[Editorial] Discusión sobre el aborto

Por: Fotografía: Agencia Uno 08:20 AM 2017-01-17

En la discusión pública sobre si legislar o no para despenalizar ciertos tipos de aborto, centrarse solo en los aspectos jurídicos ha resultado reduccionista y no ha dado cuentas de la complejidad del tema, el cual tiene distintos niveles.

Desde el punto de vista jurídico, el “nasciturus” es objeto de protección, pero no titular de derechos hasta que no haya nacido (así lo define nuestro ordenamiento jurídico). Pero el análisis legal no resuelve el debate moral respecto de la licitud del aborto.

Un segundo nivel corresponde al debate filosófico, que se ha centrado en discutir qué tipo de identidad es el ser humano a partir de la fecundación, no tanto en su desarrollo biológico (nadie duda de que es un organismo vivo de la especie humana), sino cuál es su estatus moral y desde qué momento se le considera como perteneciente a la comunidad de las personas y, en consecuencia, poseedor de derechos básicos, como el derecho a la vida. 

Convengamos que hay posturas distintas al respecto, desde algunas que consideran que el feto es una persona actual, dado que la esencia humana le compete en cualquier estadio de su desarrollo, a otras posturas que consideran que en cierto momento del desarrollo el feto adquiere características moralmente significativas, como la capacidad de experiencia sensible, por lo que el aborto sería moralmente más cuestionable a partir del desarrollo del sistema nervioso central, implicando que el feto debiese ser protegido a partir del momento en que puede sobrevivir fuera del útero.

Una tercera mirada es la del médico frente a la mujer embarazada. En general, los profesionales de la salud no se cuestionan si acaso aquello que la mujer lleva en el vientre es una “persona” en el sentido legal del término, sino que la pregunta que suelen hacerse es cómo resolver los intereses del embrión-feto cuando entran en conflicto con los intereses de la madre. Cuando las perspectivas de vida futura para el embrión son nulas y su existencia pone en grave riesgo la vida de la madre (por ejemplo, embarazo ectópico), no hay conflicto moral para el profesional de la salud y debe interrumpir ese embarazo (aborto terapéutico). Si el riesgo a la vida materna ocurre luego de alcanzada la viabilidad fetal, el médico procurará salvar ambas vidas. 

Sin embargo, hay otras situaciones más complejas. Una de éstas es el embarazo producto de violación, donde necesariamente el aborto priva al feto (independiente de qué noción tengamos de éste), de “un futuro valioso”, que son las experiencias y actividades que uno valoraría. En este escenario, claramente los intereses futuros del no nacido están en conflicto con los intereses actuales de la madre, que no buscó ni quiere ese embarazo. Existe un genuino conflicto moral que sería simplista resolver a partir de un fallo legal. 

Que la Comisión de Constitución del Senado aprobara por 3 votos contra 2 la idea de legislar el proyecto que despenaliza la interrupción del embarazo en tres causales (violación, riesgo de vida de la madre e inviabilidad fetal), no es un hecho menor, pero tampoco significa que esta iniciativa se vaya a convertir prontamente en ley de la República. 

Lo ocurrido ayer simplemente permite que el proyecto siga discutiéndose y para ello es bueno poner sobre la mesa todos los planos de discusión (legal, filosófico, médico). Debatir sobre este tema en todas sus dimensiones nos hará menos hipócritas, lo que debiera agradecerse en un país donde los grandes vicios privados se disfrazan con supuestas virtudes públicas.

 

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