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sábado 26 de julio del 2014

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Falleció destacada arquitecta Berta Cifuentes: 50 años pensando en Chillán

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A la edad de 95 años y rodeada de los suyos falleció ayer en nuestra ciudad, la destacada arquitecta Berta Cifuentes Burrel viuda de Torres. Sus restos mortales están siendo velados en la parroquia San Pablo y sus funerales se efectuarán hoy en el Parque Las Flores, después de una misa que se oficiará a las 15 horas en la misma parroquia.
La vida de la señora Berta y la de su esposo, el recordado arquitecto Eduardo Torres Poblete, está muy ligada a Chillán. Muy jóvenes y recién casados, el matrimonio decide apostar por una trabajo y una obra que era todo un desafío: participar de la reconstrucción de Chillán.
 Eduardo se vino el año 1940, cuenta el menor de sus hijos, Gonzalo Torres Cifuentes; su madre lo hizo un año después, y poco a poco se fueron empapando de un Chillán que renacía de entre las cenizas y lo fueron haciendo suyo. Aquí nacieron sus siete hijos: María Antonieta, Eduardo, Isabel Margarita (fallecida), Beatriz, Ana María; Verónica, la destacada pianista y Gonzalo. La señora Bertita tuvo la alegría de conocer y disfrutar de siete nietos, tres bisnietos y una tataranieta.
El matrimonio se fue ganando un interesante e importante espacio, y quienes compartieron con ellos a través de los años saben que no se puede hablar de uno sin el otro. Fueron muchos años de trabajo codo a codo en los distintos proyectos que junto a muchos otros fueron dando al “terremoteado” Chillán nueva fisonomía.
Además de los lazos afectivos, los unió medio siglo de vida profesional como arquitectos, en esta ciudad a la que escogieron para realizar su proyecto de vida como pareja y como profesionales. Eduardo llegó a ser el director del Departamento de Obras de la Municipalidad de Chillán, cargo que sirvió por más de tres décadas. Desde allí le correspondió ver de modo directo cómo se iba reorganizando y renaciendo la nueva ciudad. De carácter alegre y festivo, él encontró en ella, el contrapeso perfecto. Más bien silenciosa, pero dueña de una gran ternura, trabajaron juntos siempre. “Mi mamá era la que vestía los interiores de las casas, de los edificios, por así decirlo. Era experta en eso, mi papá tenía su fuerte en los exteriores, techumbres y excelente en el dibujo en perspectiva. Los recuerdo siempre unidos en todo”, recuerda Gonzalo.
Cordiales, amistosos, leales, disfrutaron de grandes amigos, como fue el caso de la amistad que los unió con don Alfonso Lagos Villar y su esposa Adriana Pagueguy.
En la hora del adiós, son muchos los que se han acercado a  sus hijos para acompañarles  y para despedir a  una mujer muy querida.

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