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Doble Centralismo

Cristian Cáceres

El imán casi imposible de resistir que ejerce la capital regional pone en peligro el proceso de descentralización intrarregional, generando un desarrollo desigual y un desequilibrio entre las diferentes provincias y comunas de la región.

De partida, su distribución es muy dispareja: 50% de los habitantes se concentra en Chillán, con todos los costos, pero también ciertos beneficios que esta estructura puede traer para quienes allí viven.

Resulta paradójico que siendo Ñuble el último símbolo nacional de la descentralización y desconcentración del poder, tenga en su gestión un fuerte centralismo interno. La gran mayoría del movimiento financiero y comercial se circunscribe a un selecto grupo de no más de 4 comunas. La inversión pública también está enfocada mayoritariamente en Chillán, y los fondos regionales de inversión se han concentrado en la decisión regional más que municipal, generando una fuerte dependencia de la gestión local hacia ellos.

No resulta tan fácil romper esta forma de administración que potencia la toma de decisiones a nivel central, tanto en el país como dentro de las regiones, cuando no existen mayores instancias de autonomía financiera y muy poca capacidad de decisión política en cada una de las provincias y comunas.

Para fomentar una adecuada descentralización intrarregional, sería conveniente dotar de mayores atribuciones a los gobernadores provinciales, quienes actualmente ocupan un cargo de representación de la autoridad regional en las provincias, y no a la inversa como indicaría una lógica de descentralización.

Esto que ocurre a nivel del sector público, también se da en el ámbito privado. Las empresas tienen su casa matriz en la capital de la región, por lo que la realidad de cada una de las comunas donde funciona una oficina o sucursal de la empresa es bastante desconocida y ajena para la alta dirección de dicha compañía.

Ante esta realidad cabe preguntarse si es únicamente responsabilidad de quienes ejercen el poder o toman las decisiones revertir este centralismo. Y es que si bien existe un grado de flexibilidad y disposición que puede ser resorte de la autoridad, también es un deber que se podría denominar ético de parte de los propios habitantes de resistirse a ese centralismo y las ventajas que éste tiene para quienes en definitiva aprovechan la mayor oferta de productos, servicios y acceso a mayores oportunidades.

Es de esperar que ese espíritu contagie a la empresa privada, potenciando sus acciones a nivel comunal y trayendo a nuevos territorios de Ñuble su inversión.

Finalmente, un gran paso sería una flexibilidad tributaria donde las comunas puedan descontar ciertos impuestos a quienes decidan realizar inversiones, generando una sana competencia para potenciar la descentralización intrarregional.

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