En épocas en donde en donde un “pensamiento ecológico” está de moda y en donde, para las ciudades, se busca un buen equilibrio entre naturaleza y desarrollo, nuestra querida ciudad de Chillán parece haberse quedado en el pasado al haberse transformado en un paraíso mercantil para juegos de azar, contaminación y suburbio impopular y poco agradable.
Chillán, hace no muchos años, mostraba con mucho orgullo una ciudad apegada a su tierra, en donde su mercado techado y su feria artesanal hacían transitar turistas, en donde el paso obligado hacia las Termas era un plus de nuestra ciudad. Nuestras longanizas y ferias artesanales típicas eran conocidas a nivel nacional.
Al día de hoy Chillán y Chillán Viejo ya no saca partido a sus riquezas: personajes nacionales (O’Higgins, Arrau, etc.), lugares culturales (murales de Siqueiros, Templo de San Francisco, Carmelitas, etc.) quedan en el olvido. El centro de nuestra ciudad, el cual, seamos realistas, nunca fue tan bello, pero sí con mucha vida, hoy no es más que cuadras llenas de casinos en busca de jugadores que aún creen en la riqueza fácil y el vicio truncado. Es una urbe en donde el ambiente enrarecido de sus cuadras, se ve aún más gris bajo esas “nubes” de contaminación acústica y atmosférica, en donde la poca inoperancia de los políticos elegidos han hecho caer a nuestra ciudad en una de las anarquías vehiculares pocas veces vista. A esto sumemos la contaminación del ambiente en las noches de invierno, en donde la garganta se seca y los ojos se ponen llorosos y el respirar se hace difícil.
Chillán, en lugar de modernizarse, sacarle partido a su provincia y a sus lugares turísticos, no ha hecho más que deteriorarse. Claro está, algunos políticos dirán que pavimentaron calles y “trajeron la modernidad a la ciudad”; otros argumentarán que embellecieron las señaléticas o que el teatro municipal por fin alzará el telón. Lo cierto es que lo mínimo que se le piden a nuestros elegidos es un poco de progreso, pero el de verdad.
Le propongo haga un experimento: créase el cuento de ser brasileño, gringo o europeo y vaya a la estación de trenes de Chillán y busque una agencia de turismo. Si la encuentra, pregunte por un “tour en Chillán” y pregunte qué puede visitar. El turismo, bien utilizado, genera no sólo empleo, sino que utilidades, progreso y publicidad. Nos quejamos que no hay trabajo en nuestras comunas, que es muy difícil “ir a buscar dineros” porqué todo se lo llevan las comunas grandes, sin embargo, con un poco de voluntad, ingenio y organización, Chillán y Chillán Viejo pueden sacarle partido a sus riquezas y creer realmente en un progreso “verde”, duradero y moderno.








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