Recordamos de manera especial a los fundadores de la Patria que, con su ejemplo, nos recuerdan que la libertad, la nacionalidad, la ciudadanía, solamente se vive en plenitud cuando Dios es el Señor de nuestra historia patria, y única fuente de auténtica felicidad.
La celebración de nuestra Independencia Nacional es una oportunidad para renovar nuestra decisión de unirnos a todos los que trabajan para superar la pobreza y mejorar la distribución de las riquezas, para alcanzar la justicia social que no termina de instalarse en nuestra Patria. Abrir el corazón en solidaridad es enfrentar el desafío de acortar distancias y buscar un desarrollo justo y estable para todos.
Por otra parte, no debemos olvidar que alcanzar el sueño de un Chile más justo no será posible sin una profunda convicción de que somos seres espirituales, que maduran y crecen en la medida que se donan a diario en espíritu de servicio y deseos de justicia social, expresado no tanto en ideas, en peligro de dejarse instrumentalizar por ideologías destructivas, sino que en acciones concretas del diario vivir.
La cruda realidad a la vista de todos, y cada día en las noticias, nos presenta el doloroso balance de la violencia física y verbal, que amenaza la estabilidad institucional de nuestra nación. La carencia de una apropiada educación cívica ha instalado la falta de respeto, a todo nivel, entre los que antaño procurábamos vivir en armonía, en medio de nuestras diferencias, evitando todo lo que destruye el alma de la patria con el odio y las rencillas destructivas. Este nuevo aniversario patrio es una nueva invitación a no doblegarnos con resignación a la violencia que está hiriendo y dividiendo a nuestra sociedad.
Más allá de las palabras, es necesario que el respeto por la vida, los derechos humanos y la dignidad de los demás, se vean reflejados en nuestras relaciones interpersonales, en primer lugar a nivel familiar, pero también en los colegios, universidades, barrios y, de una forma especial, en el campo político.
Acercándonos a un período de elecciones municipales, unamos nuestros corazones para pedir la gracia de recorrer juntos los caminos del encuentro, el diálogo, y del servicio desinteresado a Chile. Vivamos este período sin olvidar la nobleza de la vocación política, como un regalo de Dios para la comunidad, procurando el respeto mutuo, evitando la descalificación, y favoreciendo con nuestro voto, más allá de la personalidad más o menos atractiva de los candidatos, los proyectos políticos que mejor representen los ideales de respeto a la vida humana, promoción del bien común, y que favorezcan a los más pobres y desvalidos.
Cuando en nuestras comunidades, como en todos los rincones de nuestro territorio nacional, florecen los más nobles sentimientos al celebrar un nuevo mes de la Patria, contribuyamos con todas nuestras fuerzas y acción al sueño de un Chile más solidario, justo y feliz.








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