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Demanda de cadenas nacionales eleva precios de arriendo a cifras inéditas

De la mano del retail y los salones de juego, la demanda ha vuelto a presionar los valores de las propiedades. Enfrentados a la opción de continuar con sus negocios o ceder sus locales, la última opción resulta más rentable.

 

Para Antonio Sabat, miembro de una tradicional familia de comerciantes de Chillán, la decisión fue difícil, pero finalmente accedió a una irresistible oferta: arrendar el local que su padre abrió en 1980 con el nombre de Sherezada, en calle El Roble, y del cual es dueño desde 1989.
“Es un contrato a ocho años plazo a un muy buen precio”, explicó el dueño de la tienda de vestuario, para quien resulta muchos más rentable recibir el monto del arriendo que continuar con la administración del local. “No es que me vaya mal, al contrario, el negocio es muy bueno, pero el monto del arriendo es superior a mis ganancias”, puntualizó.
En su caso, una cadena de zapaterías (Mininas) se instalará en su recinto en los próximos meses, lo que constituye una muestra de un fenómeno que está afectando a Chillán hace un par de décadas y que es el resultado de la paulatina llegada de tiendas nacionales a la ciudad, las que han presionado al alza el valor de las propiedades, pagando precios altísimos, que a juicio de la corredora de propiedades, Soledad Tohá, son exagerados para la realidad de Chillán.
“En algunos casos se pagan 5 a 6 millones de pesos mensuales por contratos a largo plazo, lo que si bien es una cifra pequeña para una empresa del retail, es alta para la realidad local, y finalmente ocurre que los comerciantes chillanejos terminan cediendo a las ofertas”, sostuvo Tohá.
En las últimas dos décadas, numerosos empresarios locales prefirieron recibir un monto fijo por el arriendo de sus históricos locales a continuar administrando sus negocios.
Fue el caso de la familia Díaz, que prefirió cerrar la Ferretería San Pedro, en 5 de Abril, frente al Mercado, y arrendar el local a la tienda Tricot.
También ocurrió con Julio Hojas, que cerró su tienda Blanco y Negro, en la esquina de El Roble con 5 de Abril, y la arrendó a una cadena de farmacias. Luego vendió la propiedad a la familia Andonie, que a su vez la vendió a Eliseo Casanova (dueño de Farmacia El León), quien mantiene el contrato de arriendo con Salcobrand.
En esa misma esquina se encuentra la Farmacia Ahumada, que paga arriendo a la familia Chejade, que antes tenía la tienda Siglo XX; y la farmacia Cruz Verde, que arrienda a la familia Tellería el antiguo espacio de la tienda Los Mundiales.
“En un principio, en la década de los noventa, las ventas comenzaron a bajar, por la llegada de las grandes tiendas, que ofrecían crédito a los clientes, y fueron sucumbiendo los locales más pequeños, entonces, cuando les ofrecían pagar un arriendo por sus locales, no lo pensaban dos veces”, recordó Alejandro Lama, presidente de la Cámara de Comercio de Chillán.
“En los años noventa, un televisor Panasonic estaba al mismo precio en la Casa Huepe (El Roble, actual Preunic) que en Falabella, sin embargo, en esta última se podía comprar hasta en 24 meses, mientras que en la Casa Huepe no daban más de tres meses de plazo”, argumentó Lama.
Luego del cierre de muchos locales y la instalación de las cadenas nacionales, sobrevino una estabilización de los precios, sin embargo, en los últimos años una nueva arremetida de demanda por arriendos se instaló en el centro de Chillán, especialmente en las calles Arauco, El Roble, 5 de Abril e Isabel Riquelme.
De la mano del retail y de los salones de juegos de azar, esta demanda ha vuelto a presionar los precios al alza, aunque esta vez, los locales comerciales chillanejos gozan de mejor salud y no todos han sucumbido a las atractivas ofertas.
A Sherezada se sumó recientemente Lavasecos Marcela, de Rosa Rabí, ubicado en la esquina de Arauco con El Roble, donde se instalará uno de los negocios más lucrativos del momento en la ciudad: las salas de juegos.
 Y anteriormente lo hizo la Distribuidora de bebidas alcohólicas Chandía, en la esquina de Isabel Riquelme con El Roble, cuyo espacio cedió en arriendo la familia Chandía a Parque Arauco, que concretará la extensión del Mall Plaza El Roble y cuyas obras comenzaron en julio.

¿Por qué arrendar?
Frente a este fenómeno, surge la pregunta: ¿por qué una empresa grande como Ripley, Unimarc, La Polar o Parque Arauco prefiere arrendar un espacio a comprarlo directamente?
Según Soledad Tohá, son razones contables de las empresas las que determinan que el proceso se dé de esa forma. A estas empresas no les interesa sumar activos inmobiliarios, su negocio es el crédito. “No invierten en las ciudades, invierten en infraestructura para llevar adelante su negocio”.
Asimismo, Lama precisa que es muy común que estas empresas tengan una división inmobiliaria que es la que administra el tema de los arriendos, tal como ocurre con las universidades privadas.
De igual forma, Lama advierte que los valores que pagan por los arriendos en provincias son mucho más bajos que en Santiago.
Sin embargo, en el caso de Chillán, planteó Tohá, los valores están notoriamente abultados. “No son valores a los que está acostumbrado el mercado local, y si se quiere comparar con otras ciudades similares, como Talca o Los Ángeles, los precios que se están pagando en Chillán son mucho más elevados”.
de comerciante a rentista
Por el lado de los propietarios chillanejos, la razón resulta más obvia: “son familias tradicionales de Chillán, dedicadas al comercio, para las que resulta más rentable y seguro recibir un monto determinado cada mes, sin necesidad de preocuparse por tratar con proveedores, pagar sueldos y cotizaciones, los numerosos costos fijos, patentes y la presión por la competencia de las grandes tiendas”, manifestó Lama.
Se trata de contratos a largo plazo, a 8 años en el caso de Sherezada, a 15 años en el caso de La Polar (ex Ferretería Dimac) o a 30 años en el caso de la Casa Rabié (hoy Unimarc) e incluso más, donde se establece que al término de éste, las mejoras realizadas en el inmueble, como la construcción de un edificio, por ejemplo, serán de beneficio del propietario.
Es el caso de la familia Rueda, que arrendó el espacio que ocupaba la desaparecida Ferretería Colón, en la esquina de El Roble con 5 de Abril, a la multitienda Ripley, la que construyó una tienda de gran tamaño para la escala chillaneja.

Deterioro del centro
Para Soledad Tohá, este fenómeno, si bien tiene aspectos positivos, como la generación de una mayor oferta de bienes y servicios para los chillanejos, así como la oportunidad de acceder a facilidades de pago y precios competitivos, implica también la generación de varias consecuencias negativas para la ciudad y su comercio.
“Está bien que lleguen más tiendas y que la gente tenga más opciones, pero como consecuencia de ello se ha perdido el tradicional comercio chillanejo, que era muy particular, con una atención personalizada, un ambiente familiar y vitrinas atractivas. En vez de eso, hoy tenemos moles de cemento que van deteriorando el centro de la ciudad, vitrinas empavonadas (cubiertas) y salas de juegos de azar que no contribuyen a darle mayor atractivo al centro, el Paseo Arauco está desaprovechado y deprimido, y la vida del ‘downtown’ se ha ido reemplazando por la vida al interior del mall”, fustigó Tohá.
La empresaria lamentó que el Paseo Arauco no se utilice adecuadamente, con cafeterías y boutiques, y en cambio, se observen los salones de juegos o casinos populares que proliferan sin una regulación adecuada.
“En el centro no hay regulación de ningún tipo, el mercado opera libremente, pero a la luz de los resultados, no opera en beneficio de la ciudad. ¡Chillán no necesita tres farmacias en una misma esquina! Mientras tanto, hay sectores de la ciudad donde no hay farmacias”, añadió la corredora.
De la misma opinión es Alejandro Lama. El dirigente gremial apuntó sus dardos a los salones de juego, que aseguró, se aprovechan de un vacío legal para quitarle su dinero a la gente.
“A mí me preocupa lo que va a ocurrir cuando se dicte una norma efectiva que regule el funcionamiento de estos locales, y que deban cerrar; vamos a tener muchos locales desocupados en el centro de Chillán debido a eso. Yo me pregunto qué va a pasar con esos propietarios”, advirtió Lama. Es el caso de la familia Sívori, que es dueña del espacio que ocupa el salón Black Queen Coffee, ubicado en el Paseo Arauco, y que antes era la boutique Menta.
Es posible que Chillán esté viviendo un fenómeno inmobiliario que denominan “burbuja”, cuyo riesgo radica en que puede estallar, pero que también acarrea otras consecuencias, como la muerte del comercio local y el deterioro urbano del centro, hecho que se puede observar en un breve recorrido por las calles mencionadas.
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