La muñeca inflable y el negro de WhatsApp

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-12-19
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Roberto Fantuzzi no solo es el presidente de Asexma, sino que es un personaje notable por su dinamismo para impulsar emprendimientos de los ciudadanos, apoyar a la pymes y promover la manufactura nacional.

Hace 25 años fue uno de los primeros empresarios por apostar a la rehabilitación de los presos a través del trabajo. Instaló una fábrica al interior de la ex Penitenciaría. 

Este tipo excepcional hoy está en el ojo del huracán. Su exacerbado sentido de humor le jugó una mala pasada. Se le cruzó una muñeca inflable, para estimular a economía, según dijo. 

La muñeca de Fantuzzi no solamente ofendió a las mujeres, sino que al propio ministro de Economía y a los empresarios, que al parecer son incapaces de conquistar a una muñeca de carne y hueso y tienen -según la óptica de Fantuzzi- que recurrir a estos artilugios propios de escenarios sórdidos y decadentes. 

La muñeca salpicó para todos lados. 

Me pregunto qué habrían ocurrido si en vez de una muñeca inflable hubiese traído  una foto del negro del WhatsApp (ojo hace un tiempo regaló un indio pícaro y nadie dijo nada), el mismo que caracterizaron en la Teletón para atraer recursos para niños discapacitados, los que fueron exhibidos hasta la saciedad en medio de un desfile de una buena cantidad de vulgaridades. 

Somos muy hipócritas, sonreímos en privado y condenamos en público. A lo mejor hemos dejado pasar una vez más una oportunidad para reflexionar sobre la calidad de nuestra acción pública y de la (in) coherencia entre lo público y lo privado. 

Sonreímos mientras nadie no vea. Condenamos al negro del WhatsApp y cuanta pornografía circula por la red, mientras nadie vea nuestros teléfonos. 

Chistes sexistas, machistas, de mal gusto y ordinarios, chistes ofensivos para nuestros dirigente políticos y en particular para nuestra Presidenta,  circulan por la red de manera masiva. En público todos condenan, en privados muchos sonríen, celebran y comparten. Parlamentarios que parecen monjes contra la corrupción mientras no los pillen, desaparecen de los medios que antes copaban con su perorata puritana. Otros se quejan porque sus juicios son públicos y así, parece que estamos cooptados por una hipocresía desatada. 

El problema de fondo es distinguir entre  lo público y lo privado, dónde están los límites. Y este estándar es para los actores públicos, no para el ciudadano común y corriente que tiene derecho a su privacidad a todo evento. 

No ocurre lo mismo con los denominados hombres públicos, no pueden ni deben  decir algo en privado y hacer algo muy distinto en público o viceversa. No es aceptable que quien dice querer lo mejor para su país tenga sus inversiones en paraísos fiscales para pagar menos impuestos. No puede ser que quienes se declaran con una irresistible vocación de servicio público, terminen arrastrando a compinches y amiguetes sin ninguna opción por la calidad. 

Ante tanto doble discurso, la muñeca inflable y el negro del WhatsApp parecen situarse en ámbito del mal gusto y la ordinariez,  nada más.

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