[Editorial] Un año de actividad volcánica

Por: Fotografía: Víctor Orellana 2016-12-29

El sábado se cumplirá un año del establecimiento de la calificación de amarilla para la alerta por el complejo volcánico Nevados de Chillán, debido a que diferentes mediciones constataron que estaba pasando por una etapa irregular en su comportamiento.

Doce meses después la situación eruptiva persiste y las señales permiten inferir que deberemos acostumbrarnos por un tiempo indefinido a considerar la actual situación como “normal”. Así ha ocurrido desde el 31 de diciembre pasado, cuando el macizo registró el primer evento importante de una serie de explosiones que durante este año derivaron en la aparición de cuatro nuevos cráteres, que es donde se concentra en la actualidad la actividad más importante.

Los especialistas coinciden en que es difícil establecer lo que ocurrirá en el futuro, pero hay dos escenarios que aparecen como probables: un comportamiento como el actual, de larga duración y con pulsaciones y emisiones de materiales a la atmósfera y una gran erupción, como las ocurridas en 1906 y 1973, o incluso mayor. Sin embargo, esta última sería menos factible, considerando que en el pasado reciente no existen evidencias, sino que predominan las erupciones sostenidas, como las de 2003 y 2009. Además, una erupción mayor iría precedida de una gran sismicidad, lo que no se ha registrado en la actualidad. Lo anterior es refrendado por el último informe del Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur. 

En la zona del volcán Chillán hay cuatro estaciones sismológicas y dos inclinómetros electrónicos, además de sofisticados equipos de cámaras y radiocomunicación que funcionan ante cualquier evento. Este entramado tecnológico está entregando valiosa información del complejo volcánico cuya área de influencia abarca las comunas de Pinto, Coihueco y San Fabián de Alico. 

Precisamente, al evaluar los cambios tras un año de la alerta amarilla, la existencia de información clara y en tiempo real aparece como un elemento a destacar, pues ha contribuido a reducir la incertidumbre de las personas y su vulnerabilidad ante mensajes alarmistas o espectaculares. 

Los organismos públicos, en tanto, han respetado la información científica y se han situado en su debido ámbito. Se ha visto una adecuada coordinación, favorecida por las características de esta emergencia que ha otorgado más tiempo para planificar e informar a la población. Además, durante 2016 Pinto, Coihueco y San Fabián saldaron por fin su mora en materia de prevención y concluyeron sus planes de riesgo, y los medios de comunicación han actuado de modo responsable, evitando los mensajes alarmistas. 

Pero sabemos también que sigue pendiente la necesidad de avanzar en medidas de ordenamiento territorial, para evitar la instalación de edificaciones en las zonas de peligro, o bien disponer de obras y acciones de mitigación, que incluyan análisis de comportamiento de la ciudadanía, percepciones de temor y respuestas ante situaciones de peligro, entre otros elementos. 

No debemos engañarnos. En un año se ha avanzado bastante, en varios aspectos, pero no podemos negar que aún es incipiente la conciencia y cultura de comportamientos adecuados para enfrentar una eventual erupción del Volcán Chillán. La mayoría de la población sigue oscilando entre la negación y el bajo perfil, lo que resulta un error, pues la realidad es que el macizo sigue activo e inestable.  

 

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