Tolerancia Nº 12

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-12-14
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

En reciente entrevista el Venerable Maestro de la Logia Tolerancia Nº 12, primera logia fundada en Chillán hace 140 años, en 1876, da cuenta de una fructífera labor en favor de la comunidad.  

Nace solo seis años más tarde que el diario La Discusión de Chillán, el segundo diario más antiguo de Chile después del Mercurio de Valparaíso, y el segundo del Hemisferio Sur. Aquellos masones chillanejos, crean una logia en un ambiente de creciente tensión entre la herencia liberal francesa de la masonería chilena, y la resistencia de la Iglesia conservadora a la secularización  de la sociedad. 

No era fácil ser masón en aquella época, las fuerzas progresistas y laicas que representaba  la naciente masonería chilena, colisionaba con la resistencia de la Iglesia a abandonar las grandes cuotas de poder que conservaba desde los albores de la República. En efecto, el Artículo 5 de la Constitución  vigente en ese momento que data de 1833, señalaba expresa y tajantemente:” La “relijión” de la República de Chile, es católica apostólica y romana, con exclusión de ejercicio público de cualquier otra.” De modo que el ser masón era en la práctica una actividad en abierta oposición al régimen establecido. 

La masonería chilena había nacido con la impronta francesa, laica y republicana. Por ello el aporte que ha hecho la Logia Nº 12 al desarrollo de la provincia y futura región, con sello republicano y de vocación de servicio público, y que magistralmente ha resumido su Venerable Maestro, es notable. 

Sabemos de muchos masones de esa logia que anónimamente destinaron parte  sus propios ingresos profesionales para contribuir al financiamiento de algunas de las obras reseñadas. Se trata de una época que en que la sociedad chilena, el Estado y los ciudadanos tenían una marcada vocación de servicio en favor del comunidad. Vocación desinteresada y con la mirada puesta en el futuro. 

Es la época más fructífera de la masonería chilena, la consolidación de un estado solidario, fuerte e influyente, parece ser el escenario más propicio para la acción benéfica y constructora de los masones. Lo público, la política, la filantropía encuentra en muchos masones chillanejos, formidables constructores del futuro. Tal como lo afirma el Venerable Maestro, incluso se adelantan a la creación, por parte de estado de algunas instituciones en el ámbito de lo social

Pero toda evocación carece de sentido si no va acompañada de una mirada al futuro.  “Escuchar los susurros del pasado para mirar al porvenir” es un principio necesario que los masones debemos asumir en esta hora y edad. Hoy la sociedad y el mundo son muy diferentes a aquel escenario propicio  para una acción masónica fructífera, propia de los primeros dos tercios del siglo XX. Una comunidad atrapada por el consumismo,  el individualismo y con una mirada cortoplacista, representa un desafío de una magnitud similar al que enfrentaron aquellos masones que fundaron la Logia Tolerancia Nº 12, y que junto a sus predecesores estuvieron a la altura de las circunstancias. 

La reflexión  filosófica, el estudio de la historia y las ciencias, la búsqueda de la verdad, carecerían de sentido si no tienen un reflejo en un aporte concreto en favor de la comunidad. Sin embargo,  la lucha diaria e implacable por tener una vida digna, por asegurar un futuro que siempre parece ser incierto, nos consume buena parte del tiempo  real. Por lo mismo, no es fácil ser masón hoy en día. La libertad, igualdad y fraternidad en los tiempos actuales exige no solo desprendimiento, sino que mucha constancia y -por qué no decirlo- una buena dosis de coraje.

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