Otra economía es posible

Por: 2017-01-03

La dos últimas crisis económica y financiera internacional, la de 2008 y 2011, trajeron al primer plano varios conceptos: trabajo justo, desarrollo sustentable, responsabilidad social empresarial y cuidado del medio ambiente, que aunque eran bien conocidos no habían logrado todavía ser considerados como herramientas para mejorar el comercio global. 

Es de destacar que todos ellos están sostenidos por una concepción solidaria de la economía que tiene como norte una actitud crítica ante los modelos tradicionales de desarrollo que pueden producir rápidamente riqueza, pero, al mismo tiempo, crean miseria y exclusión en muchos sectores de la sociedad.

De allí que una de las condiciones básicas de esta economía solidaria sea la inclusión. Un modelo económico incluyente es aquel que considera las capacidades y potencialidades de cada individuo con equidad, como base de la construcción de relaciones justas, libres y democráticas en la integración de un desarrollo social. 

Por cierto, el concepto de comercio justo existe ya desde hace bastante y nació, paradójicamente, de la situación de exclusión y explotación de numerosas comunidades en todo el mundo, como una alternativa al comercio convencional, porque al acercar el productor al consumidor evita la cadena de intermediarios. 

Los expertos coinciden en que son tres las condiciones básicas que definen una transacción de comercio justo: la relación directa entre productor y consumidor, sin intermediarios o especuladores; un precio justo, es decir, el que permite al productor y su familia vivir dignamente de su trabajo, y el establecimiento de relaciones y contratos de largo plazo basados en el respeto mutuo. 

Por supuesto, una consecuencia directa de esta forma diferente de comprar-vender es la creación de consumidores mucho más responsables y solidarios, que finalmente se benefician en todo sentido, al adquirir productos nobles, de los cuales no solo conocen el origen, sino también a quienes los hacen. 

Un consumidor responsable será también aquel que esté atento a saber si en el proceso de producción se han respetado las condiciones de seguridad y salud del trabajo, o del medio ambiente, si hubo equidad de género y si no hubo explotación infantil. 

En nuestra zona hay experiencias asociadas al trabajo de agrupaciones campesinas y estudiantiles y empresarios innovadores. Entre las primeras destaca la propiciada por la Cooperativa de Trabajo Tres Tierras, que ha estado liderando diferentes instancias de promoción del comercio justo en la venta de los productos de sus asociados, mientras que a nivel universitario, este concepto se ha instalado fuertemente entre los alumnos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción.

Sin embargo, es el ejemplo de la empresa Orgánicos Brita, de Pinto, la que ha alcanzado mayor notoriedad, pues es la única de la Región del Bío Bío que cuenta con la certificación de “Empresa B”, o sea que opera bajo altos estándares sociales, ambientales y de transparencia, considerando no solo los intereses financieros de sus dueños, sino también otros intereses y de largo plazo, tales como la de los empleados, los proveedores y clientes, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente.

Estos son solo ejemplos locales de un proceso en construcción, que lentamente se extiende y que nos demuestra que es posible un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional, y que un negocio exitoso puede, también, dar prioridad a la gente y al medio ambiente.

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