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El joven volante de la “U” que renació con García

“Si seguimos por esta senda, creo que todo irá de la mejor forma. En el gol traté de ganar un espacio, con el control me quedó para pegarle y no la pensé, salió un golazo”, reflexiona el “10” de Ñublense, Iván Rozas, en el pasto del Estadio Cap de Talcahuano, consumada la victoria del Rojo sobre Santiago Morning, que le permitió al elenco chillanejo consolidarse como líder exclusivo de la Primera B con 15 puntos.

El protagonismo del volante zurdo de 22 años, nacido en Temuco y forjado en la cantera de Universidad de Chile, es fruto del trabajo de reconversión táctica que hizo con él Jaime García.

El entrenador, post estallido social, le comenzó a exigir a Rozas que cambiara de ritmo, que le inyectara intensidad a su juego y se pusiera el overol.

Iván llegó cansado de postergaciones en la “U” tras deslumbrar en el plantel de Ángel Guillermo Hoyos, con quien jugo su mayor cantidad de minutos. Luego con Frank Darío Kudelka perdió presencia, pero con Alfredo Arias y cuando estuvo con Hernán Caputto, pudo pelear el primer puesto en su equipo.

El cambio de Iván

El surgido en el fútbol amateur de Temuco y que quedó en las inferiores de la U, tras una prueba masiva, aceptó bajar de categoría para ganar minutos en Ñublense.

En el cuadro rojo se reencontró con un ex compañero de inferiores, el goleador Mathías Pinto, pero le costó sumar minutos en un equipo armado y además porque Jaime García reconoció que no lo había solicitado.

Sin embargo, tras el estallido social de octubre, en plena intertemporada, Rozas declaró a La Discusión que “esta vez quiero ser protagonista, ganarme la titularidad, estoy trabajando para eso”.

Clave en esa mejoría fue García, quien revela el secreto y que hubo harto trabajo para cambiar su estilo de juego.

“Venía como volante de creación, de una categoría de arriba, algo plano en su juego, medio trotón, sufría para ir al choque, pero lo transformamos cien por ciento. Ahora Iván se puso agresivo, cambió en su forma de entrenar, va al suelo, le hicimos entender que él podía dar mucho más y se dejó ayudar. Lo más importante de Iván es que creyó. Aceptó la ayuda. Lo reté, lo corregí. Yo creo que me hizo caso. Se dejó ayudar y ahí están sus resultados”, resume Jaime García.

Rozas, un chico de bajo perfil, algo mañoso cuentan, y alejado de los medios, al menos en el Cap marcó la ruta que quiere seguir con sus compañeros.

“Quedan muchos partidos, hay que tratar de estar finos, seguir por esta senda porque se vienen rivales pesados y la idea es seguir mejorando”, sentencia, en la antesala del choque con Copiapó (jueves 16 horas), duelo en el que espera, otra vez, sacarle brillo a su pegada de zurda, con la que está que está escribiendo su propia revancha en el Rojo.

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