Mercado triguero

Por: La Discusión 10:45 AM 2016-12-09

Las distorsiones en el precio interno del trigo han sido una constante en los últimos años, que se ha acentuado con la importación (principalmente de cereal argentino) por parte de los molinos, resultando damnificados los agricultores, quienes han planteado desde hace dos décadas y en todos los tonos, la necesidad de que el Estado intervenga el mercado para mejorar la manipulación de los precios que se les pagan. 


La respuesta del Gobierno, en 2011, se encaminó por la institucionalidad y fue desempolvar la oxidada estructura de Cotrisa (Comercializadora de Trigo S.A.), empresa controlada por Corfo (97,24%) y creada en 1986, que tiene por misión apoyar el funcionamiento transparente y competitivo del mercado interno de granos (trigo, maíz, arroz y avena). Sin embrago, en la práctica, dicha entidad no ha cumplido su objetivo social y los molinos han adoptado prácticas que atentan contra la libre competencia y distorsionan los precios. 


Esta desviación no es novedad para nadie, pero esta vez sí sorprende que sea el mismo Gobierno el que contribuya a ello, después que Odepa y Cotrisa establecieran un costo alternativo de importación del trigo (Hard Red Winter) que sirve de referencia a los agricultores y que es menor en 2 mil pesos por quintal, lo que le da un argumento categórico a las molineras para jugar con ese valor y manejar a la baja el precio interno. 


Tal distorsión es la coyuntura que hoy moviliza a los trigueros, pero hay también un factor en extremo preocupante y que corresponde al desincentivo que estas desviaciones producen en el mediano y largo plazo. Es ahí a donde apunta el reclamo del histórico dirigente Fernando Serrano, que vuelve una vez más al ruedo gremial después de sucesivos retiros. 


Apasionado en su defensa, pero no por ello equivocado, Serrano plantea que el grano para países como Estados Unidos es un tema de seguridad nacional. Su defensa hoy convoca a 12 comunas de Ñuble y junto a él están los líderes de los principales gremios agrarios de la zona. Su primer objetivo es reunirse con el ministro de Agricultura Carlos Furche, a fin de exponerle la situación, pero en caso de fallar esa instancia anuncian protestas y cortes de rutas. 


Se podrá estar o no de acuerdo con el estilo de Serrano y su predilección por la movilización gremial, pero en lo que no se equivoca es en el diagnóstico de un mercado muy imperfecto, donde el escaso número de compradores (molinos y corredores) facilita la colusión frente a un atomizado grupo de productores, sobre todo pequeños, sin ningún poder de negociación. 


Lamentablemente, hay una alta probabilidad que los reclamos de este nuevo frente gremial no tengan éxito, pues dentro de un par de días se dará inicio a las cosechas y los trigueros locales se encontrarán con que los molinos ya han comprado trigo importado y no tendrán más opción que vender al bajo precio que les ofrecen. 


También hay una alta probabilidad que se repita el rito de la intervención de Cotrisa, fallido siempre porque solo compra a pequeños productores beneficiarios de Indap, que son un porcentaje menor dentro del universo y porque suele ser tardía, restándole fuerza al efecto que se quiere generar. 


Después de tantos años de constatar lo mismo, debería aceptarse que se requiere un instrumento diferente a Cotrisa, que sea más eficiente, con mayores recursos (dinero que finalmente recupera con utilidades al vender lo comprado) y con un campo de acción más amplio, es decir, que abarque a un mayor número de beneficiarios, incluidos los medianos. Si Chile desea competir en las grandes lides de la industria alimentaria, debe fortalecer su agricultura, y eso, sin el apoyo del Estado, solo será un sueño.

 

 

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