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Jeannette Oviedo Lema habla de la muerte de su madre Nancy, y de su tía Eliana, en el tsunami que el 2010 arrasó con Dichato

La mañana del 27 de febrero del 2010, la chillaneja Jeannette Oviedo Lema (22) estaba buscando un cajero automático en Puerto Montt junto a una amiga con la que estaba pasando los últimos días de vacaciones. La idea era viajar a Santiago durante el día para retomar las obligaciones propias de marzo, entre las que se encontraban, para la joven, terminar su proyecto de título de Diseñadora en Comunicación Visual en la capital.
Jeannette recuerda que no se sentía tranquila y atribuyó su estado al pequeño temblor que había percibido esa madrugada.
“De pronto pasamos por el lado de un radiotaxi que estaba con su radio prendida. Ahí escuchamos sobre el terremoto y el tsunami. El mundo ya era otro. Traté de llamar a mi familia, pero no podía comunicarme con nadie. Allá se cortó la luz y había locales cerrados. También, mucha gente tratando de llamar. Con la primera persona que hablé fue con mi hermana Karina que estaba en Santiago. Yo le di el teléfono de mi amiga porque el mío no funcionaba. De pronto me llama de vuelta y sólo gritaba y lloraba. Mi cuñado tomó el teléfono y me dijo que al parecer, mi madre Nancy y mi tía Eliana, estaban muertas”, recuerda.
De inmediato comenzó a intentar viajar hasta Osorno desde donde saldría durante el día un pariente con destino a Chillán. “Llegamos al otro día. Mi papá y mi tío seguían en Dichato, en un albergue. Mi papá ni se quiso mover hasta no traer los cuerpos. Estaban sin alimentos, sin agua, sin nada y solos. Llegaron el domingo en la noche y todavía no teníamos noticias de mi hermana Giselle y su familia que también estaban en Dichato. Felizmente aparecieron y estaban bien”, rememora.
Para Jeannette la presencia de sus padres en Dichato también fue una sorpresa. Ellos habían estado en un matrimonio en Temuco y decidieron pasar al balneario por unos días porque adoraban estar allá y cada vez que podían, lo visitaban. El matrimonio de Jaime Oviedo y Nancy Lema llevaba casi 40 años y había forjado una vida en Chillán hasta 1991, cuando decidieron trasladarse a Santiago a vivir junto a sus tres hijas.
Nancy (57) y su hermana Eliana fueron dos de las 156 víctimas fatales que dejó a su paso el tsunami originado por el terremoto 8.8 que azotó a gran parte del país esa fatal madrugada. Ella, su familia y la de las otras tres víctimas chillanejas hoy buscan no sólo justicia, sino que también recobrar la paz.
Por eso la formalización de ocho autoridades de gobierno que terminó esta semana, acusadas por la Fiscalía de graves omisiones en relación a dar una alerta de tsunami a las costas chilenas, es una instancia clave para lograr cerrar lo vivido.  Por eso asistió y vio a la ex directora de la Onemi Carmen Fernández, al ex subsecretario de Interior Patricio Rosende, y a los encargados del Shoa, sentados frente al juez. Por eso se impactó cuando vio a Carmen Fernández en el baño del tribunal, frente a frente... pero prefirió callar.
-Jeannette, has estado presente en algunas audiencias....
-Yo fui con mi hermana Karina una mañana entera. Había un ambiente muy frío. Los familiares estábamos en otra sala y creo que la forma de proceder ha sido muy estructurada. Me imagino que es el protocolo judicial. En algún momento tuvimos la oportunidad de conversar con los medios y expresamos lo que sentimos. Que era muy frío todo y cómo  ellos (los imputados) estaban tomando el proceso y asumiendo sus responsabilidades.
-¿Sentiste que para los formalizados esto era un trámite más?
-Claro. Casi como anécdota, fuimos al baño y nos encontramos con Carmen Fernández. Los medios nos preguntaron sin nos dieron ganas de hacer algo cuando la vimos. Me dieron ganas que me mirara, que se hubiese dado un segundo y que sintiera que existen seres en este caso. Que hubiese habido un segundo de conexión de miradas, pero la frialdad siguió. Fue chocante.
-¿Qué persiguen como familia a través de este proceso?
-Lamentablemente, ya está dicho, les dieron sólo arraigo. No pueden salir del país, pero para ellos es como quitarles un dulce. No pueden ir a pasear. Es como algo cotidiano para ellos. Lo primero que tenemos en mente no es venganza, ni cárcel. Lo que esperamos como familiares de las víctimas es que esto sea un poco más humano. Que alguien se acerque y nos diga: “lo siento”. Han dicho que esto es un error y que un error no es delito, por qué entonces no acercarse y estar conscientes de nuestro dolor. Vimos el caso de la señora de San Antonio. Su hijo no podrá celebrar el Día de la Madre este año, al igual que el año pasado. La Carmen Fernández sí podrá estar con su familia y seguramente brindando porque pasaron un obstáculo protocolar más.
-¿Han podido compartir experiencias con otros familiares?
-Cuando fuimos, pensé en que deberíamos unirnos por la causa porque estamos todos sintiendo dolor. Pero de pronto, nos dimos cuenta que en la sala había familia de los imputados. Esas personas estaban pendientes de nosotros, de lo que decíamos a los medios. No ha existido mucha cercanía entre los familiares de las víctimas. Cada uno está asumiendo su pena en forma personal.
-¿Cárcel para esas autoridades formalizadas es una forma de aplacar este dolor?
-No sé si puedo hablar por todas las familias. La mía, compuesta por mis hermanas y mi papá, pensó, en una primera instancia, en la cárcel. Pero eso no remedia mucho, es como una venganza humana, y no se condice con el proceder que siempre tuvo mi mamá. Ella era más humana, quizá por eso no está acá hoy día. Nosotros estamos enfocados en un proceso de aceptación, de dejar partir, de recordarla y de tratar de vivir en paz. Yo vivía con mis dos papás, ahora vivo sola. Bastaría el arrepentimiento, una cercanía con las familias de modo de remediar este daño.
-¿Qué crees que fue lo que pasó esa madrugada del 27 de febrero del 2010 en la Onemi?
-Yo creo que el ego traspasó los límites. Pensaron: “cómo me va a mandar alguien que no es chileno, que no es autoridad”. Creo que hasta hubo discriminación. Nadie se atrevió a asumir su cargo. Les dio miedo mandar a la gente a los cerros. Todos se tiran la pelota, se descalifican entre ellos.
-¿Qué crees que vendrá de ahora en adelante?
-Esto es un paréntesis. Lamentablemente el dolor de nosotros está inconcluso. No está cerrada la herida. Esta semana fue agotadora, porque mientras trabajábamos e intentábamos llevar una vida normal, minuto a minuto nos acordábamos de lo que estaba pasando. Seguíamos las noticias en Internet y a partir de hoy, haremos un paréntesis porque serán ocho meses de espera. Queremos recargar pilas emocionalmente porque este sentimiento de pérdida es terrible. Tenemos la angustia de no saber cómo fue la muerte de mi mamá, si murió ahogada, si fue de un golpe con algo o si simplemente se asustó.
-¿Cómo fue esa madrugada?
-Según cuentan los sobrevivientes, que son mi padre, mi tío y mi primo, todos subieron al cerro sin problemas. Escucharon la radio, cuando las autoridades dijeron que no había peligro de tsunami. Eran autoridades, por lo tanto, todos creyeron así es que bajaron y los hombres le pidieron a mi madre y mi tía Eliana que se quedaran en el auto. Ellos entraron en la cabaña a buscar abrigo. Mi papá recuerda que mientras buscaba las cosas en la cabaña, mi tío le gritó que venía el agua. Él fue al auto y sólo vio a mi tía Eliana dentro, le preguntó por Nancy (mi mamá) y el agua comenzó a subir. Mi tía entró en pánico y no podía salir. Mi papá alcanzó a bajar el vidrio, pero el agua ya iba en la altura de la boca de mi padre. Él recuerda que mi tía en ese momento se entregó porque hizo un gesto. Mi papá se sumergió y salió por la ventana del auto. Cuando salió del agua estaba arriba de una casa. Mi tío estaba en un árbol y mi primo sobre un tambor. Cuando el agua bajó, mi tía Eliana estaba ahogada. Intentaron hacerle respiración boca a boca, pero no reaccionaba. Todos se llamaban, pero mi mamá no aparecía. Entraron a la cabaña y de pronto vieron a un perro gimiendo sobre muchas colchonetas, camas y basura. Ahí recién se dieron cuenta que había dos piernas colgando. El agua la arrastró hacia ese lugar. Ahí estaba mi mamá.
-¿Por qué salió del auto?
-Entró a la cabaña y con la rapidez nadie se dio cuenta. Ella quiso ayudar y en ese momento la alcanzó el impacto del agua. Nosotros pensamos que la fuerza la arrastró porque es imposible que terminara entre medio de todas esas cosas, de esos escombros.
-¿Cómo era Nancy?
-Me dio mucha fuerza recibir llamadas de gente que yo nunca conocí. Una persona de Coyhaique me llamó para darme el pésame y decirme que había conocido a mi madre porque ella cuidó a la mamá de él. Mi mamá y mi tía cuidaban enfermos en el Hospital Militar. Esta persona me dijo que ella había cuidado con gran cariño a su mamá. Me di cuenta que ella sembró muchas cosas lindas, dio mucho amor. Otra señora me llamó para contarme que la conoció una noche y que le había regalado un tazón. Era limpia, muy sencilla, honesta, transparente.
-¿Qué sientes luego de todo esto?
Represento el sentir de mis hermanas y mi padre, él está con tratamiento psicológico. Yo también. El cambio no fue sólo la muerte de mi mamá, porque también perdí a mi familia; era algo piramidal. Nosotros queremos ver arrepentimiento, una demostración de humanidad, creo que canalizar todo este proceso de manera positiva, no sólo que paguen, el dolor va a estar, la muerte ya existe, es algo tangible. Lo intangible es la falta de consideración de parte de los imputados porque se han comportado de forma muy fría.

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