[Editorial] Certezas en Zona de Rezago

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 2016-12-28

Resulta alentador que conceptos como planificación participativa, focalización y articulación de la inversión pública se hayan instalado definitivamente en el trabajo que se lleva a cabo con la Zona de Rezago del Valle del Itata y que ahora cuenta con un presupuesto de 50.075 millones de pesos para ser ejecutados en los próximos tres años. 

Son en total 140 proyectos, provenientes la mayoría de las mismas comunidades que fueron incluidas en la identificación de necesidades y priorización de soluciones.  

En efecto, la metodología usada es un primer aspecto que merece ser destacado, pues amplió la participación a los distintos actores de los diferentes territorios, superando la tradicional mirada -vertical y no siempre acertada- de los alcaldes y gobiernos locales. Incluir a empresarios, gremios y representantes de organizaciones comunitarias y de la sociedad civil, debería traducirse en una mayor pertinencia y por ende, en una inversión más eficiente.

Un segundo aspecto positivo es la focalización, pues la cartera de proyectos a ejecutarse entre 2017 y 2019 no es una sumatoria de iniciativas desconectadas unas de otras, sino que tiene un relato, que es el desarrollo productivo como eje estratégico para mejorar la calidad de vida de los habitantes del Valle del Itata. Por lo mismo, se definieron tres ejes temáticos que se subdividen en sectores más acotados, de tal manera que las inversiones se dirigirán a potenciar el turismo, la agricultura campesina, vitivinicultura, educación, capacitación, saneamiento básico, conectividad vial y digital e infraestructura pública. 

Por último, un tercer aspecto a destacar en esta planeación financiera es la articulación y coordinación de diferentes agencias estatales y programas, a fin de garantizar los recursos. De esta forma, el presupuesto trianual conocido el pasado lunes considera aportes del programa Zona de Rezago, del Gobierno Regional y de los diferentes ministerios, siendo el más relevante el de Obras Públicas, pues la vialidad es precisamente una de las principales brechas que debe superar este territorio. 

De esta forma, el programa dibuja por primera vez un horizonte concreto de inversiones que beneficiará a nueve comunas que se ubican en el secano de Ñuble (Cobquecura, Coelemu, Quirihue, Quillón, Ránquil, San Nicolás, Ninhue, Trehuaco y Portezuelo) que exhiben serios problemas de pobreza (8 se ubican entre las 100 más pobres de Chile), desempleo, acceso a servicios básicos y conectividad (7,5% de la población vive aislada y los caminos pavimentados no superan el 17%).

Debemos entender, eso sí, que la positiva certeza que otorga esta definición presupuestaria no servirá de nada, si no hay un eficiente trabajo sectorial y sobre todo municipal, pues la ejecución efectiva de una buena parte de los 140 proyectos priorizados requiere que los gobiernos locales hagan bien el trabajo técnico que les corresponde en materia de diseño, licitación y ejecución de estas iniciativas. 

Por otra parte, es de esperar que la billetera fiscal no sufra nuevos ajustes que signifiquen postergar inversiones y en caso de que ocurra, que tengamos una representación política que, efectivamente, las defiendan.    

Los problemas del Valle del Itata no se solucionan con 50 mil millones de pesos, pero es un buen inicio. Para estar optimistas sí, mas no para caer en el triunfalismo ingenuo y menos en la pasividad que tantas veces nos ha pasado la cuenta. 

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