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Emergencia acentúa deudas pendientes con discapacitados

Para Andrés Lavanderos su discapacidad nunca ha sido un obstáculo para desenvolverse en los más diversos ámbitos. Es deportista, construyó mediaguas para un “Techo para Chile” y hace cinco años se desempeña como asistente social en el Servicio de Vivienda y Urbanismo (Serviu).

Desde marzo la pandemia ha alterado su rutina y lo ha obligado a adecuarse a esta nueva realidad, que si bien antes de la emergencia sanitaria ya era compleja para sus pares en situación de discapacidad, hoy parece más difícil convivir con ella bajo nuevos términos, aunque también reconoce aspectos positivos.

El profesional chillanejo tiene una displasia de cadera y una de sus manos no presenta el desarrollo esperado. Desde pequeño fue sometido a varias cirugías para corregir sus pies y rodilla, condición que no ha sido una barrera para llegar a ser seleccionado de tenis de mesa paralímpico.

En días de crisis sanitaria, Andrés cuenta que una de las mayores trabas que han presentado las personas con movilidad reducida son las largas esperas y filas para efectuar trámites.

“Especialmente por los tiempos que debemos esperar, de hecho una persona con discapacidad que ya se tiene que moverse dentro de un mundo que es individualista y que cuesta moverse en un contexto de normalidad, hoy en día con la pandemia es más complicado. Tampoco hay un respeto frente a una persona que tiene problemas de movilidad y debe esperar una hora y media en una fila, que hoy en día es única para entrar a un banco, por ejemplo”, expresa.

“Estar parado en el frío a muchas personas que tiene operaciones les complica mucho estar esperando, lo más probables que no salgan de las casas y dejaran los trámites para otra ocasión, siempre que no sean de emergencia”, agrega.

Al deportista le preocupa y le da pena que la falta de empatía siga acentuando en la comunidad durante la emergencia sanitaria.

“Siento que hoy la gente piensa en sí misma y es más individualista. No está viendo más allá de lo que deberían pensar. Hoy no se hace, lo que se hace en normalidad, no se da la preferencia ni a los discapacitados ni a los adultos mayores. Me ha tocado ver por el pago del permiso de circulación, filas enormes y en ningún caso he visto a un funcionario municipal salir para hacer una excepción”, manifiesta.

Para Andrés lo favorable de este periodo, han sido las nuevas condiciones desplazamiento en el perímetro céntrico que se han dispuesto para facilitar el distanciamiento físico.

“Me parece bastante bueno que los espacios públicos se abran para la gente, donde las personas tengan más libertad de caminar. Sería lo ideal en tiempo de normalidad, porque existe un gran sedentarismo. En la normalidad en diciembre o en cualquier fecha no puedes caminar bien por las veredas, porque está lleno de gente”, indica.

Vivir en silencio

Desde el Club de Audición y Lenguaje de Chillán, creado hace 32 años, indican que la pandemia ha significado un gran desafío para las personas con discapacidad auditiva, ya sea en la comprensión de esta nueva realidad y en el acceso a beneficios.

La tecnología ha sido una gran aliada para adaptarse a este nuevo escenario entre los compañeros, aunque no todos cuentan con el conocimiento necesario para utilizar esta herramienta, lo que ha dejado a algunos a la deriva.

“Hoy en pandemia se sobrevive gracias a las videollamadas, a través de la lengua de señas nos hemos podido adaptar a esta nueva realidad. Tener presente que la mayoría de las personas sordas no cuentan con computadores y si los tuvieran tampoco saben usarlos. Ocurre con los celulares también, hay socios que no tienen y no saben de su uso”, comenta la presidenta la organización, María Isabel Rozas Vera.

A la luz de la experiencia, sienten que la pandemia les ha demostrado una vez que la comunidad no está preparada para convivir con personas sordas, acentuándose las diferencias.

“Como se demuestra y se vive, somos los últimos de la fila. Falta consideración en entregar la información e implementar el acceso a los beneficios. La única ayuda concreta han sido siete cajas de alimentos de parte de la municipalidad y una del gobierno, lo cual agradecemos. Además, de una encuesta enviada meses atrás desde el Senadis, de la cual todavía no sabemos de los resultados, y una capacitación que fue hoy día (viernes) sobre Ingreso Familiar de Emergencia, pero la pega está hecha y la hicimos con nuestras propias capacidades”, recalca.

María Isabel sostiene que la crisis sanitaria ha sacado a flote las deudas pendientes con este segmento de la población, como la necesidad de formación de intérpretes de lengua de señas, además de la capacitación y entrega de computadores, tablet o celulares como herramientas de inclusión.

No videntes

Angélica Arias padece discapacidad visual, y desde que comenzó la crisis sanitaria por el Covid-19, ha viajado una sola vez a la ciudad de Chillán por temor a contagiarse.

“Para mí ha sido un poco complicado porque uno ya no es una persona libre para salir, debe pensar primero en tantas cosas antes de hacerlo, y con la discapacidad se hace más difícil porque uno no es como una persona que camina sola, uno no sabe quién tiene al lado, no se tiene la libertad de antes”, dice

Agradece contar con una red de apoyo que le facilita diligencias o actividades esenciales como surtirse de alimentos o insumos que no puede resolver en la comuna de Pinto, donde reside.

“Gracias a dios tengo unos amigos que han sido mi ayuda siempre, y más en este tiempo, sino hubiese tenido su colaboración para mí sería mucho más complicado. Ellos me traen lo necesario para abastecerme de alimentos y cosas”, señala.

En estos tiempos de pandemia, muchos de los trámites y gestiones se efectúan de manera online, sistema que para las personas no videntes resulta complejo. “No hago trámites por internet, todo lo hago presencial. Además, cuando las personas no saben como son las nuevas modalidades y no tienen los medios para hacerlo es mucho más complicado”, explica.

Angélica se desempeña como masajista en el Cesfam de Pinto. Su trabajo ha estado paralizado por la emergencia sanitaria, sin embargo, no ha dejado de percibir su salario.

Pese a que tiene tiempo sin recorrer las calles de Chillán, las que aprendió andar de memoria, asegura que las modificaciones realizadas en el centro, con el circuito peatonal para garantizar la distancia física entre las personas, resultan un obstáculo para los no videntes.

“Los cambios en el centro afectan porque uno está acostumbrado a estar por un mismo lado, o por último se sabe las calles, pero cuando hay un poco de cambios dificulta un poco porque uno estaba acostumbrado. Las calles de Chillán son horribles para caminar porque nuestros bastones se van atajando en los eventos de las calles y veredas, sobre todo por la calle Isabel Riquelme”, advierte.

La pinteña pide medidas inclusivas para las personas discapacitadas, pues a su juicio, están rezagados. “Esto ha sido una lucha siempre porque los discapacidades somos poco tomados en cuenta, hay mucha discriminación. Se han abierto algunas puertas, pero falta mucho porque para todo se nos hace muy dificultoso, no sé si para todos, pero para los ciegos se nos hace un poco más difícil”, puntualiza.

Sin recursos

La Agrupación Bastones Blancos, que reúne a 25 personas no videntes de Chillán y comunas aledañas, lamenta la paralización de los encuentros que realizaban cada viernes del mes para realizar actividades folclóricas.

“Desde marzo no nos podemos reunir en la organización. Nos reuníamos todos los viernes, durante todo el día para estar juntos y entretenernos, en las tardes teníamos actividades folclóricas. Dentro de nuestra agrupación, las mismas personas formamos un conjunto folclórico y tenemos nuestros instrumentos, tenemos guitarras, acordeones, teclados, bombos”, comenta Wilfredo Vergara, presidente de la agrupación.

Asimismo, lamenta que a raíz de la pandemia debieron suspender la colecta anual que estaba programada para el mes de septiembre, la cual les permite recaudar fondos para las actividades que desarrollan durante el años.

“Eso es lo que nos mantiene a nosotros durante el año porque no tenemos recursos de otros lados. Se hace una vez al año y ya no hay otra forma de hacer la colecta. No hemos recibido ayuda municipal o gubernamental, y menos ahora con esta pandemia”, manifestó.

Texto: Susana Núñez/ María Antonieta Meleán

Foto: Mauricio Ulloa

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