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miércoles 16 de abril del 2014

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Las nueve artesanías que definen la identidad de la Provincia de Ñuble



Esta zona se define como poseedora de un patrimonio material e inmaterial incalculable, que se refleja en cada rincón de Ñuble.
  Gredas, talabartería, chupallas y telares figuran como algunas de las artes populares que se niegan a morir.

El mapa artesanal y de arte popular de la Provincia de Ñuble es uno de los más frondosos de Chile. Su calidad y belleza ha trascendido los límites provinciales, regionales y nacionales. Se trata de un patrimonio vivo, que es parte de nuestra genética territorial, y que ha logrado vencer a esa modernidad avasalladora que destroza todo lo que aluda a tradición.
Hoy en Fiestas Patrias, cobra más vigencia que nunca. Es la artesanía provincial, la que saludable aún y en busca de un destino más trascendente que el uso doméstico, se abre camino en una senda que la acerca cada día más a la obra de arte.

ALFARERÍA
Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca han inscrito a Chile en el marco internacional de la alfarería con sabor y color de patrimonio. A su sencilla belleza se une la calidad de las piezas que hacen las alfareras, rojas y negras, que en la loza utilitaria (Santa Cruz de Cuca preferentemente) ofrece una calidad que no todas las piezas de alfarería poseen. Es una loza que se comporta en la cocina de modo espléndido y por ello es muy buscada. La alfarería nace prácticamente con el hombre y la de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca, constituyen un centro alfarero prehispánico por excelencia. Se  conserva hasta nuestros días casi sin modificaciones en su factura. Las alfareras de hoy descienden de las de ayer, muy atrás en el tiempo. En Cobquecura también se da la alfarería, pero en menor escala.

TALABARTERÍA
Con esta artesanía Chillán se internacionalizó. Tuvo tempranamente talabarteros cuyos nombres han trascendido en el tiempo y barrios en los que se les ubicada de preferencia, siempre cercanos al mercado. Nombres como Víctor Manuel Vergara, Pedro Soto, Temístocles Gutiérrez, Lara, José Rojas, los hermanos Riquelme, Héctor Sepúlveda, Humberto Rojas, Samuel Parra (bibliografía Baltazar Hernández) pertenecen a la memoria colectiva de este oficio.
Chillán abre una nueva ventana cuando se radica acá el angelino Amador Isla Cea. Con él se posiciona un oficio mayor, que nos ha dado a conocer como ciudad en muchos lugares del mundo. Don Amador trabajó junto a sus hijos Luis, Joaquín, Francisco, Enrique y Pablo. “Lo nuestro ha sido siempre la calidad y con los mejores materiales”, dice Joaquín Isla Maldonado, nieto de Don Amador. Hoy continúan esta tradición Joaquín (taller en Isabel Riquelme al llegar a Collín) y su tío Pablo, hijo de don Amador.

CHUPALLEROS
Esta antigua artesanía en paja de trigo tiene su capital en la comuna de Ninhue. Es tal vez la que hoy cuenta con mayor cantidad de artesanos; familias completas, como es el caso de los Palma, y muchas otras, que se han dedicado y se dedican a este oficio. Estos hábiles artesanos confeccionan chupallas de paja de gran calidad. Sus bellos trabajos coronan con orgullo la cabeza de nuestros huasos. Es un oficio partido en dos, por así decirlo. Para tener su materia prima de trabajo, los chupalleros requieren del oficio de otros artesanos, de quienes (hombres y mujeres), se dedican a trenzar la “cuelcha”.
Ninhue urbano y rural cuenta, felizmente, con numerosos talleres de  chupalleros y en los campos, de preferencia, otros artesanos trenzan las cuelchas.

CESTERÍA
Esta antigua artesanía tiene cultores desde muy antiguo. Hoy se radica fundamentalmente en la localidad de Roblería, en la comuna de Coihueco, donde los artesanos (también mujeres), comparten las labores agrícolas y las de casa con este oficio de mimbrero. Están organizados y su trabajo es llevado a otros lugares donde se vende profusamente. Pero el trabajo en mimbre se realiza en distintos lugares de Ñuble, incluso en el Chillán urbano. En barrios como Río Viejo, La Manga, Chillancito, Witker, Población Purén e Irene Frei, se podía encontrar gran cantidad de artesanos en mimbre. Todavía los hay, los vemos recorrer las calles ofreciendo sus piezas, ya sea a pie o en carritos de mano y las sacan hasta la Plazuela del Mercado. La mayoría de los trabajos son de carácter utilitario: canasto papero, vendimiador, para la ropa sucia, maletas, de bote, rectangular como para picnic y también piezas ornamentales, además de mueblería. El mimbre, materia prima, se da en abundancia en Ñuble.

BORDADORAS
Se trata de una artesanía relativamente nueva, pero con ya más de tres décadas. Nace en Ninhue urbano, por iniciativa de una hija de esa comuna, Carmen Benavente Puga (Hija Ilustre), de antigua familia de la zona. Ella reúne en torno a esta idea de aprender a bordar a mujeres del poblado. En esta tarea fue y es su mano derecha Filomena Vergara, quien buscó a las potenciales bordadoras, aportando a la vez a sus hermanas. Carmen Benavente Puga enseña al grupo distintos puntos (ella es una experta y reconocida bordadora). Como motivación de su hermoso trabajo, las bordadoras han ocupado desde hace más de treinta años, su entorno, sus propias historias, lo que ha hecho de este oficio un valioso elemento de registro de identidad y patrimonio. A través de Carmen, que reside en Estados Unidos, las bordadoras han comercializado sus productos en el país del  norte, donde incluso han sido incluidos en museos. Hoy forma parte del selecto mapa artesanal de Chile. Carmen Benavente las sigue asesorando y visitando y Filomena las dirige. Han obtenido numerosos reconocimientos y distinciones; son invitadas a participar en la Feria Artesanal que organiza la U. Católica todos los años. 

TELARES
El tejido a telar rústico parte en Chile muy atrás, con los pueblos originarios (mapuche siglo XVI). Se trabaja todo el proceso de la lana, desde el vellón pasando por el hilado, teñido, hasta ser colocado en el telar. Esto no ha cambiado en este tipo de telar. Los hay más sofisticados, pero el mapuche sigue prevaleciendo entre las tejenderas. El centro artesanal de más prestigio en Ñuble en este oficio es Minas del Prado en la comuna de Coihueco. Ha disminuido mucho, lamentablemente, y debería ser materia de un estudio serio y de un plan de ayuda. En la década del 70 había más de 40 tejenderas a telar en la localidad. También hay artesanas en otros lugares de Ñuble, pero más dispersas: Yungay hacia la  montaña, sectores rurales de San Carlos, San Fabián de Alico. En Chillán hubo hasta no hace mucho barrios como Río Viejo, Huambalí, Mardones, donde se ubicaba a tejenderas. Todavía sacan sus frazadas a la Plazuela del Mercado. Hay que decir, con alegría, que este oficio antes de mujeres campesinas, de preferencia, ha sido retomado con fuerza por mujeres urbanas de todas las clases sociales. Se ha escogido el telar rústico de preferencia y tenemos en Chillán expertas y artísticas tejedoras a telar.

ESPUELERÍA
Chillán fue famoso por sus artesanos espueleros. Hoy se cuentan con los dedos de la mano. La espuela llega a Chile con los españoles y aquí se engalana. A Chillán llegó de la mano del industrial Juan Vinay, padre del tenor  Ramón Vinay. Fue el principal precursor de esta artesanía. Tuvo un gran taller en Isabel Riquelme pasado Arturo Prat; luego se trasladó más cerca del mercado. Nuestra ciudad fue cuna de expertos artesanos espueleros. Entre estos Ramón Santana (conoce el oficio en 1909), y sus descendientes han sido los que más han perdurado en el oficio. Comenzó muy joven, casi un niño en el taller de Daniel Molina y se instala por su cuenta en 1918. En el sector oriente de Chillán estaban los maestros espueleros. Se recuerda a Agustín Rodríguez, su hermano Rufino, Fidel Zapata, Baltazar Molina, Pedro Juan de Dios Plaza, Daniel Orellana, Federico Carrasco, Armando Vidal, los hermanos Santana y su padre Ramón, Luis Vargas. Uno de los últimos más nombrado fue Crisólfido Bustamante, quien llegó a tener hasta 30 operarios en su taller. De esta apreciada artesanía, queda muy poco hoy.

TALLADOS
Ñuble tuvo un gran centro de talladores, preferentemente en madera de laurel, en Coihueco urbano. Familias completas se dedicaron a este oficio realizando piezas ornamentales talladas a cuchillo. Lamentablemente por razones de comercialización y de interés por sus trabajos, estos artesanos fueron derivando a otros oficios, como es el caso de don Juan Meriño y su hijo, hoy dedicados a la mueblería. Persiste hoy en el oficio, Darío Mardones. En San Fabián de Alico abrió la ventana al tallado el artesano Renato Soto (fallecido), quien se preocupó por dejar una semilla en los más jóvenes. También en San Fabián urbano está el tallador Juan Orellana, de alto vuelo, quien se dedica a la talla de imágenes religiosas, pesebres, de preferencia. Su trabajo es óptimo.

Pero Chillán tuvo un experto tallador de estribos, que no se puede dejar de recordar, más aún cuando nuestra zona no ha sido de talladores de estribos. Linares y Curicó es tierra de talladores de esa técnica. Julio Hermosilla, en nuestra ciudad, vivió en calle Purén Nº 110 (falleció el 14 de junio de 1967 en Chillán). Fue ampliamente conocido por su hermoso trabajo. Baltazar Hernández consigna en su libro “Las artes populares de Ñuble”, que no usó nunca torno, sólo azuela, gubia, cuchillo y que cuando le comenzó a fallar la vista y no pudo seguir tallando, decía, “ya no puedo gozar de estas maderas”. Julio Hermosilla hizo un gran aporte a este arte de confeccionar y tallar estribos. Y hubo otros, como Juan Eduardo Méndez, que exhibieron sus estribos en la Exposición Americana de Artes Populares (1943). Era de San Ignacio. Hubo también talladores  de estribos en Coihueco. En Chillán en la calle Colón Nº 54 vivió Jorge Castro, quien más tarde se trasladó a la Población Rosita O`Higgins. Sus hijos se dedicaron más tarde a la talla de estribos en miniatura para confeccionar llaveros.

TEJIDO EN PAJA DE TRIGO DE LIUCURA
En la comuna de Quillón, hacia Cerro Negro, entre los cerros costinos, está Liucura. Allí, en medio de la crianza de los hijos, el trabajo de la casa, la huerta y mil cosas más, mujeres de familias del sector se han dedicado por mucho tiempo a la cestería en paja de trigo, la que tinturan en fuertes colores, siendo sus preferidos el verde, morado y rojo fucsia. Es una artesanía totalmente manual, que al mirarla trae una reminiscencia de artes similares, especialmente en su colorido y diseño de piezas de Oriente.
Es un trabajo fino, más bien ornamental que utilitario, salvo las piezas como canastillos para guardar hilos y lanas. Algunos de los canastillos que estas artesanas confeccionan semejan faroles chinos. Es una artesanía que a nuestro juicio está en peligro de desaparecer, el año 2007 había unas 12 mujeres, de todas las edades trabajando en paja de trigo tinturada. Nos expresaron las dificultades de comercializar sus productos que les afecta. Viven muy a trasmano entre los cerros y con dificultad bajan a centros más poblados. Por lo mismo es muy poco frecuente verlas en exposiciones mostrando su hermoso trabajo.  Son parte importante de nuestra identidad y memoria colectiva.

Plazuela del Mercado: donde converge la rica artesanía de Ñuble
El Mercado con su Plazuela y su Feria Libre constituyen sin duda alguna el corazón palpitante de Chillán. Espacio de encuentro de la familia chillaneja que se provee a diario en él de frutas, verduras, legumbres, carnes, etc. El Mercado de Chillán en un Monumento Nacional Vivo que es necesario resguardar, que no se desdibuje, no se deje tentar por modernidades que equivocadas en su orientación, podrían dañarlo irremediablemente.
Es una acuarela vibrante de colores y motivo de inspiración para pintores, poetas, escritores y músicos. Ha cambiado sin duda si lo comparamos con el mercado que atrapó en imágenes y dibujos a la pluma el gran Carlos Dorlhiac, don Gumercindo Oyarzo con sus apuntes de la década de 20. Pero sigue manteniendo palpitante su esencia, sus callejuelas cuajadas de las más diversas artesanías de Ñuble y otros lugares, los mejores frutos del país, cocinerías, flores de la estación, longanizas, arrollados de huaso (con soga) y su gente, que es su mayor riqueza.
Cuando se habla de artes populares y artesanías de Ñuble, el mercado no puede estar ausente, porque a él ha convergido siempre lo mejor de estas manifestaciones de nuestra tierra, huasa por excelencia.

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