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Domingo, 04 Diciembre 2011 15:38

Una historiadora en medio de la soledad institucional

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Aquel día que Gisela Silva Encina, (sobrina por partida doble de Raúl Silva Henríquez y Francisco Encina), terminaba de escribir su último libro, (le conocemos una docena a lo menos), referido a la historia de los Krassnoff en Rusia y en Chile, sumando en sus páginas la historia judicial en contra de uno de sus integrantes, el oficial del Ejército de Chile, brigadier Miguel Krassnoff, nunca imaginó que la doctrina del odio, surgida en tiempos modernos de la mano del “Che” Guevara, iba a estar presente en la entrega oficial de dicha publicación.

¿Por qué a Gisela le iría  preocupar un acto como éste, repetido cien veces durante el año en nuestro país, como en el mundo libre? La libertad, aquel fundamento esencial de la vida, surgida de lo más profundo de la razón, adquiere en el arte, literatura y otras manifestaciones, expresiones reales, concretas. Es decir, no hay segundas imágenes, ni menos, escondidos argumentos. Es simplemente eso, la libertad en toda su manifestación.

El problema de Gisela Silva Encina es que termina su trabajo literario en medio de una sociedad intolerante en extremo, pletórica de odios, en que los fundamentos de la justicia y la razón, por una parte y el acto político, por el otro, se han transformado en “funas” o hechos delictuales que pretenden eliminar las libertades identificatorias de la Nación. “El odio, es el arma de la revolución, el odio es más fuerte que un carro de asalto, que una unidad militar completa, el odio en manos de un revolucionario, lo hace fuerte, invencible, divide la sociedad y por ese quiebre ingresa la dictadura del proletariado”, escribía el “Che” Guevara desde la selva de Ñancahuazú en una carta enviada a la Internacional Socialista que se reunía en Budapest, aquel año de 1963. Por ello se comprendió el acuerdo del Partido Socialista de 1968, en que destacaba “el uso de las armas para alcanzar el poder” como un acto legítimo. Por ello también Chile fue destruido en los años que siguieron.

Efectivamente, el “Che” tenía razón, el odio era (y es), un arma violenta, destructora; hace a quienes lo practican, intolerantes, antisistémicos, violentos.

Y esto fue lo que vimos por los medios de prensa en aquel acto en que una mujer de estructura física débil, anciana, presentaba, en mérito de la libertad, un trabajo de investigación literaria, oponiéndosele a ella, medio millar de odiosos que lanzaban piedras, vociferaban en su contra, de su libro, de su libertad. ¿Habrá otro lugar en el mundo en que 500 personas lleguen a un lugar para intentar destruir a una anciana de 80 o más años? ¿No es un acto cobarde? ¿Por qué los directivos UDI, que han expresado su defensa a la libertad, en este caso, se lo niegan a una anciana y de paso comprometen al Presidente que retira su confianza a una secretaria que sólo respondió una invitación?

Las opiniones que se tengan del brigadier Krassnoff, en este caso, son absolutamente marginales a lo que es la libertad de expresión, de la cual hizo uso Gisela Silva Encina. Y esto es lo más delicado. En el futuro, quienes escriban algo que no sea del agrado de quienes le negaron a esta anciana su derecho a ser libre, afrontarán sin duda la soledad institucional, es decir, de quienes tienen que defender la libertad, partiendo por el propio Presidente. ¿Hay alguna duda?

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Mario Ríos Santander

Empresario agrícola, profesor de Filosofía, autor teatral y político chileno de Renovación Nacional. Senador del Partido Renovación Nacional por la 13ª Circunscripción Sur, Región del Bío Bío, por dos periodos consecutivos, entre 1990 y 2006. Diputado por la Decimonovena Subsecretario en el Ministerio Secretaría General de Gobierno, entre 1977 y 1979. Alcalde y regidor del Partido Nacional por Los Ángeles.

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