Desafío adaptativo

Por: 09:10 AM 2017-01-18

Más allá de si la culpa es del hombre o si se trata de un fenómeno cíclico, e independiente de las medidas que se tomen para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo urgente es implementar acciones en la agricultura tendientes a adaptarse al cambio climático, que ya es una realidad. 

En Ñuble existe preocupación por el tema tanto a nivel gubernamental, como en la academia y en el sector privado, puesto que la información científica disponible demuestra que los cambios ya han comenzado a producirse y se intensificarán en un horizonte no muy lejano. 

Basta recorrer los campos de la fértil provincia para constatar que fenómenos como la disminución de las precipitaciones, el aumento de las temperaturas promedio, la disminución de las horas frío y la menor disponibilidad de agua en embalses, nieve y acuíferos subterráneos. 

Frente a esta situación, existen dos escenarios que enfrentar: el de corto plazo y el de largo plazo. El primero supone una adecuada planificación para los próximos dos años, pensando en los agricultores que requieren información meteorológica sobre variables clave como las precipitaciones, no solo el volumen, sino que también su distribución en el año, ya que en los últimos años esta zona viene mostrando una alta variabilidad, que bordea el 25%, lo que significa que respecto de un promedio de 1.000 milímetros de agua caída en un año, hay años en que se pueden registrar 750 milímetros o bien, 1.250 milímetros. En ese sentido, contar con información oportuna y confiable permitirá a los agricultores tomar mejores decisiones en cuanto a qué sembrar o cuánto sembrar.

En cuanto al escenario de largo plazo, conviene entender que las modelaciones disponibles actualmente muestran más de un escenario posible, aunque existe cierto consenso en que los cambios más notorios serán la escasez de agua, el aumento de las temperaturas y la disminución de las horas de frío. 

Lo anterior supone un cambio en los rendimientos de algunos cultivos, y la oportunidad de incorporar otros nuevos a la zona de Ñuble, puesto que las condiciones agrometeorológicas de esta zona se asemejarán más a las del centro-norte del país. 

Para mitigar el impacto, será necesario, entonces, implementar políticas macro y mejorar procedimientos en lo micro, como por ejemplo, construir embalses e infiltrar acuíferos subterráneos, así como mejorar la eficiencia en los sistemas de riego. 

Por otro lado, es menester que se avance en la investigación aplicada en cuanto a mejoramiento genético de especies, de manera de hacerlas más resistentes a las futuras condiciones climáticas, así como también al surgimiento de plagas asociadas al cambio climático. 

Pero la adaptación también tiene una mirada económica y cultural, que pasa por comprender que algunos cultivos no tendrán los mismos rendimientos que en el presente, e incluso, podrían resultar inviables para los productores. Por lo mismo, será necesario hacer cambios de varietales en algunas especies. 

Pero el cambio climático también representa una interesante oportunidad para el agro local, ya que se podrán incorporar nuevos cultivos o extender algunos que hoy están confinados a zonas específicas, como el Valle del Itata. Son los casos de las uvas viníferas, algunos cultivos tropicales, los carozos y los nogales. 

Sin embargo, el aprovechamiento de esta oportunidad dependerá en gran medida de la capacidad de inversión que exista por parte de los productores, del apoyo que reciban del Estado, de la velocidad de adaptación del empresariado y de la disponibilidad de información.

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