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Sábado, 22 Octubre 2011 20:49

“El Nelson Oyarzún: mito urbano”

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Resulta difícil explicar los mitos urbanos, máxime si está relacionado con el deporte, como es el caso del estadio chillanejo. Según la periodista Solange Domínguez, “era un habitante más de la ciudad, inmerso entre calles y avenidas.  Su figura se distinguía desde los diferentes puntos cardinales con sus enormes eucaliptus, altas graderías y las torres de iluminación, que como vigías silenciosos, acercaban cualquier camino”.

Así era el Estadio Nelson Oyarzún, viejo recinto de Avenida Aguirre Cerda, caído en el 2007 para dejar paso al coloso “Bicentenario”, inaugurado por la ex  Presidenta Michelle Bachelet. Sin embargo, el lente maravilloso de Víctor Orellana Navarrete, ha plasmado una obra que exuda recuerdos y emociones, destinada a perpetuar el mito. “Es el alma de un verdadero mito… que no conoce fin… sigue viviendo”. (Solange Domínguez).

El mito surge de una ecuación simbiótica desde 1916, con la creación del  Deportivo Liceo, antecesor del Ñublense arraigado en el alma popular citadina.  Otro componente es el Estadio, inaugurado por el Presidente Alessandri en 1935 (1er Centenario del Chillán Nuevo), construido en el “Arenal”, del Parque Schleyer,  entre huertas y arboledas.  La trilogía del mito se completa en 1978, con la llegada del joven y adelantado entrenador Nelson Oyarzún Arenas, formado en la disciplina alemana y destinado a revolucionar nuestro fútbol. 

Permaneció tan sólo 8 meses entre nosotros, penetrando en el alma colectiva urbana.  Su altiva estampa se fue carcomiendo por el cáncer asesino, cayendo abatido en septiembre de 1978.  Las emociones lograron perpetuar su nombre en el añoso recinto, percutando el mito urbano, que gracias a los mágicos artilugios fotográficos de Víctor Orellana, estará omnipresente.  Para Solange Domínguez, periodista, “lo que sigue es el mito y no se escribe en una historia, eso se vive en la memoria, para siempre”. Ingresa a la memoria urbana para pasar a formar parte de ella.

Nuestra perspectiva histórica de este mito, se observa desde el paradigma de la “historia cultural de lo social”, surgidas en Francia (historiados Roger (Chartier), en Inglaterra , historiador (Peter Burke) y en USA (antropólogo Clifford Geertz), los que han logrado capturar la “Alteridad” en  los rituales populares, los simbolismos de la vida cotidiana, el protagonismo del sujeto popular y la microhistoria. El fútbol, fenómeno social, calza en esta interpretación cultural, apasionando a multitudes e intelectuales.  El escritor uruguayo Mario Benedetti llamó a los estadios “el esqueleto de multitudes”. Es un fenómeno social del siglo XX, olvidado por los historiadores. Desde este nuevo enfoque historiográfico se abren para los estudios históricos culturales aspectos rutinarios de la cultura popular. Se trata de una historia social de las prácticas culturales, reivindicando su carácter  social, como expresiones de las propias realidades y fenómenos sociales a los que ligan. La cultura involucra a una serie de objetos (imágenes) y prácticas (oralidad, juegos).

En este contexto se insertan los deportes  masivos, como el fútbol, evidencia de una práctica cultural. Conmueve y comprueba la “ecuación, simbiótica”, el suicidio del hincha José Alejandro Urriola, envuelto en la bandera de Ñublense.

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Marco Aurelio Reyes Coca

Profesor de Estado en Historia, Geografía y Educación Cívica de la Universidad de Chile, y Magíster en Educación de la misma Universidad.

Actualmente es Directivo de Educación Superior, Decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Bío-Bío.

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