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El rebrote

Cristian Cáceres

Las aglomeraciones asociadas al consumo y a las celebraciones de Navidad y Año Nuevo fueron un regalo para el coronavirus que estamos comenzando a sufrir con abrumadora intensidad. En las últimas semanas se ha incrementado el número de contagios a niveles solo comparables con el momento más crítico de la pandemia, reflejándose en diferentes indicadores, incluida la ocupación de camas críticas de las unidades de cuidados intensivos.

El último informe del equipo Icovid Chile, iniciativa que es liderada por las tres principales universidades públicas del país, confirmó lo que todos temían: la pandemia está en franca expansión.

Respecto de Ñuble, el reporte que fue entregado el pasado jueves confirma la tendencia de aumento de casos, con un incremento de 34% si se comparan las últimas dos quincenas. Por otra parte, el índice de transmisión (R), sigue siendo mayor que uno, lo que significa que cada persona que contrae el virus, infecta, en promedio, a más de una persona.

Los especialistas coinciden en que las cifras de las últimas semanas son preocupantes y varios factores podrían contribuir a mantener y acentuar esta tendencia. Entre estos destacan el cansancio de la población, una mayor movilidad y conducta menos responsable de los jóvenes por vacaciones, junto con la percepción equivocada de que la mayor parte de la población estará vacunada en pocos meses.

En este cuadro, Chillán, por sus características de capital regional y centro de servicios, donde se mueven aproximadamente 200 mil personas al día, donde son innegables muchas necesidades, así como la indisciplina ciudadana, vive un momento muy delicado. La red asistencial está en estado de alerta, con una disponibilidad de camas críticas que se acerca peligrosamente a cero y que es una señal de máximo peligro que debe servir para despertar conciencia. Porque de lo que se trata es de reducir la velocidad de contagios, de bajar la demanda en cuidados intensivos y, por esta vía, la letalidad. En síntesis, de salvar vidas.

Son una ruleta rusa, por ejemplo, las aglomeraciones que vimos por las celebraciones del triunfo de Ñublense el sábado, las fiestas clandestinas, los tumultos en el comercio y, por supuesto, no usar mascarilla o no hacerlo bien.

Por eso, todos los esfuerzos del sistema de salud y las restricciones que intenta imponer la autoridad no surtirán el efecto deseado si no hay disciplina ciudadana ni autocuidado, si no hay conciencia de los protocolos de bioseguridad.

Se necesitan autoridad, orden, unidad y una comunicación del riesgo mucho más eficiente del Gobierno, pero el ciudadano tiene que entender que su vida, la de su familia y la de los demás dependen de la disciplina. Si esta no existe, el único ganador será el virus.

En medio de un fuerte rebrote que amenaza la capacidad de la red asistencial y de las crecientes expectativas por el plan de vacunación, nunca como ahora las decisiones que se tomen con respecto a la pandemia necesitaron tanta coordinación, coherencia y armonía entre los niveles de gobierno encargados de aplicarlas, y la comunidad responsable de cumplirlas.

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