sábado 29 de agosto del 2015

Última carga11:47:11

Desigualdad de ingresos

Pensar en la desigualdad como un asunto de acceso a oportunidades, no sólo de trabajo, sino que de generar negocios, implica necesariamente cuestionar el sistema económico imperante y sus imperfecciones.

Que Ñuble tenga menor desigualdad de ingresos que el promedio país no es más que una leve diferencia estadística, y en el fondo, sólo dice que en esta provincia hay menos ricos que en Santiago, región que exhibe la mayor desigualdad a nivel nacional.
El coeficiente de Gini, que es el indicador internacionalmente aceptado que mide la desigualdad de ingresos en una economía, le asigna a Ñuble 48 puntos, levemente inferior a los 50 que exhibe Chile en promedio, y a los 52 de la Región Metropolitana.
Sin embargo, el promedio de los países de la OCDE es de 31, es decir, tanto Ñuble como el resto del país están muy lejos de alcanzar niveles de países desarrollados.
Al revisar la evolución del coeficiente de Gini en los últimos 20 años en la Provincia de Ñuble, se observa que en dicho periodo se ha avanzado en términos de reducir la desigualdad de ingresos, pues mientras en 1990 el indicador era de 58, en 2009 había descendido a 48.
Y es ahí donde debe estar el foco de la atención y del debate, pues hasta ahora se puede decir que gracias a políticas públicas acertadas, a una mayor cobertura de la educación y a una mayor participación laboral ha sido posible reducir la pobreza, lo que determina, en parte, el grado de desigualdad de una economía.
Lamentablemente, aún queda mucho por hacer, y mientras algunos expertos apuntan a la generación de empleos como el mecanismo clave para reducir la desigualdad, otros sostienen que los empleos deben ser de calidad, por lo que se requiere educación.
En ese sentido, es positivo que exista preocupación sobre el tema y que haya voluntad para avanzar, sin embargo, quizás no basta con enfocar los esfuerzos en los factores antes descritos ni basta con fortalecer las políticas públicas implementadas en las últimas dos décadas.
Pensar en la desigualdad como un asunto de acceso a oportunidades, no sólo de trabajo, sino que de generar negocios, implica necesariamente cuestionar el sistema económico imperante y sus imperfecciones, puesto que bajo las actuales condiciones, los dueños del capital financiero son muy pocos y seguirán siendo pocos en la medida que se mantengan las actuales reglas del juego.
¿Pero está preparado Chile para iniciar un debate de este tipo? A la luz del tenor de discusiones como el proyecto de reforma tributaria, en que no se observan grandes consensos, sino que más bien negociaciones que apuntan a maquillar el sistema tributario, aparentemente no está preparado.
Chile es un país desigual, no sólo en la distribución de los ingresos. Es desigual porque están los que discriminan y los discriminados, los que heredan fortunas y los que trabajan duro cada día para no perder la casa, los que tienen vínculos y los desprotegidos, los que roban y los que nunca supieron que fueron robados, los cómodos con el establishment y los que critican el sistema. En fin, debatir sobre desigualdad de ingresos es tan complejo como revisar los escenarios de desigualdad que son causa o consecuencia de ésta.
Chile debe responderse a sí mismo: ¿por qué el agua tiene dueños? ¿por qué las instituciones financieras se aprovechan de las asimetrías del mercado? ¿por qué el Estado no puede desarrollar emprendimientos? ¿o por qué ciertos oligopolios se comportan como mafias sin ser sancionados por la autoridad?
El empoderamiento ciudadano y la emergencia de movimientos sociales son, quizás, la única esperanza de avanzar hacia una economía más justa, con más oportunidades, y donde el capital financiero no sea el único valorado, sino que también capitales sean las ideas, el esfuerzo y el conocimiento.

comments
JA Teline IV
JA Teline IV
JA Teline IV
ediciones