No aprendemos la lección

Por: 2017-01-04

Llega enero y se inicia la temporada de incendios forestales. Así de predecible es la época en la cual se concentran emergencias en las cuales, luego de la reciente tragedia en Valparaíso, no es necesario profundizar sobre su capacidad destructiva. 

Para la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados que se creó con motivo de la tragedia ocurrida en Quillón, en el verano de 2012, se estimaba que, tomando los últimos 31 años a esa fecha, el número de incendios presentaba una escasa variación, incluso en algunos años disminuía su número, a diferencia de la cantidad de hectáreas afectadas que aumentaba de 9,35 hectáreas promedio por incendio en 1980 a 21,5 en 2011. 

En esa ocasión ya se hacía evidente la necesidad de incrementar la capacidad de detección precoz, una respuesta rápida y agresiva, pues estábamos frente a una debilidad en el control oportuno de los incendios y no ante la presencia de un fenómeno delictual en expansión. 

¿Qué nos espera este año? La verdad es que las condiciones no han variado, al punto que Conaf ya se había adelantado señalando que se viene una temporada compleja. 

Sin embargo, esta situación no se relaciona con un cambio en las condiciones, y es ahí donde radica el problema. Los incendios al ser causados por la acción humana y no naturales, termina por establecer una constante en la cantidad de siniestros, que en los promedios suele no sorprender y permite anticipar. 

Las condiciones de base, tanto meteorológicas y del combustible, también se manejan con un grado de conocimiento que permite establecer una razonable aproximación al riesgo de propagación, siendo ésta la variable catastrófica, surgiendo entonces la necesaria, y esencial, detección oportuna y rápida respuesta. 

Por otra parte, y siendo algo manejable para el sistema, la logística que permite incrementar rapidez y agresividad en el combate no ha variado significativamente, como ayer lo puso en evidencia el diputado por Ñuble, Jorge Sabag, que al igual que varios de sus colegas, exigió una “reestructuración urgente” para la Corporación Nacional Forestal (Conaf). 

No se equivoca Sabag en su emplazamiento, pues tras el incendio en Valparaíso que destruyó 222 casas y dejó a 19 personas lesionadas, diferentes expertos y ex autoridades confirmaron que la capacidad aérea sigue siendo la misma desde hace 5 años y que el sistema de arriendo de aviones y helicópteros, con varias licitaciones fallidas desde su implementación en  2013, ha traído más incertidumbre que certeza sobre la real disponibilidad de la débil logística estatal. 

Cuesta entender que con el historial de desastres, la información científica disponible y la experiencia de otros países, aún estemos tan lejos de materializar un incremento significativo de recursos, así como de la modernización que requiere nuestro sistema de emergencias. 

También cuesta entender que nuestras autoridades no miren más allá de nuestras fronteras, e incorporen, por ejemplo, aeronaves con capacidad de descarga de 6 mil litros y que además pueden cargar en 12 segundos y en sobrevuelo sobre una fuente de agua, y no las que existen ahora, que solo pueden descargar hasta 2 mil litros y deben aterrizar para abastecerse. De haber contado con ese equipamiento, se podrían haber salvado la mitad de las casas destruidas el domingo en Valparaíso.   

Lamentablemente, seguimos con un sistema fragmentado que aún espera por una modernización que reemplace las invenciones criollas y nos permita, efectivamente, estar preparados para lo peor. 

Comentarios