“En inundaciones nadé de un extremo a otro para rescatar gente"

Por: Susana Núñez Fotografía: Mauricio Ulloa 03:45 PM 2016-12-24

En su “segundo hogar”, en el que ha pasado 70 años de su vida, ha demostrado tener una vocación de servicio y un compromiso a toda prueba.

Es esa trayectoria y lealtad en el Cuerpo de Bomberos de Chillán la que ha convertido al sancarlino Fernando Concha Poblete en el voluntario de mayor antigüedad de la institución, donde a sus 88 años ejerce el rol de Superintendente Honorario y Bombero Insigne de Chile. 

Su experiencia lo ha llevado a asumir por 25 años la superintendencia, tras elecciones libres y democráticas, un récord que comenta con orgullo.

Su desempeño no solo ha sido destacado entre las filas de Bomberos, ya que en 1992 este vecino del sector de Quilamapu abandonó el trabajo activo en las emergencias y fue elegido concejal de Renovación Nacional por Chillán durante dos periodos consecutivos. No quiso seguir una carrera por el sillón alcaldicio, porque no está de acuerdo con “eternizarse en los cargos públicos”.

Fue a los 18 años que decidió ser bombero y dedicarse a la contabilidad y a la administración, conocimientos que lo llevaron a desempeñarse más tarde en la Dirección de Crédito Prendario de Chile y también en la administración de los colegios Seminario Padre Hurtado y San Vicente, labores que logró compatibilizar en la medida justa con la vida familiar y sus deberes en el cuartel.

De los tres hijos que tuvo con su esposa Mariluz Jordano, Fernando, Alejandro y María Carolina, los dos hombres siguieron su pasión, pero no con la misma fuerza e ímpetu que él, ya que más tarde los estudios se impusieron sobre la actividad bomberil,  que requiere de una constante capacitación en la Academia Nacional de Bomberos.

Recuerda que sus primeros pasos fueron en tiempos difíciles, donde el amor por la institución debía superar todo tipo de adversidades.

“Cuando ingresé el 6 de abril de 1945 era muy difícil, porque en esos años venía el  mundo saliendo de la Segunda Guerra Mundial y había mucha escasez de material. Teníamos modestos carros de bomberos, modelo 1930. Nosotros costeábamos nuestros uniformes, muy pobre por lo demás, todo lo conseguíamos con mucho esfuerzo”, comenta Fernando.

No fueron pocas las veces que puso en riesgo su vida, ya que tuvo que acudir al menos a 50 emergencias como mínimo al año durante su permanencia activa en la unidad. Cuenta que el trabajo en esos años era muy artesanal, a pulso y sobre todo abnegado.

“En inundaciones masivas,  cuando se desbordó el Canal de la Luz, tuve que nadar de un extremo a otro para rescatar gente que pedía auxilio y con uniforme era muy difícil. Una vez tuvimos un incendio muy grande en Coelemu, no habían caminos, por lo tanto, nos tuvimos que embarcar en un carro ferroviario y así pudimos llegar. También después del terremoto de 1939 se construyeron muchas casas de madera, y en ese tiempo no había guardia nocturna, entonces hubo muchos amagos que se transformaban en grandes incendios”, narra.

Pero no solo hubo momentos grises y sacrificados en el cuartel, también vivió instancias alegres que hoy recuerda con más de una sonrisa.

“Una vez hubo una alarma de incendio, un amago en el ‘Comercial’. No especificaron y en la premura despacharon una máquina al Club Comercial y los bomberos tiraron las mangueras al interior cerca de la orquesta, donde había un gran baile, fue gracioso, porque estaban en plena fiesta. El incendio era en el Instituto Comercial, donde se quemó un pabellón completo, eso fue como en 1959”, recuerda.

Vida familiar y social
Fernando Concha reconoce que a pesar de gozar de buena salud,  se ha retirado lentamente de la vida social, y sus participaciones en el cuartel solo se reducen a las reuniones importantes, ya que dice estar cansado y busca refugiarse en la lectura de la historia universal y en su vida familiar para disfrutar de sus 11 nietos y ocho bisnietos.

En su corazón también hay espacio para el fútbol, el cual  está dividido entre la Universidad Católica y Ñublense, pasión que siempre estuvo presente en la institución, donde cuenta que eran frecuentes los partidos con las entidades locales, donde los bomberos mojaban la camiseta. Ahora los disfruta, pero fuera de la cancha.

Mirando el largo camino recorrido, comenta que el 24 de enero cumplirá los 89 años y espera que el sueño regionalista de Ñuble se convierta en una realidad, ya que, dice, se favorecerán los intereses de los bomberos locales. “Vamos a tener más peso en la directiva nacional”, advierte con satisfacción Fernando, quien a futuro desea ser recordado como un servidor, consciente de lo que hizo y responsable ante todo.

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