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Héroes de blanco

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Pareciera que la contribución de los y las trabajadoras de la salud no fuera visible, ni valorada, hasta que se presentan situaciones de emergencia sanitaria como la que lamentablemente estamos viviendo. Por eso solo cabe agradecer a profesionales y técnicos que a diario y en dobles turnos muchas veces, se exponen para salvar vidas.

Sin embargo, si esa entrega humana no se articula con el reforzamiento de nuestro sistema sanitario, no podremos salir bien parados de esta pandemia.

Se puede contribuir con recursos materiales: mascarillas, alcohol en gel, antiparras y respiradores. El Estado puede contribuir también con dinero. Todo esto es muy valioso, pero, lamentablemente, resultará insuficiente. Lo que necesita el sistema sanitario para responder efectivamente a esta pandemia no es solo equipamiento y recursos económicos, sino también una protección reforzada a sus trabajadores, pues dependerá de ellos que la respuesta a la emergencia tenga un efecto real.

En efecto, por las características biológicas y sanitarias de esta infección, la adopción de medidas destinadas a la protección de los equipos de salud resulta fundamental. Se trata de una obligación del Estado, porque detrás de ella descansa un derecho básico, como es el acceso a la salud de todas las personas, y cuyo cumplimiento -por lo mismo- nos corresponde exigir como ciudadanos.

Conviene reflexionar sobre algunos puntos que desde los mismos hospitales y trabajadores de la salud se han venido anunciando. El primero tiene que ver con el sistema y sus partes, porque no se puede caer en el engaño de pensar que solo los centros de salud y su gente podrán resolver la gran amenaza que representa el Covid-19. Es hora de enfatizar en la necesidad de fortalecer los elementos generales de salud pública, las medidas de higiene, las respuestas de la población y otros elementos para prevenir muchos más casos, antes de que estos tengan que ser hospitalizados.

Un segundo elemento tiene que ver con las demás fuerzas del sistema, como los servicios domiciliarios, ambulatorios y la misma telemedicina, que si bien desde hace tiempo se anuncian, en la práctica no se conoce su verdadera preparación, bajo la premisa de que estas herramientas deberían conformar un grupo de respuesta principal para estos tiempos.

Y el tercer asunto es el financiero, porque a un sector (el hospitalario) que hoy se convierte en el gran soporte de la atención se le debería conceder toda la liquidez, para que subsista en la crisis y se pueda reponer tan pronto pase.

El Gobierno, valga decir, ha leído la crisis de manera ordenada y entiende el papel que todos deben desempeñar, pero hay que refrendar esto con acciones concretas de fomento y protección duradera para los hospitales de todo el país.

Ese sería -más allá de los aplausos nocturnos- el mejor reconocimiento, del Estado y de cada uno de nosotros, a los trabajadores de la salud.

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