Bienvenida la esperanza de un nuevo año

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2017-01-03
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Esta noche en el mundo entero daremos la bienvenida a un nuevo año, en un ambiente que invita a la reflexión, evaluación del 2016 que se nos va y el cultivo de la esperanza de que el 2017 sea un mejor año para todos. Las celebraciones familiares, fiestas de diverso tipo, saludos y brindis con los más cercanos dará el marco que hará de esta noche un momento muy especial. 

A nivel mundial constatamos intranquilidades que parecen acrecentarse, desconfianza ante la incertidumbre de cómo actuarán los nuevos líderes a nivel internacional, especialmente el nuevo Presidente de los Estados Unidos, todo ello junto a la esperanza que parece rebrotar en estas fechas en los corazones de los millones de pueblos que sufren la postergación y la pobreza. 

En Chile entraremos en un año clave de definiciones políticas, con elecciones parlamentarias y presidenciales, que harán aumentar las tensiones a todo nivel, acrecentando las descalificaciones que ya son características en el mundo político. En una primera mirada, el 2017 no parece venir a nosotros con mucha tranquilidad, tampoco con promesas de los profundos encuentros que requiere nuestra patria.

Si bien el año que se nos va deja muchas tareas pendientes, es bueno mirarlo con ojos positivos y esperanzados. En muchas áreas se ha avanzado en la tarea de mejorar los niveles de confianza, tan bajos hacia toda institucionalidad, con un esfuerzo especial para mejorar la transparencia, la búsqueda de consensos para la paz, y la protección de los más pobres. Muchas iniciativas se han orientado a mejorar la vida de la familia chilena, en educación, salud, y asistencia, generando caminos que acercan a muchos excluidos a mejores servicios. 

Para el nuevo año debemos seguir esforzándonos en la búsqueda de consensos, promoviendo el diálogo y el encuentro, en medio de la diversidad que nos enriquece. La historia reciente de Chile nos enseña que más se gana con el diálogo y el respeto que con la descalificación y el odio. 

Los derechos de las personas, especialmente los que promueven la vida familiar, la vida, las tradiciones nacionales, habrá que vigilarlos muy bien para que no sean arrebatados de la comunidad nacional por ideologías foráneas que nada construyen ni aportan a la realización plena de las personas. 

La tarea del año que llega en unas horas es la misma de siempre, construir un Chile más justo y feliz, sin dejar de reconocer la contribución que debemos hacer a nivel internacional y solidariamente con otros pueblos. Para alcanzar esta noble meta nadie puede restarse ni sentirse ajeno, pues depende de cada uno de nosotros comenzar a vivir el ideal en los ambientes más familiares, cercanos y cotidianos.

Por sobre todo asumamos, cada uno de nosotros, que el año será lo que le permitamos ser, pues el futuro depende de cómo lo asumimos, nunca olvidando que una vida renovada y ejemplar es el mejor regalo que nos podemos hacer en estas fiestas de fin de año.

Adiós 2016, y gracias por todo lo que nos has regalado y que es reflejo del gran amor de un Dios que nos ama. Bienvenido 2017, con todos tus desafíos y esperanzas, que debemos enfrentar con confianza y unidad.

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