Discursos antiinmigrantes: ladrillos para el muro

Por: María Loreto Mora Olate 2016-12-10
María Loreto Mora Olate
Dra. (c) en Educación. Universidad del Bío-Bío. Becaria Doctoral Conicyt.

Profesora de Castellano, Licenciada en Educación y Magíster en Educación. Universidad del Bío-Bío. Máster en Asesoramiento Educativo Familiar. Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense. Madrid. Diplomada en Fomento de la Lectura y la Literatura Infantil y Juvenil. Pontificia Universidad Católica. Docente Facultad de Educación y Humanidades de Universidad del Bío-Bío. Chillán. Investigadora de la revista cultural "Quinchamalí".

La representación de Chile en el escenario latinoamericano, asociada a imágenes de bonanza económica y seguridad social ha derivado que nuestro país se está transformando en un destino atractivo para la inmigración.  Si bien es cierto, los movimientos migratorios nos acompañan desde los inicios de los tiempos, en lo que va de este año ya se ha hecho frecuente ver noticias acerca de este fenómeno en diferentes soportes mediáticos masivos, que ponen sobre la mesa las problemáticas que viven las personas que inician sus proyectos migratorios en nuestro país y que en síntesis, develan las paradojas de los acuerdos internacionales suscritos y de la leyes chilenas y que en definitiva contrastan con la imagen de país boyante.


Al mismo tiempo, estos últimos días, desde las voces de candidatos presidenciales, los inmigrantes han sido el leitmotiv de la agenda noticiosa, pero en sentido negativo. “Muchas bandas de delincuentes en Chile son de extranjeros”, generaliza Sebastián Piñera;  “Migrante que delinque, migrante que es expulsado” y “chilenizar a los extranjeros” es la propuesta asimilacionista de Manuel José Ossandón.  Alejandro Guillier tampoco sale ileso, si recordamos sus dichos del año 2013 en su candidatura a senador, donde culpa a los colombianos del deterioro de la calidad de vida de los antofagastinos.


A nivel local, el domingo pasado se lee en este diario: “Casi el 30% del comercio ambulante del centro de Chillán sería ilegal”, titular que va acompañado de una fotografía en blanco y negro, que retrata a media página una vendedora ambulante cuyo atuendo devela su nacionalidad ecuatoriana, Paradojalmente, el cuerpo de la noticia se refiere en dos líneas a los vendedores ambulantes extranjeros a través de la voz policía. Como el lector común solo lee los títulos y mira las fotografías, llegará a una conclusión errada: que ese 30% corresponde a los ambulantes extranjeros, construyendo una  imagen reduccionista del inmigrante,  asociada al ejercicio de una actividad ilícita. No necesitamos que la prensa siga alimentando prejuicios, ya tenemos de sobra. 


Los discursos provenientes de  los ámbitos políticos y periodísticos, donde predominan aseveraciones sin respaldo de estadísticas, falacias de generalización, ya sea en texto o en imágenes, constituyen simbólicamente ladrillos para el muro, al más puro estilo de Donald Trump. Un muro que a su vez es un espejo de lo que somos como personas y ciudadanos, producto de una educación monocultural y que valida un determinado conocimiento, el de origen europeo. Sin duda seguimos colonizados y siendo parte de un pueblo latinoamericano que está al sur de Estados Unidos, parafraseando a “Los Prisioneros”. 


Ahora suena “Si vas para Chile” de Chito Faró, que conforme a los últimos acontecimientos me llevan a concluir que la descripción bucólica del paisaje de la zona central de Chile que presenta en su vals, no ha hecho más que alimentar el mito del carácter  hospitalario de chileno con el verso “Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, y que más bien ha encubierto nuestro racismo y subordinación hacia “el otro”, aquel de rasgos caucásicos y con pensamiento occidental, cayendo así en un poco inteligente ejercicio desligitimador de nuestros saberes y de menosprecio hacia nuestra identidad latinoamericana.

 

Comentarios