Caballos corraleros: negocio en torno a la pasión por las tradiciones

Por: José Luis Montes 08:00 AM 2016-12-26

Iván Merino Márquez conocido martillero nacional con residencia en Chillán, dedica parte importante de su vida a la crianza de caballos corraleros, y con él conversamos de este singular negocio, en donde la rentabilidad no es lo más importante, porque, nos señala, que exige pasión, paciencia y mucho tiempo ya que un producto, requiere a lo menos 8 años para saber si va a ser de la calidad esperada, lo que se tiene que demostrar en la medialuna.


Pero al igual que los caballos de carrera algunos tienen su “domingo 7”: “Uno trata de financiar con otras actividades relacionadas. Pero en 1986, hace 30 años, tuve un potro que fue extraordinario, pero muy agresivo. Lo tuve que castrar. Ya como caballo lo vendí en tres millones, en ese tiempo, y compré  un departamento en Schleyer; 60 vacas paridas en la feria y una citroneta una AK6.  Últimamente he vendido caballos en $12 millones, 8, 6 y 3, depende de la calidad”.


Partió con su criadero el año 1974 y solo llegó con una collera al Champion de Rancagua el año pasado con el potro “Vigor” y la yegua “Rebuscada”, que fueron los mejores de Ñuble, lo que sube de categoría a su corral. Márquez tiene la particularidad de ser el mismo el preparador de su criadero y sus hijos Iván y José Alfredo lo han ido reemplazando en la medialuna.


Amor por los caballos
“En esto prima el amor al caballo envuelto en las tradiciones. Yo fundé mi criadero no por negocio y nunca lo pensé así. Mi criadero lo desarrollo,  lo perfecciono por interés de competencia deportiva”, y nos explica que en los criadores de Ñuble hay dos líneas, los que buscan morfología y los que buscan caballos ”buenos para la vaca”.  Se trata de dos líneas muy diferentes, que se han apoyado primero en el rodeo y también en las exposiciones y nuevos deportes como La Rienda Ecuestre, surgida hace 20 años o la Rienda Olímpica que es más nueva en Chile.


Señala que su crianza que abarca entre 40 y 60 caballos,  no es de las más grandes y destaca entre los criaderos al Muticura de San Carlos:  “Es uno de los importantes, porque es el más antiguo, con más historia, con más tradición. Hizo aporte al caballo chileno. En  los años 50 al 60 todo lo que se fue al sur salió de acá de San Carlos”, afirma agregando que también es meritorio lo de Julio Guíñez del criadero “Buen Recuerdo”, lo de Leopoldo Muñoz que en vida tuvo un criadero comercial  con énfasis en la morfología y el de su gran amigo de toda una vida Mateo Rodríguez.


Merino, recuerda un momentos del pasado y nos comenta que empezó en la medialuna joven por allá por el año 1958: “Ahora soy el corredor activo más viejo de Chillán”.


Respecto a las sangres de los caballos pura sangre chilenos: “Tengo de todas las sangres. No es difícil buscar de todo hoy. Uno busca combinaciones. Las sangres básicas chilenas, líneas  del Estribillo y de los Tacos,  los más repetidos. Al lado de esos los Colibrí, los Rotosos. Hubo una línea que se ha perdido los Andrajos, caballos más rosillos de más carne. También apareció una línea interesante del Criadero Peleco, los Morcachos sin  sangre de Estribillo ni Taco”.


NO HAY CRIADEROS COMERCIALES
Julio Fernández comentarista chillanejo,  especializado en Rodeo, conductor del programa radial Entre Quinchas, afirma que en Ñuble no hay criaderos comerciales de caballos chilenos: “Los que crían no viven de eso, son contados los que venden, aunque los que tienen las mejores líneas hacen remates como Muticura y Buen Recuerdo”. 


Señala que los costos de los caballos son variables, ya que una monta de un potro vigente en las medialunas para cubir o preñar una yegua, puede ser de $800 a $1 millón y en los ranqueados de buena línea esto puede subir a $2 o 2,5 millones y en un potro inscrito, pero no conocido, no puede ser de $300 mil.


Un potro de buena sangre y bueno en la medialuna puede costar entre $13 a 15 millones. Entre los animales ranqueados de Ñuble señala que hay muchos que destacan en movimiento a la rienda  y recuerda productos de Mateo Rodríguez, “Chao no más” campeona nacional de la Rienda;  de Rafael Fuentealba, “Azucarate” y “Salamera” de Muticura. 


Comparte con Iván Merino, que la crianza es una forma de mantener las tradiciones, la amistad y el patriotismo que se da fuerte entre las personas que viven en torno al rodeo.

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