Pero, señores, para todo existe un lÃmite y ¡grábeselo bien en la retina! Si hay algo que de verdad me pudre son esos viejos ganosos que andan por ahÃ, evidenciando la calentura que le brota por los poros. Ésos que aprovechan cualquier situación para saciar sus impulsos sexuales o el ocio.
Muestras de este tipo de abusos se ven a diario y, en lo personal, he tenido varias experiencias con estos especÃmenes. El roce en la micro es un clásico ¡Cómo no, si “va llena”! O la frasecita con voz aguardentosa lo más cerca posible, cosa de sentir hasta el aliento de los viejos cerdos.
¡Pero vaya usted a decirles algo! Los muy patudos se molestan. Ésta sà que está buena: resulta que ahora tengo que aguantar que el prÃncipe se frote contra mà y con la cara llena de risa. ¿Dónde la vio su viejo barsa?
Sucede que llega un minuto en la vida de estos seres, donde el tedio los consume y acosar a las “muchachas” (léase con voz de bronquitis crónica) se transforma en un pasatiempo cotidiano. Mira viejo pasao a sopaipilla con pebre y a calzoncillo largo de hace 10 años, léeme con atención: no vamos a ser nosotras las que legitimemos tu cochiná y desesperación por ver un pedacito de carne después de tanto tiempo. Tampoco nos interesa si quieres poner a prueba tus dotes de macho.
Que le quede claro, anciano irrespetuoso, además de sus rayás de pintura –si no, abollones- en la micro, no vamos a aguantar que su mirada lasciva nos limite en nada. Me visto para mà y no para ser su perrita choca del momento y mejorarle el paisaje. Tengo todo el derecho a ponerme la polerita ajustada, el escote pronunciado, la falda cortita, si se me da la gana, y a no temer que su estupidez me achaque el dÃa y me hagan sentir como “la nena del caserÃo”.
Sinceramente, dan ganas de cachetearlos. Lo lamento por las que son más pollas y se quedan calladas. En mi caso –como es esperable- los tapo a chuchás (perdóname, MarÃa). Pero es que estos abusos se han tornado recurrentes y son pocas las mujeres que nos atrevemos a evidenciarlo y parar el carro. Para la próxima –ya lo he planteado en otros artÃculos- sáquese el disfraz de señorita y hágase respetar.
Si usted, noble señor, tiene asuntos pendientes con el sexo… la colegiala, la oficinista, la señora de la micro, la mujer que sea, no tiene ninguna culpa. Si quiere, le recomiendo que se compre un melón y se invente un jueguito erótico…a nosotras nos deja en paz, ¿estamos?