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El vestido de la novia

“Se quedó con el vestido de novia puesto”, es una expresión que suele utilizarse cuando la novia es abruptamente rechazada o abandonada por el novio, prácticamente al pie del altar.

Algo así fue lo ocurrido el miércoles 19 de mayo con la inscripción de los pactos de las primarias presidenciales por parte de la oposición. El PS sacó del clóset su antiguo vestido de novia, el que había guardado luego que el FA lo dejara con los crespos hechos en la inscripción de las primarias para gobernador, el año pasado, y corrió a los brazos de un ex pololo (el PC), luego de poner fin a un largo matrimonio con la DC.

El novio lo esperaba en las puertas de la iglesia ( SERVEL) con banderas y serpentinas. La DC en los hechos había liberado a su histórica pareja, al quedarse sin candidata para llegar al altar. El novio, con el pecho hinchado por el resultado de las últimas elecciones y las encuestas, se cruzó en el camino y le dijo que aceptaba que ingresaran a la iglesia solamente la novia, pero no la familia y menos los amigos. La novia desconcertada por las condiciones impuestas exige una explicación. Tu familia y tus amigos me han ofendido antes, fue la respuesta. No los podemos aceptar.

La novia comprendió que este nuevo matrimonio era imposible en esas condiciones, intuyó una doble intención por parte de la familia del novio. No podía entrar sola, sería anulada; tampoco podía hacerle un desaire a su familia y amigos que habían sido muy leales con ella. Yo soy del partido de Allende argumentó la novia, yo soy el heredero de Allende contestó el novio sin perturbarse. Ante esta situación la novia se arremango el vestido y corrió ahora a los brazos de su antigua pareja para intentar volver a casarse, antes que se fuera el cura. Pero a esa altura ya no era posible, no había novio, los invitados se habían ido y el cura estaba a punto de hacerlo.

El episodio es uno más de los muchos que han ocurrido en la política chilena en los últimos años, y que han provocado no sólo la desafección de la gente por esta actividad fundamental para el funcionamiento de la democracia, sino que además ha arrastrado en esta crisis a las instituciones que son los pilares de la democracia representativa, como los partidos políticos y el Parlamento.

La pregunta es cómo salir de esta crisis, cómo articular un conjunto de acciones que evite que se vuelvan a producir hechos tan bochornosos como los del miércoles recién pasado.

Pareciera que hay una generación perdida de líderes, incapaces de dialogar o ponerse de acuerdo o de imponerse a los voceros de las masas anónimas escondidas en la redes sociales, que todo tipo de diálogo lo califican o descalifican como una cocina oscura y mal oliente.

Algunos pregonan el fin de los partidos políticos, pero eso significaría el fin de la democracia. Por eso sumarse a ese coro es tan peligroso como inconducente. Otros plantean una contradicción generacional, como si los más jóvenes fueran puros e incontaminados, lo que tampoco resulta valedero.

Tal vez lo ocurrido en la elección de constituyentes sea el camino, esto es que sectores que se mantenían al margen de la acción pública, se incorporen a la política, bajo cualquier denominación, aportando ideas y reflexión. Porque la solución a la crisis es y será fundamentalmente política. Solo así, en el futuro, nadie se quedará con el vestido de novia puesto.

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