Ayer conversé con un amigo que no veía hace tiempo. Me contó que había retomado conversaciones con su ex, aunque en la pará de “amigos” (raro, aunque no imposible). El punto es que ahora la wacha tiene su wacho y anda feliz por la vida, ahí mi desconfianza.
Le pedí que me hablara de ella. Aunque no duraron mucho juntos, dijo que era de esas ex que pesan en la conciencia. La cabra era buena gente, bien portá, alegre, estudiosa, etc., ¡las tenía todas!, pero por inseguridades (ahora sin importancia), la dejó partir. Acto seguido, me contó que la invitó a salir y ella aceptó. Confieso que la declaración dio vueltas en mi cabeza todo el día.
A ver, mi wacho, vamos aclarando. La cosa no es ni será cuando usted quiera.
¡No, si basta con que una ande de maravillas, para que la cosa se ponga turbia! ¿Será que tener pareja nos otorga un sex appeal diferente? ¿O que la mujer casada sabe más buena? No tengo idea, pero si algo tengo claro después de esta conversación es que los hombres tienen un radar incorporado. Éste les avisa cuando la vida nos sonríe, para venir a achacar el momento y ponernos a prueba.
Es “cuando el diablo mete la cola”, como diría mi sabia madre. En serio, es como mágico. Aparecen todos de una sentá y ni se va a dar cuenta cuando empiece a recibir sorpresivas solicitudes en Facebook, mensajitos de texto, llamadas por error, etc. Como que no quiere la cosa, el macho tantea el terreno, identifica a su presa y ataca.
Lamentablemente para nosotras, existe otra verdad. El tiempo no pasa en vano y, casi siempre, el ex está más rico que cuando lo dejamos de ver. Además sabe, evidentemente, qué nos gusta y cómo hacernos sentir bien. Y, finalmente, sigue teniendo las mismas estupideces de las que nos enganchamos y todavía nos gustan. Seamos claras, en el momento ése en que retomamos el pasado poco importa el porqué terminamos.
Ahora, porque sé que la carne es débil, le pido que vaya con cuidado. Si siente que no cerró el ciclo, quedaron cosas pendientes, lo sigue encontrando rico, sabe que da buenos besos, etc., déjese de tonteras y no pierda el norte. Si no va a poder contra la tentación, evítela. Demás está decirle que ponerse a revisar fotos y escuchar canciones de épocas pasadas, tampoco ayuda mucho.
Manténgase firme, ponga cara de póquer y repítase mil veces: “ya no es tiempo de remembers”. Así no más.
Gracias al flaquito, la ex wacha de mi amigo supo hacerla y sentenció en un mensaje de texto: “Mejor, dejémoslo para otro día”. Y porque sabemos que ese día nunca llegará… ¡1-0 ganan las mujeres! (si parece que se escuchaba a la lucerito cantando “Ya no, lo siento, tu hora paso”).