, y que en nada resuelven el fondo de la cuestión. La mirada peyorativa y o paternalista como es el caso hacia los “morenos” o “negritos” da cuenta de ello.

Así caemos en el absurdo de decir “gente de color”, porque en ese caso nos preguntamos de qué color se trata, la gran mayoría dirá que la gente de color son negros, pero también hay gente de color blanco o gente de color amarillo, o gente de color mate etc.

Por ello, las exageraciones tanto en el uso del lenguaje como en una supuesta no discriminación racial, no solamente caen en un espacio que algunos califican como ridículo, sino que atentan contra elementos que son parte de la identidad y patrimonio popular. Porque “la negrita” era parte de esa cultura e identidad popular y en ese sentido constituía un patrimonio, “la negrita” es uno de esos elementos que contribuyen a la identidad de muchos y “muchas” (para estar a tono con los tiempos).

El patrimonio no solo está constituido por las grandes obras, por lo monumental o lo magnífico, también lo componen cosas pequeñas como la “negrita”, que nos ha acompañado por casi toda la vida. No pueden los fundamentalismos sexistas o supuestamente anti racistas caer por defecto en lo que dicen combatir, y de paso borrar las huellas patrimoniales de nuestra propia historia e identidad.

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