Los jóvenes ante el valor del esfuerzo personal

Por: Germán Gómez Veas 2016-12-16
Germán Gómez Veas

Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial.

Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial.

Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial.

A propósito de que muchos estudiantes secundarios y universitarios han finalizado su año lectivo, me he dado cuenta, una vez más,  que muchos de ellos no valoran ni el esfuerzo ni el sacrificio personal en relación con las metas propias de su nivel de estudio.

Ahora bien, esta situación resulta inquietante aunque no sorprendente. No sorprende porque las coordenadas de los tiempos que corren van por el camino de lo rápido, de lo desechable, de lo fatuo, y también por la vía de lo fácil. Tampoco sorprende si nos situamos en una era en que se ha amplificado una cultura que evita reconocer el valor intrínseco de las cosas. Ambiente cultural que ha sustituido, en muchos aspectos, el principio del hacer bien hecho por una perspectiva que concibe que las cosas se pueden realizar de cualquier forma, sin ponderar su excelencia, ni su calidad, tampoco la originalidad o su índole de permanencia, despreciando en la práctica, la dignidad que deberían contener o comprometer.

Pero lo inquietante de esta situación, es que estamos corriendo el riesgo de que las próximas generaciones renuncien, sin ningún sentido, a la dimensión humana que podría hacer de nuestra Nación no solo un país desarrollado, sino que antes que todo, un mejor lugar para habitar. 

Al respecto, sería muy conveniente que los adultos seamos más eficaces en procurar que los jóvenes internalicen con mayor profundidad el valor insustituible e inevitable que tienen el esfuerzo y el sacrificio. ¿Cómo podemos hacerles comprender que en gran medida, alcanzar logros personales implica disponer de tenacidad, entereza, deseo de superación, como también supone tener ilusión y sueños? 

Porque quien es tenaz, es perseverante y no se debilita fácilmente ante los obstáculos que puedan ir apareciendo en el camino. 

En este aspecto conviene tener presente que quien es firme y constante, como afirman muchos pensadores clásicos, descubre por sí solo, cómo avanzar por el camino en que se encuentra transitando. 

De igual modo, los adultos tenemos el urgente desafío de hacerles ver a los jóvenes que los logros personales no son cuestiones fáciles de conseguir, y que por ello requieren, usualmente, del carácter suficiente tanto para actuar en base a las convicciones personales, como también para acceder, en simultáneo, a conquistar aquellos desafíos que se nos plantean como nuevas metas o requisitos que, en cada caso, no se habrían formulado convenientemente al inicio del camino. 

Llegados a este punto, es oportuno aclarar, para quienes piensan que los asuntos arduos, trabajosos, difíciles, o complejos, serían algo que hay que hay que evitar, que esforzase es una condición humana positiva y necesaria.

En efecto, esforzarnos es positivo porque así sembramos en nuestra voluntad valores infalibles para poder vivir: disciplina, perseverancia, autocontrol, y humildad. Al mismo tiempo es necesario simplemente porque somos ni más ni menos que humanos. 

Es por esto que resultaría contrario a la naturaleza humana pretender lo contrario, esto es, que las cosas resulten ser fáciles, o que sean cómodas, ligeras, complacientes, u obvias.

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