Martes, 24 Julio 2012 17:23

Inocencia de dos chauchas

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Me gusta solidarizar con las mujeres, pero no soy incondicional a todo. A mis jóvenes 21 años, he compartido con distintos tipos de ellas y hay un grupo en especial con el que no puedo tranzar. Yo las defino como “gatas”. Póngame atención, las detesto.

No tengo nada en contra de las pancito de huevo, que hablan suavecito y están pintadas para almuerzo familiar. Es más, a ésas yo las admiro y hasta me caen bien, porque son consecuentes, de una línea. Pero las que se las dan de mosquita muerta y son más hábiles que la misma Kenita, ésas son de temer.

Por lo general, se dicen incapacitadas para todo lo que sea “trabajo de hombres” y piden ayuda hasta para abrir una bebida. Siempre les duele algo –casi siempre, la guatita-, no se meten a la piscina “porque está muy helada” y usan Facebook como cebo: “solita en casa” o “enfermita”, son las frases más comunes.

Con su actitud, convencen a cualquiera. Son tiernuchas, caen bien, ayudan en todo, no se llevan mal con nadie, le interesan todos los temas, en fin, son aparentemente perfectas. Pero me van a disculpar, yo no les compro esa inocencia de dos chauchas. Estas cabras son peligrosas y saben bien cómo disfrazar sus intenciones.

No creo que con todas estas señales, la gata se atreva a abordar a su hombre, no –ésas califican en otro grupo- El tema aquí es otro: su actitud. Como que no quiere la cosa, se acercan lo suficiente para estupidizar al wacho, pero no tanto como para hacerlo caer. Ellas juegan sutilmente y, de paso, legitiman sus dotes de hembra.

Sólo de ese jugueteo tenemos que cuidarnos, queridas. Les recuerdo que la prohibición atrae el deseo, cosa que a los cabros les encanta y las gatas saben cómo utilizarlo a su favor. Puedo parecer enrollada o qué sé yo, pero de éstas está lleno y alguien tiene que ponerlas en su lugar.

En un grupo grande de amigos, pueden pasar inadvertidas. Pero a las que somos más agujonas no nos vienen con cuentos y las identificamos al tiro. Así es que, piénselo dos veces antes de pisar terreno prohibido, gatita. Si le gusta jugar sucio, para la próxima no seré políticamente correcta.

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Josefa Bustos

Estudiante de Periodismo de la Universidad del Desarollo. Patiperra por naturaleza y aspirante a escritora.No pelolais y de risa fácil. Adicta a la música –sobre todo kitsch- y los Marlboro.

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4 comentarios

  • Enlace al Comentario Dejavu Miércoles, 25 Julio 2012 08:56 publicado por Dejavu

    Me gusto mas el articulo anterior, el nuevo parece sacado de faqwomen.org pero sin la chispa del original.

  • Enlace al Comentario Cristian Miércoles, 25 Julio 2012 08:23 publicado por Cristian

    las mujeres buenas terminan en el cielo... las malas, donde ellas quieran...

    (y las calientes no terminan nunca)


    Eso era un grafiti que lei en una muralla por ahi por la calle Constitucion... la ultima frase es aporte mio ja!

  • Enlace al Comentario Kenya Miércoles, 25 Julio 2012 07:32 publicado por Kenya

    ¡Uy, cuidado con esas!!! es cierto, a nuestros wachos les encantan, es en esos casos cuando sacan sus dotes de macho protector y hasta una es mala con la pobre niña indefensa.

  • Enlace al Comentario Javi San Martín Martes, 24 Julio 2012 22:11 publicado por Javi San Martín

    jajajaja Jose! eres buenísima. Por lo que he leído tuyo, pensamos practicamente igual jajaja Estas "niñas" son las peores! con las que hay que tener aún más cuidado que las mismas... "sueltecitas de casco" jajaja
    Muchos cariños! y felicidades por todo esto :)

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