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jueves 24 de julio del 2014

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Los soñadores que lucharon por más de 60 años para ver concretado el teatro

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Nada fue suficiente desde hace mas de seis décadas hasta este miércoles, cuando los fondos fueron aprobados.

Meses después del terremoto de 1939 las necesidades en Chillán eran demasiadas. A pesar que la ciudad estaba en el suelo, el espíritu que la ha marcado por siglos, seguía desafiando a sus habitantes a querer reconstruirse en grande. Autoridades de la época no sólo comenzaron a abogar por un plan regulador acorde a las nuevas necesidades, un mercado, viviendas de emergencia y oficinas administrativas para seguir funcionando. Todos quienes pasaron por la alcaldía, también pedían a gritos un recinto en donde poder fomentar el arte y, de paso, recomponer el alma agrietada por los movimientos telúricos que hacían recordar semana a semana la catástrofe que el 39 se lo llevó todo.
Ya el 21 de julio de 1942 un artículo de LA DISCUSIÓN informaba sobre la construcción de la Casa del Deporte, en el mismo lugar en donde se emplazó hasta antes del terremoto el antiguo teatro que esa fatídica noche exhibía una obra teatral y que se llevó varias vidas cuando su fachada cayó sobre los espectadores.
El 18 de julio de 1940, las autoridades, encabezadas por el alcalde Ernesto Arrau, delineaban el nuevo recinto. Para aquello, pedían a la Corporación de Reconstrucción y Auxilio expropiar los terrenos en donde se encontraba el Centro Español y el Obispado, además de dos millones de pesos para fundar una sociedad anónima que se hiciera cargo de la construcción con aportes de privados porque la inversión estatal no alcanzaba para esta finalidad.
Las gestiones del alcalde Ernesto Arrau quedaron truncas a raíz de su renuncia, dando paso a la época de Juan Francisco Arrau, quien en persona le solicitó el mismo año al Presidente Pedro Aguirre Cerda acelerar las soluciones para el futuro teatro.
A fines de ese año, el jefe del Departamento de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, Ricardo Müller, informaba que se construiría el teatro en conjunto con la Casa del Arte soñada por Otto Schäfer y el municipio en calle 18 de Septiembre, al frente de la Plaza de Armas. La noticia fue aplaudida por todos.
Ricardo Müller fue uno de los arquitectos impulsores de la reconstrucción de nuestra ciudad. Se hizo cargo de las obras del Cuerpo de Bomberos y de las que siguen por la misma calle hacia Constitución, incluyendo el Teatro, el Centro de Extensión de la Universidad del Bío-Bío y la Municipalidad de Chillán.
La Corporación de Reconstrucción y Auxilio comenzó a hacerse cargo de las finanzas de la construcción y todo marchó bien hasta 1942, cuando los trabajos paralizaron a raíz de la falta de recursos y de otras prioridades de las que debió hacerse cargo la corporación, como otras catástrofes naturales ocurridas en el norte de nuestro país.
Obras como el Cuerpo de Bomberos y la Municipalidad de Chillán sí contaron con la debida prioridad a raíz de los que significaban para la población. El teatro debería seguir esperando, ahora en su obra gruesa, la llegada de recursos frescos para su terminación. Comenzaba la historia sin fin de mas de sesenta años.

El arquitecto de la reconstrucción
Hace algún tiempo, el Consejo de Monumentos recogió la historia de este destacado profesional que forjó un capítulo histórico para las ambiciones de nuestra ciudad. Ricardo Müller Hess nació en Santiago el 14 de abril de 1897, estudió en el Colegio Alemán y en el Instituto Nacional, recibiendo el título de arquitecto en la Universidad de Chile el 28 de junio de 1921. Ejerció actividades en la Dirección General de Obras Públicas como arquitecto jefe de ese Departamento. Además fue asesor técnico del ministro de Educación, profesor en propiedad en la Cátedra de Construcción en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile.
Tuvo a su cargo la dirección de la obra de construcción del Estadio Nacional. Su hijo Ricardo Müller Oroz recordó que apenas sucedido el terremoto de 1939, su padre sobrevoló en avión la destruida ciudad de Chillán, “y quedó muy impresionado de los efectos del movimiento telúrico en las construcciones de las casas”.
En la reconstrucción del centro cívico de Chillán, los arquitectos E. Benavente y H. A. Morales proyectaron el edificio de los Servicios Públicos, bajo la dirección de Ricardo Müller Hess como profesional del MOP. También en Chillán proyecta en 1940 junto a Tibor Weiner, como  arquitectos del MOP, el edificio del Cuerpo de Bomberos y la Gobernación Provincial junto a sus edificios públicos.

El arquitecto que no alcanzó a construirlo
Josué Smith Solar fue un arquitecto que nació en Chillán el año 1867 y fue hijo del norteamericano Silas Baldwin Smith y Leonor Solar. Se formó como profesional en Estados Unidos y con los años se dedicó a empaparse de la arquitectura moderna que en ese entonces nacía en Europa. Fue discípulo de Theophilus Chandler, quien le enseñó a su pupilo las técnicas del gótico victoriano. En ese pie regresó a Chile cuando bordeaba los treinta años y trató incansablemente de integrarse al circuito arquitectónico chileno para trabajar. Postuló a varios proyectos, entre ellos, la remodelación del Palacio de la Moneda, el que finalmente no se adjudicó.
Sí realizó otras obras como el Club Hípico y el Hotel Carrera de Santiago. Durante aquellos años, se le encarga la construcción del nuevo Teatro de Chillán, y el arquitecto se entusiasma tanto con la idea que crea un manual para teatros con estilo moderno. La propuesta nunca se concretaría porque el destino quiso arrebatarle la vida al arquitecto chillanejo un año antes que la naturaleza derribara el antiguo teatro en 1939.
El historiador y catedrático Marco Aurelio Reyes Coca afirma que “escarbando en la obra del gran arquitecto de raíces en San Nicolás, Josué Smith Solar, diseñador, entre otras obras, del Hotel Carrera, del Ministerio de Hacienda, del Club Hípico, del frontis sur de La Moneda, de la Universidad Santa María en Valparaíso, etcétera; descubrí que antes de morir en 1938, sentía amargura de no haber obtenido dos obras arquitectónicas: el Club de la Unión de Santiago y el Teatro de Chillán ¿Podrá lograrlo ahora, espiritualmente?”, se pregunta.

El doctor de la cultura
Quien se remita a la historia más reciente del elefante blanco, no puede olvidar al doctor Héctor Garay. Él, junto a un grupo de artistas y gestores, comenzó en la década de los noventa una gran cruzada popular para conseguir los recursos de habilitación del recinto. Se formó así la Corporación de Pro Término del Teatro Municipal, entidad que durante varios años trabajó con el mismo propósito bajo las órdenes y estrategias del doctor Garay.
Fueron años de trabajo, pero el poco compromiso de aquel entonces dificultó las aspiraciones del grupo y se llegó a la convicción de habilitar una sala de bolsillo al costado del teatro. En 1998 se inauguraron las nuevas instalaciones gracias al aporte de la comunidad y de fondos del Ministerio de Obras Públicas. Las obras de aquel entonces estuvieron lideradas por el arquitecto Leonardo Palma.

El sueño se logró
Tuvieron que pasar más de 60 años para que Sergio Zarzar coronara este miércoles el término de un proceso que duró cerca de dos años. La aprobación de los recursos para la habilitación del teatro, vino a concluir un anhelo comunitario de décadas. Los recursos finalmente se aseguraron a través del Gobierno Regional que entregará 3.800 millones de pesos para que Chillán salde la deuda histórica con la cultura.
Fue un proceso largo, el alcalde en ejercicio lo prometió en campaña y no quiso dejar ningún detalle al azar. Es así como el año pasado contrató los servicios del gestor cultural y gerente de la Corporación Artistas del Acero de Concepción, Arnoldo Weber, para concluir el Plan de Gestión Cultural que finalmente permitió acelerar el visto bueno del Ministerio de Planificación.
Con las platas en la mano, las obras debería comenzar a efectuarse dentro de dos a tres meses más y el teatro cerrará sus puertas hasta el 2014, cuando se inaugure de la mano del sueño de tantos soñadores que pensaron alguna vez en cortar la cinta tricolor.

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