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Expresiva desigualdad

Uno de los ámbitos donde más se muestra la desigualdad de oportunidades es en la conectividad de las comunas rurales de la Región de Ñuble, más concretamente en sus caminos y en el transporte público.

Vergonzoso es un adjetivo que refleja muy bien la situación de los primeros. Un 23 por ciento de rutas pavimentadas es una cifra miserable en comparación con otras zonas del país.

Cuando se estudian los factores que determinan la pobreza, el escaso desarrollo económico, la mala calidad de los empleos, la baja industrialización, la casi inexistencia de grandes empresas, la alta tasa de fracasos de emprendimientos y los problemas de competitividad de los productos de Ñuble, entre las causas que más se repite está precisamente la precaria infraestructura vial.

En otras palabras, si las cosas están tan mal en términos de desarrollo productivo en Ñuble, es porque sucesivos gobiernos no han tenido la voluntad de pavimentar caminos y construir puentes. Así de simple.

Por otra parte, y aunque existan excepciones, se constata en general que los recorridos y los tiempos del transporte público rural, lo mismo que las viejas y malogradas micros que los cumplen, justifican que los usuarios, al compararlo con otros servicios, se sientan ciudadanos de segunda clase. El promedio de antigüedad de los buses rurales es de 18 años y la renovación es extremadamente lenta. De hecho en el programa de chatarrización que impulsa el Gobierno y que ha permitido cambiar 150 máquinas viejas, no más de 10 han sido rurales.

Algo similar ocurre con las fiscalizaciones. El control es deficiente y los usuarios advierten que solo se aplica en el terminal La Merced, donde en general se ven máquinas en buen estado, lo que está lejos de ocurrir en los sectores más apartados de la región. El transporte es un elemento esencial en la vida de las personas, ya que determina el acceso a recursos y actividades esenciales e influye en su movilidad y productividad. Hay, por tanto, que buscar urgentemente la forma en que el Gobierno favorezca el avance en esta materia.

Hacer digno y eficiente el transporte para los residentes de las zonas agrarias de Ñuble es una cuestión de justicia que la política de inversiones de la nueva Región no puede desatender. Por lo mismo, focalizar toda la atención y los recursos en las comunas más pobladas sería un portazo al mundo rural.

La falta de acceso y la movilidad restringida conducen al aislamiento y según los expertos es una de las cinco dimensiones entrelazadas de la pobreza. Por el contrario, una ruta pavimentada y un sistema de buses rurales de calidad significan reducción de costos, de mejor calidad de vida en el entorno y de potenciación de la actividad agrícola y de los atractivos turísticos. Son, finalmente, sinónimo de desarrollo.

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