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El combate al Covid desde el último eslabón sanitario

Agencia Uno

La lucha contra el Covid-19 se da a máxima capacidad en el último frente, en esa línea delgada que divide la vida y la muerte, donde funcionarios de las unidades de Cuidados Intensivos han resistido bajo alta presión los efectos de la escalada de casos positivos en la región de Ñuble, donde se estima que el 15% de ellos terminan hospitalizados y cerca de un 5% en estado crítico o con soporte ventilatorio.

Hoy el escenario enciende las alarmas, ya que nunca antes en 11 meses de pandemia, la red asistencial local había marcado un triste récord de 36 pacientes conectados a un ventilador para seguir respirando, lo que representa un aumento de 63% en las dos últimas semanas.

Cristian Mella Inzunza forma parte del último eslabón de esta cadena sanitaria contra el virus. Es médico internista y vive en Concepción, desde donde viaja cada día para cumplir su jornada laboral como jefe de la Unidad de Paciente Crítico en el Hospital de San Carlos, donde trabaja desde 2017.

Son 62 los funcionarios de salud que trabajan en esa unidad, quienes han sido testigos de primera línea cómo el coronavirus presiona a la red asistencial de Ñuble al borde del colapso, lo que exige esfuerzos adicionales para evitar que el eslabón se rompa con el fallecimiento de algún paciente.

“Uno pasa por todas las sensaciones, alegría y pena, y sí, es innegable saber que existe una preocupación en la medida que hay más pacientes, en tener la capacidad de respuesta. En general, lo que hacemos cuando hay un paciente y no hay una cama UCI, se hace todo lo que se tenga que hacer y estabilizado se traslada, pero no se puede desconocer que existe una mayor presión en estos días en la región”, expresa doctor.

Actualmente, las siete camas de la UCI de San Carlos se encuentran ocupadas, de ellas cinco están destinadas para pacientes con Covid-19, las que se encuentran aisladas en el cuarto piso del recinto hospitalario.

“Son momentos excepcionales dentro de la vida laboral, estamos frente a una pandemia, una cuestión que sobrepasa a todos los planes que uno tenía y existen momentos donde uno tiene que trabajar más. La cosa no se acaba cuando uno se va del hospital, especialmente cuando uno está en una jefatura de coordinación. Hay un costo familiar, ocupar un tiempo que eventualmente debería estar destinado al tiempo libre y la familia”, manifiesta.

En medio de una pandemia en ascenso, la crítica situación epidemiológica de la región vecina de Biobío añade una presión extra al hospital Dr. Benicio Arzola Medina, que a lo largo de la crisis, ha servido a pacientes de otras comunas, en el marco de la red integrada de salud.

“Como esto funciona en red, hubo una disminución de camas disponibles en Biobío, en una temporada tuvimos un montón de pacientes de Curanilahue, Lebu, Tirúa y Temuco”, indica.

Para el doctor Mella un momento particularmente sensible y de gran conmoción para el equipo de la UCI fue cuando una compañera pasó a estar del otro lado en la fase más oscura de la enfermedad, con un cuadro severo.

“Tuvimos una funcionaria que se enfermó. Desde el punto de vista personal y del equipo, fue el momento más complejo, porque era una persona que una semana había estado compartiendo con nosotros y la teníamos conectada a ventilador. Es difícil y afecta”, enfatiza el profesional, señalando que la funcionaria recibió el alta al igual que otros 84 pacientes hospitalizados por coronavirus a la fecha en el hospital de San Carlos.

Hospital Herminda Martín

En la capital regional, el personal de la UCI del hospital de Chillán no esconde su cansancio y estrés. Sin embargo, pese a ello, se mantiene estoico al frente de una pandemia que no da tregua y que se agudiza con las cifras de hospitalizados.

Hace 7 años el médico, Argelio Santana Cano, trabaja en el complejo asistencial, donde se ha desempeñado en las unidades de Urgencia, Medicina y en la UCI Adultos.

“En la actualidad, esto ha aumentado de forma considerable la demanda de los cuidados de los pacientes de manera integral, ingresan más graves. Constantemente uno tiene que realizar cambios tanto en su tratamiento como las medidas de soporte, que pueden demorarse, en ellos, desde que los ingresas hasta que los estabilizan un poco, fácilmente cuatro horas. Y en realidad el trabajo es mucho más agotador, si lo comparamos antes de la pandemia”, confiesa.

El doctor, quien trabaja 44 horas semanales, cuenta que se han vivido periodos de excesivo estrés y que aún así no ha solicitado licencia médica por esta causa, debido a que las circunstancias actuales obligan a no flaquear. Su pareja e hija en Ñuble y el resto de su familia que se encuentra en Cuba, a quien sigue por vía telefónica, han sido un bálsamo revitalizante en horas críticas.

“Y en realidad el trabajo es mucho más agotador, si lo comparamos antes de la pandemia.Lo importante es tanto el estrés emocional en el que estamos sometidos todos, que estamos experimentando producto de esta misma carga laboral, de la atención de pacientes de alta complejidad. Hasta ahora he estado en la UCI, no he necesitado de eso, pero sí, uno siente el agotamiento físico, la preocupación siempre de brindarles a los pacientes el cuidado que requieren y la disponibilidad de camas, con la sensación de que vamos a salir y mitigar un poco esta pandemia”, declara.

Con 18 años de trayectoria en el complejo asistencial, Jacqueline Castillo Leiva, quien se desempeña como técnico en nivel Superior en Enfermería de la Unidad de Paciente Crítico, comenta que el ritmo de trabajo ha llegado a tal punto, que no lograba conciliar el sueño, lo que con el tiempo ha superado con el apoyo del personal del policlínico.

La ola de contagios ha golpeado con fuerza a la unidad que pasa por momentos agitados, que ha llegado a recibir una cantidad significativa de pacientes graves en un solo día. “En un turno me tocó recibir 6 ingresos en una noche, solo pacientes Covid. Era recibir y sacar pacientes. Veía a todos con ojeras, todos cansados”, detalla.

Jacqueline destaca que en esta batalla, al igual que sus compañeros, no han sido atacados por el virus gracias a sus escudos faciales y al resto de elementos de protección que utilizan rigurosamente, como sus mejores armas para evitar contagios al exponer sus vidas por el resto.

“Quiero seguir hasta el final, hasta cuando mi cuerpo me dé la posibilidad de poder seguir trabajando. Es bastante el agotamiento y el cansancio, he estado con trastornos del sueño, no podía dormir. Tuve que pedir ayuda al “poli” y agradezco, porque realmente me sentía muy agotada y me he sentido mucho mejor, renovando fuerzas un poco para poder seguir conectada con esta marcha, pero para todos, de alguna u otra forma, ha significado un cambio”, recalca.

Si bien ambos funcionarios ya recibieron la primera dosis de la vacuna Pfizer y han reaccionado bien, eso no ha bajado la presión que sienten, ya que saben que deberán pasar meses para que el proceso de inoculación en la población tenga el impacto esperado en el control de la pandemia, por ahora siguen conviviendo con situaciones de alto estrés, en lo emocional y físico.

“En días que la demanda aumenta y tenemos que hacer entre cuatro a cinco ingresos al día, es un momento crítico. También, cuando tenemos pocos cupos de camas y tenemos que tomar otras conductas, y ver a quién movemos dentro de la red del hospital para poder hacer cupos. Son momentos difíciles, cuando pacientes que requieren ventilación mecánica, en el peor de los casos, tienen que trasladarse a otra red. Momento difícil, es cuando lamentablemente fallece un paciente”, sostiene el doctor Santana.

En este escenario, el médico de la UCI lamenta que las personas no tengan consciencia de la gravedad de la situación actual y no crean en el virus, que tiene una fácil transmisibilidad, asumiendo conductas de riesgo y olvidando que el coronavirus no discrimina edad.

“Hay de todas las edades, pero actualmente casi el 50% es menor a 60 años. Tenemos pacientes de 55, 40 y tantos, de 33, 22, 48 años. Al comienzo de la pandemia, la mayoría de los hospitalizados eran adultos mayores, pero eso ya pasó. El virus no respeta edad, todos pueden enfermarse”, subraya, enfatizando que aquellos que son enfermos crónicos deben seguir con sus controles, ya que pueden descompensarse y ser más vulnerables a la infección.

Los pacientes con Covid-19, que requieren ventilación mecánica, “han estado fácilmente un mes, otros dos y otros más meses, y quedan muy secuelados desde el punto de vista neuromuscular. Hay pacientes que están una semana ventilados y no quedan con muchas secuelas o con ninguna. Sufren la pérdida de masa muscular, el trastorno de la deglución, algunos salen con traqueotomía u otros quedan, desde el punto de vista respiratorio, con alguna limitación funcional también que cuesta mucho trabajo rehabilitar”, añade.

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