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Jornada laboral

Chile es uno de los cuatro países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que más horas de trabajo suma por año. Promediamos un total de 2.015 horas de trabajo, lo que es 245 horas más que el promedio de la OCDE, de 1.770 horas, y solo un poco por delante de los tres últimos de la lista: Grecia (2.037 horas), Corea del Sur (2.163) y México (2.237).

Si esos datos son cruzados con los últimos estudios de calidad de vida realizados por el Ministerio de Salud, se pueden extraer importantes conclusiones acerca de la forma cómo están trabajando los chilenos y de cómo se está resintiendo su vida familiar y salud mental. Tales informes revelan que casi el 50% pasa más tiempo en el trabajo que en el hogar. Igualmente, establecen que pese a no ser de su gusto, lo hacen, pues ellos y sus empleadores lo interpretan como mayor compromiso por la productividad.

Pero tal como sugiere el informe sobre los países de la OCDE, la tendencia mundial es precisamente la contraria a lo que se considera un trabajador eficiente y productivo en Chile. Los empleados que se van temprano es porque fueron capaces de cumplir sus obligaciones dentro de la jornada laboral y por ello son valorados y reconocidos como productivos.

Tal extravío también se constata hoy en el rumbo que ha tomado la discusión sobre la reducción de la jornada laboral. El escenario es un tanto complejo, pues hay dos proyectos de ley que supuestamente apuntarían en la misma dirección. Uno busca reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, cuya autoría pertenece a las diputadas del Partido Comunista, Carol Cariola y Camila Vallejos, y el otro corresponde a una iniciativa del propio Gobierno sobre flexibilidad laboral, que también incluye una reducción de la actual jornada de trabajo.

Sin embargo, ha sido el primero el que mayor interés y adhesión ciudadana ha generado. Su triunfo indiscutido en diferentes sondeos de opinión y el enorme respaldo alcanzado en esa nueva ágora que son las redes sociales, motivaron un giro del Ejecutivo en su propuesta legislativa, incluyendo ahora en su proyecto un límite de 41 horas semanales.

Tal viraje ha tensionado la interna oficialista y también motivado duras críticas desde la oposición. Para algunos sectores de Chile Vamos se trata de una actitud muy vulnerable al termómetro de las encuestas, motivada exclusivamente por una populista búsqueda de popularidad.

Así, el debate se instala desde una óptica binaria (política versus tecnocracia), ignorando que las horas trabajadas son solo consecuencia de un problema mayor: el rendimiento de los trabajadores en Chile, evidentemente menor al de los países con los que nos queremos comparar y que confirma la conocida regla de que no se trata de cantidad de horas invertidas, sino de la calidad.

Sobre esos aspectos se necesita hablar y sobre todo hacer mucho más, partiendo por la formación de quienes en el futuro se incorporarán al mercado laboral. El trabajo dignifica al hombre, pero no se trata solo de trabajar más, sino de hacerlo mejor, para ser más felices.

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