“Lo de Punta Peuco confirma que a nadie le importamos nunca"

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Fernando Villa 03:40 PM 2016-12-24

Sentada en una banca, en la Plaza de Armas, frente a la municipalidad, estaba escondiéndose del calor la presidenta de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos de Chillán, Rosario Peña.

A unos cuantos metros de esa misma banca está la Corte de Apelaciones, instancia que no genera muy buenas impresiones en ella. Su mirada se lanza un segundo al principal tribunal de Ñuble, para enumerar de memoria las veces en que  los acusados por violaciones a los derechos humanos, torturas, homicidios y secuestros han salido con lo que es, a su juicio, “penas irrisorias o simplemente  en libertad”.

El tema obligado era lo que en estos días se desencadenaría en la cárcel de Punta Peuco, y la actitud de algunos de los encarcelados que pidieron perdón ecuménico por estos hechos durante la dictadura, y el que en la lista no figure ninguno de los que estuvieron relacionados con los crímenes en Ñuble.

Pese a que fue el mismo presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmestch, quien descartó que tal acto pueda generar efectos judiciales, para Rosario Peña “esto es algo que para nosotros será inútil, puesto que se tratará de una ceremonia privada en que tampoco hay seguridad de que los testimonios que le puedan dar al sacerdote que va a realizar esa ceremonia, se puedan revelar al Gobierno”.

Rosario Peña hace una pausa y un gesto en su rostro revela que en su interior se desata una lucha feroz y breve entre el “lo digo o no lo digo”, donde el primero resulta vencedor.

“Le voy a decir algo, y sé que es feo que lo diga, pero al principio, cuando comenzamos con esta agrupación hace más de 43 años, teníamos la convicción de que algún día sabríamos qué pasó con nuestros esposos, con nuestros hermanos, padres o hijos. Creíamos en la Justicia, en los gobiernos de la Concertación y ena el Poder Judicial. Por eso al principio éramos más de 90 personas en la agrupación. Hoy somos 10, y eso, porque a las reuniones con suerte llegan seis personas”, dice con la voz arrastrada y algo contenida.

Según ella, la desmotivación, los fallos de la Justicia que les ha significado condenas insatisfactorias “y el que ningún Gobierno se haya puesto la mano en el corazón, fue desmotivando a la mayoría, otros murieron sin saber la verdad y hoy, los que aún quedamos lo hacemos porque somos las pulgas en la oreja que se resisten a rendirse, pero estamos cada vez con menos herramientas, con menos esperanza”.

Otra arista es el apoyo que el propio Dolmestch entregó a los parlamentarios de oposición para que aquellos encarcelados en Punta Peuco, que se encuentren con enfermedades terminales, puedan salir en libertad. 

Pese a esto, también se estudia el que puedan continuar con la pena bajo el beneficio de arresto domiciliario.

“En el Gobierno lo único que quieren es que esto se cierre luego, que no molestemos más. Creen que con instalar memoriales para que vayamos a llorar una vez al año, basta y sobra. La verdad es que ese apoyo y lo de Punta Peuco, ahora, es la confirmación de que nunca le importamos a nadie. Somos como algo decorativo, parte de un museo, pero no somos personas que puedan exigir justicia”, zanjó la presidenta de la agrupación.

“El perdón lo damos nosotras”

Para Teresa Retamal, otra  de las integrantes de la agrupación que aún persisten en reunirse, el perdón que pidieron los internos de Punta Peuco, “no vale de nada, si antes no nos dicen dónde están nuestros familiares, es irrisorio pedir perdón si por otra parte no han querido ayudar a encontrarlos, es ridículo y no entiendo cómo la Iglesia se presta para esto, el real perdón lo damos nosotros, los familiares de quienes fueron asesinados por ellos”.

Teresa comparte con Rosario que las fuerzas se acaban junto a las esperanzas 

Dentro de las personas que pidieron perdón el pasado jueves en Punta Peuco, no figuraba el general Patricio Jeldres, condenado a tres años y un día por la muerte del ex alcalde de Chillán, Ricardo Lagos, su esposa, Alba Ojeda y su hijo, Carlos.

“Eso de pedir perdón es solo una estrategia comunicacional para quedar bien con la gente y ya hay quienes lo aplauden. De verdad cada vez nos va quedando menos de qué aferrarnos”, finalizó.

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