No tengo nada en contra de las pancito de huevo, que hablan suavecito y están pintadas para almuerzo familiar. Es más, a ésas yo las admiro y hasta me caen bien, porque son consecuentes, de una lÃnea. Pero las que se las dan de mosquita muerta y son más hábiles que la misma Kenita, ésas son de temer.
Por lo general, se dicen incapacitadas para todo lo que sea “trabajo de hombres†y piden ayuda hasta para abrir una bebida. Siempre les duele algo –casi siempre, la guatita-, no se meten a la piscina “porque está muy helada†y usan Facebook como cebo: “solita en casa†o “enfermitaâ€, son las frases más comunes.
Con su actitud, convencen a cualquiera. Son tiernuchas, caen bien, ayudan en todo, no se llevan mal con nadie, le interesan todos los temas, en fin, son aparentemente perfectas. Pero me van a disculpar, yo no les compro esa inocencia de dos chauchas. Estas cabras son peligrosas y saben bien cómo disfrazar sus intenciones.
No creo que con todas estas señales, la gata se atreva a abordar a su hombre, no –ésas califican en otro grupo- El tema aquà es otro: su actitud. Como que no quiere la cosa, se acercan lo suficiente para estupidizar al wacho, pero no tanto como para hacerlo caer. Ellas juegan sutilmente y, de paso, legitiman sus dotes de hembra.
Sólo de ese jugueteo tenemos que cuidarnos, queridas. Les recuerdo que la prohibición atrae el deseo, cosa que a los cabros les encanta y las gatas saben cómo utilizarlo a su favor. Puedo parecer enrollada o qué sé yo, pero de éstas está lleno y alguien tiene que ponerlas en su lugar.
En un grupo grande de amigos, pueden pasar inadvertidas. Pero a las que somos más agujonas no nos vienen con cuentos y las identificamos al tiro. Asà es que, piénselo dos veces antes de pisar terreno prohibido, gatita. Si le gusta jugar sucio, para la próxima no seré polÃticamente correcta.