Cerca de mil ñublensinos sufren un ataque cerebrovascular al año

Por: La Discusión 07:05 PM 2017-01-22

Cerca de mil habitantes de la Provincia de Ñuble sufren un ataque cerebrovascular anualmente, según datos recopilados en el Proyecto Ñandú, iniciativa financiada por el Fondo Nacional de Investigación y Desarrollo en Salud (Fonis) de Conicyt, y que es desarrollada de manera colaborativa por la Universidad del Desarrollo-Clínica Alemana, la Universidad de Concepción, la Universidad Mayor, el Servicio de Salud de Ñuble, la Seremi de Salud de la Región del Bío-Bío  y el Hospital Clínico Herminda Martín.

En su etapa final se encuentra este estudio, realizado en la Región del Bío Bío, por tratarse de una donde la población presenta mayor riesgo de morir por esta causa en el país. Lorena Hoffmeister, socióloga y directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Mayor, precisó que el estudio sigue la metodología que propone la OMS (Organización Mundial de la Salud) para la vigilancia de estos eventos. “Se llama ‘step stroke’, por paso y ‘stroke’, que es la traducción en inglés de ataque cerebrovascular. Este modelo sugiere a los países que para hacer un seguimiento de lo que está pasando con esta enfermedad, se organice en pasos o escalones”, comentó la doctora en Biomedicina y master en Salud Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

 “En el primer escalón los países debieran ser capaces de identificar y tener datos de las personas que tienen un ataque cerebrovascular y son hospitalizados. Por ejemplo, la edad en que tuvo el evento, de qué tipo fue, porque no es lo mismo un ataque cerebrovascular isquémico, o sea un infarto, que una hemorragia intracerebral. Así como también, cuántos sobreviven y cuántos fallecen”. En un segundo escalón de este modelo se trata de identificar a quienes sufren un ataque cerebrovascular y no son hospitalizados. Esto, explica la socióloga, ya sea porque la persona o su familia no consideró que era necesario ir al hospital, se evaluó sus síntomas como leves, o bien falleció sin haber alcanzado a tener una admisión hospitalaria.

 “Bajo este modelo nosotros hicimos un sistema de vigilancia epidemiológica del infarto y del ataque cerebral en la Provincia de Ñuble, con la meta de estimar la incidencia de ataque cerebrovascular, contabilizar los casos. Otras preguntas fueron: ¿cómo están siendo atendidos en la red de atención de hospitales de la provincia?, ¿cuántos tuvieron acceso a escáner de cerebro?, ¿cuántos a electrocardiograma?, a evaluación de trastornos de deglución, y ¿a cuántos se les indicó tratamiento anitrombótico para reducir el riesgo de recurrencia?

La tercera parte del estudio se refiere a los resultados en salud. “Cuántos fallecen, en qué momento lo hacen, a la semana, al mes, al año, y cuál es el nivel de discapacidad que tienen como resultado de estos eventos”, indica la directora de Salud Pública de la Universidad Mayor. La investigación abarca también el impacto social de la enfermedad. “Porque no solo se enferma la persona sino que también la familia, que debe enfrentar un evento agudo grave, que es una emergencia médica y donde aproximadamente el 40% queda con algún tipo de lesión”, explica  Lorena Hoffmeister.

Se les ha consultado a las personas y sus cercanos si han tenido que dejar de trabajar para cuidar a la persona, si han efectuado gastos adicionales, cambios en la dieta, en el espacio físico de las casas, para poder enfrentar este nuevo escenario. Actualmente están en la fase final del estudio. “Nos quedan alrededor de seis meses s para hacer el último seguimiento de un año, que lo hacemos a través de llamadas telefónicas, pero los datos preliminares nos muestran que en la Provincia de Ñuble hay alrededor de mil personas que tuvieron un ataque cerebrovascular durante el periodo de 12 meses”.

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