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La difícil tarea de enseñar en tiempos de pandemia

Cuando en marzo se suspendieron las clases presenciales producto de la pandemia por Covid-19 los docentes no pensaron que la manera de impartir la enseñanza daría un giro de 360°.

Claudia Muñoz Rodríguez, profesora de 4to básico en el Liceo Técnico Profesional Violeta Parra, en San Carlos, confiesa que adaptar el contenido escolar a las clases virtuales significó todo un reto.

Comenzaron con la entrega de cápsulas educativas con las explicaciones de las clases, llamadas telefónicas diarias a los apoderados y visitas domiciliarias a los alumnos como parte del monitoreo permanente para verificar el cumplimiento de las actividades, que en un principio se entregaban a través de guías de trabajo e instructivos impresos, para luego dar paso a lo que se ha vuelto habitual en los últimos siete meses, las clases en línea.

“Cuando comenzamos con las clases online, fue una sobrecarga por los horarios para poder acomodarlos y organizarlos porque todo esto era súper nuevo, no estábamos acostumbrados. Los profesores somos educados para realizar clases de manera presencial, nunca nos educaron para realizar clases online porque esto se ve más que nada en la enseñanza superior o capacitaciones, y desde los primeros años de educación hasta cuarto medio, y fue un poco complicado para acostumbrarnos, organizarnos, saber cómo lo íbamos hacer pero también como profesores nos adecuamos a los tiempos y a las distintas necesidades, tenemos esa facilidad de poder cambiar paradigmas, mejorar nuestra forma de trabajo y adecuarnos a los tiempos”, explica.

Además, señala que para algunos padres y apoderados también significó un desafío el aprender las nuevas herramientas para la educación de sus hijos, lo que influyó en la asistencia y conexión de los alumnos a las clases diarias.

“Tengo 23 alumnos y la asistencia los primeros días bajó pero más que nada porque las mamás no sabían, por ejemplo utilizar las plataformas Meet y Classroom, para ellas fue también todo nuevo y muchas veces por desconocimiento no podían conectarse o por falta de internet, pero de a poco hemos ido supliendo eso, ya sea con tutoriales, visitas domiciliarias con todas las medidas sanitarias que corresponden para apoyar esa debilidad de los apoderados o de los niños para poder conectarse, y para mí ha sido gratificante porque nunca pensé que iba a tener tanta asistencia, faltan muy pocos”, destaca.

Por la corta edad que tienen los estudiantes, la profesora busca que las clases virtuales sean más dinámicas e interactivas para lograr su atención y concentración.

“Hacemos clases más interactivas y no algo tan aburrido ni tan expositivo, tenemos que innovar de alguna u otra forma para que ellos no se aburran y no se sientan desmotivados. En clases online tratamos que sean con presentaciones en power point, proyecciones, canciones, interactuando, que opinen más”, dice.

La docente sancarlina revela que dividir el tiempo entre el teletrabajo y los quehaceres propios del hogar también amerita organización para cumplir con las diversas tareas.

“Ha sido un desafío porque también tenemos nuestra familia, por lo que hay que organizar el trabajo en la casa. Por ejemplo, mi comedor ya no es comedor, es una oficina, lo tengo con el computador, lleno de hojas, libros. Aparte del hogar es tu lugar de trabajo, entonces cuesta, al principio nos costó mucho organizar los tiempos, pero igual poniéndole empeño todos los días y llamando a los apoderados, no importa en el horario que sea o que si ellos tienen algún problema o duda siempre estamos para la contención de ellos”, expresa.

Aunque lamenta no tener cerca a sus alumnos para reforzar el vínculo, considera que las clases en línea llegaron para quedarse y que cuando termine la crisis sanitaria los establecimientos educacionales fusionarán esta modalidad con las clases presenciales, por lo que lo ha tomado como una forma de avanzar y de “adquirir nuevas habilidades tecnológicas, tanto de profesores como estudiantes y apoderados. El nuevo conocimiento y manejo de plataformas que nunca pensamos que usaríamos para realizar clases”.

Preparación y planificación

Guillermo Contreras Alarcón, profesor de Contabilidad en la enseñanza media Técnica Profesional, explica que en el Liceo Violeta Parra la comunidad escolar tiene un índice de vulnerabilidad sobre el 95%, por tanto, la mayoría de los alumnos no cuenta con un computador o solo tienen acceso a internet para las redes sociales, por lo que optaron por entregar el material escolar impreso y crear grupos de WhatsApp.

“Una de las estrategias fue usar el WhatsApp, donde los profesores creamos grupos desde donde compartíamos las guías de trabajo para aquellos alumnos, que a lo mejor no pudieron ir a retirar las guías pero sí podían acceder a ellas mediante las redes sociales. Las dudas y consultas también se hacían a través de este grupo. En el primer semestre nuestra estrategia se basó en ocupar las redes sociales, en algunos casos el correo electrónico, la entrega de guías impresas y también la entrega de guías en los sectores rurales”, precisa.

A partir del segundo semestre, el liceo gestionó la adquisición de chips de internet para dar conectividad a los alumnos que no disponían de esta opción, y así fue como dieron paso a las clases virtuales a través de las plataformas Classroom y Meet, en las cuales la asistencia no baja del 60% y algunos cursos registran hasta un 80% de asistencia.

Respecto al trabajo que significa planificar las estrategias educativas para cada clase, Guillermo indica que fue complejo pasar de la rutina de las actividades presenciales a ejecutarlas vía internet.

“Uno estaba acostumbrado a levantarse, arreglarse e ir al colegio y nada más, pero hoy en día al estar en la casa también nos tenemos que preocupar de otras cosas como los quehaceres propios del hogar, entonces la clave ha sido organizar nuestros tiempos. Trato de organizar bien mi semana, ver cuáles son las actividades que voy a tener, la clases que voy a tener, y buscar tiempo para poder distribuir el trabajo y cumplir con mis obligaciones en el hogar”, dice.

A juicio del profesor, el nuevo contexto educacional requiere más tiempo y dedicación, sin embargo, no lo asume como una carga laboral extra, al contrario, lo ve como una forma de aprendizaje, de mejorar y actualizar las estrategias de la enseñanza.

“Más que una sobrecarga de trabajo ha sido a lo mejor que salgamos del paradigma de la clase tradicional y nos podamos abrir a otras posibilidades de aprendizaje, y eso a lo mejor ha hecho que posiblemente se vea más trabajo. Lo que sí hay es más preparación de la clase y planificar la estrategia educativa que voy a realizar, entonces puede que un docente sienta mayor demanda”, aclara.

La asignatura de Contabilidad requiere de más práctica, por lo que el profesor confiesa que ha sido difícil para los alumnos que residen en áreas rurales, donde el internet es intermitente o en muchos casos no llega.

“Para los alumnos que están en el campo preparo videos cortos, cápsulas educativas mostrando los procedimientos de cómo hacer un asiento contable, como hacer los movimientos de las cuentas, qué pasa cuando una cuenta aumenta, cuando disminuye. Trato de comprimir el video para que pese lo menos posible y se envía a través de WhatsApp. También he llamado a los estudiantes que no se han podido conectar y preguntarle cuáles han sido sus dificultades, si recibieron las guías, cuáles son los ejercicios con los que tienen problemas para hacer las guías, y también a través del Classroom, ese material que preparamos lo subimos a la plataforma así que si un alumno no se logró conectar porque no tenía señal puede ver lo que pasamos en la clase”, subraya Guillermo.

“La gente en su casas tiende a pensar que no se está haciendo nada, pero en realidad tratamos de hacer lo mejor posible con lo que tenemos, hay muchas cosas que no se ven pero que se hacen, como llamar constantemente a los estudiantes, responder preguntas de los chicos prácticamente las 24 horas del día, y eso ha sido gratificante porque refleja el deseo de superación de los estudiantes”, afirma.

Profesores 24/7

Hace 11 años la profesora de Educación Básica, Claudia González, trabaja en la Escuela Navidad, de El Carmen, donde dicta clases de lenguaje, matemáticas y orientación a estudiantes de 1º básico, y también de 6º y 7º.

Claudia, quien vive en Chillán, es madre de tres hijas y conoce de cerca la realidad de la educación rural, ya que en el pasado trabajó en la Escuela San José, ubicada en la precordillera, donde esperaba a sus alumnos con la estufa prendida para secar sus ropas y comenzar la clase.

“Primero comencé por WhatsApp, a llamarlos todos los días para saber cómo estaban y guiarlos para hacer pequeños trabajos y no sobrecargarlos tanto. Luego empezamos con clases por Zoom dos veces por semana. A pesar de eso, igual era difícil porque había niños que les costaba comunicarse, porque allá es campo. Entonces, a veces estaban buscando red caminando para poder captar la clase, fue una seguidilla de cosas, que al final se fueron acomodando”, comenta.

En el establecimiento nadie quería que los niños se quedaran atrás en el aprendizaje por falta de medios digitales o conexión a Internet, por eso, la docente recuerda que la escuela logró conseguir tablets para que ellos pudieran acceder a la enseñanza.

“Al principio había bastante dificultades, solo algunos se podían conectar, porque otros no tenían los medios, pero ahora con la tablet ha mejorado bastante. Se entregan trabajos y ellos envían sus videos y fotografías, de inmediato se hace la retroalimentación. La gran mayoría está cumpliendo y hay casos aislados en que nuestras colegas de Integración van a visitarlos personalmente y los están apoyando. Hay niños con problemas de aprendizaje y hay algunos cuyas mamás trabajan y si no están presentes en ese momento, les cuesta cumplir con el trabajo, pero son los más pequeños”, sostiene.

En el último tiempo reconoce que está contenta, porque en la mayoría de los casos existe feedback y al existir cumplimiento de los niños, desaparece la amenaza de la deserción. Sin embargo, advierte que esta labor es 24/7 y que su vocación de servicio se pone a prueba permanentemente, ya que el teléfono no para de sonar.

“Ha sido muy difícil, pero a pesar de eso somos profesores comprometidos y “damos la pelea” y a veces hasta las 22 horas, contestando WhatsApp y las llamadas de los alumnos que tienen dudas. (…) En muchos momentos me he sentido frustrada, en el sentido que no es lo mismo hacer clases digitales que presenciales, sobre todo, para un primero básico, en que uno tiene que estar ahí face to face, enseñándoles, de esa forma, ellos van aprendiendo. Entonces, ahí de cierta forma uno se desespera un poco, eso me intranquiliza, porque las mamás no tienen el tiempo y la paciencia suficiente para enseñarles. Eso es lo que más preocupa. Lo que empecé luego de las clases virtuales, es llamarlos uno a uno vía video-chat para ir reforzando con el libro a los que más les cuesta”, confiesa.

Alumnos como hijos

Para Esteban Aravena las tecnologías siempre han sido sus aliadas a la hora de enseñar. Sin embargo, es categórico al afirmar que las clases online jamás reemplazarán las presenciales.

Desde la llegada del Covid-19 los días del profesor de Educación Básica de la Escuela Juan Madrid Azolas, donde trabaja hace 8 años, han sido intensos a la hora de transmitir sus conocimientos a los cursos de 5º, 7º y 8º básico.

Elaborar PDF con las indicaciones para trabajar en el “cuadernillo”, editar videos propios para la asignatura, sostener encuentros por Meet y subir material a Classroom, son parte de una larga lista de labores que realiza para que sus alumnos aprendan Matemáticas, aunque esto implique atender consultas sin límites de horario.

“Para mi no ha sido tan complejo, tengo 34 años, por lo tanto, me manejo en gran parte con la tecnología, y uno las puede aprovechar de diversas formas. (…) Creo que lo más preocupante es estar respondiendo a los niños y apoderados continuamente. Hasta los fines de semana los teléfonos no paraban, hemos ido fijando límites. Es difícil, porque hay apoderados que están tan preocupados con la educación de sus niños que siempre están ahí consultando, lo cual es súper bueno, pero obviamente para uno es agotador”, expresa.

Esteban confiesa que educar bajo esta nueva modalidad de trabajo ha sido desafiante, porque los docentes deben luchar contra “Netflix”, “La play” y un sinnúmero de distracciones que puedan darse en el hogar de un estudiante. Sin embargo, la gran mayoría ha respondido a su llamado, a través de los diversos medios. Hay casos especiales en que la escuela ha empleado otras estrategias para que no se queden al margen del aprendizaje. como la entrega de “portafolios”.

“Hemos tenido un alto compromiso de nuestros apoderados y niños. Obviamente que no podemos hablar de un 100% porque sería mentir, pero mis alumnos el 90% está respondiendo de la mejor forma posible y a lo que pueden dar en relación a los accesos que ellos tienen. A mi me tocó hace unos meses, y me da un poco de nostalgia recordarlo, cuando junto a la profesora “Paola” de Integración llamamos a una apoderada en una videoconferencia, para preguntar por qué el alumno estaba tan ausente y ella nos manifestó su preocupación y nos comentó que a veces se enfrentaba a la disyuntiva de cargar mil pesos al teléfono o comprar pan. Uno como profesor cuando escucha esas cosas, da una pena tremenda”, reveló.

El profesional sostiene que bajo las condiciones actuales lo más importante es mantener la rutina de los niños y abrir canales de conversación para verificar si están entendiendo las materias dictadas. De ahí, que las videollamadas han sido una herramienta clave para la retroalimentación mientras dure la pandemia.

“Es más enriquecedor estar con los niños en el aula, eso no se puede negar. Muchos niños se dieron cuenta que es necesario estar con el profesor y un compañero de frente para poder aprender, a otros se les facilitó estar en la casa, tranquilitos, para hacer sus cosas. En mi caso, si puedo volver mañana, feliz porque uno los echa de menos . Los de octavo los conozco hace cinco años, ya no son alumnos, son parte de mi familia. Obvio que uno quiere volver, pero con la posibilidad que no les pase nada a ellos”, indica.

Texto: Antonieta Meleán| Susana Núñez

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