“Comercio justo” gana espacio en la industria agroalimentaria de Ñuble

Por: Roberto Fernández Fotografía: Mauricio Ulloa 11:15 PM 2016-12-03

Muy lentamente, los conceptos “comercio justo” y “sustentabilidad” comienzan a ganar su espacio en el sector agroalimentario local. Si bien los ejemplos no son abundantes en la Provincia de Ñuble, existe un creciente interés de parte de algunas empresas por pagar precios “justos” a productores y trabajadores, así como también por el impacto social y ambiental de los procesos productivos.

De hecho, en el reciente seminario “Alimentaria Chillán 2016” organizado por la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción, Ideolab y LA DISCUSIÓN, una de las ponencias destacadas fue la de Ricardo Eller, socio fundador de la empresa familiar Orgánicos Brita, de Pinto, la única de la Región del Bío Bío que cuenta con la certificación de “Empresa B”.

Una “Empresa B” es un tipo de empresa que utiliza el poder del mercado para dar soluciones concretas a problemas sociales y ambientales. Opera bajo altos estándares sociales, ambientales y de transparencia considerando no solo los intereses financieros de sus accionistas, sino también otros intereses y de largo plazo, tales como la de los empleados, los proveedores y clientes, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente.

En el caso de Orgánicos Brita, firma elaboradora de mermeladas y conservas de berries orgánicos destinados a la exportación y al mercado interno, Eller explicó que “somos agricultores orgánicos certificados, utilizamos mayoritariamente energía solar en la agricultura y en los procesos en nuestra fábrica de mermeladas, jugos y repostería. Cuidamos los recursos naturales midiendo nuestro impacto medioambiental (huella de carbono y agua). Además, nos abastecemos principalmente en forma local, conocemos personalmente a nuestros proveedores y pagamos precios justos por sus productos y servicios. También ayudamos a algunos de nuestros proveedores a vender sus productos, ya sea en nuestra propia tienda en Pinto o en tiendas que distribuyen los productos Brita”. 

El empresario subrayó que “creamos trabajo estable durante todo el año en una zona rural, donde los trabajos son principalmente estacionales. Con las medidas anteriores aportamos con nuestro grano de arena para evitar migraciones a las grandes ciudades”. 

Eller explicó que “para lograr la certificación B debimos someternos a un exhaustivo ‘screening’ de toda la empresa, incluyendo gobernanza, relación con trabajadores, la comunidad y el medio ambiente. Nos certificamos por primera vez durante 2014 y este año obtuvimos la recertificación”.

Consultado por la lenta adopción del concepto de “comercio justo” y el escaso desarrollo de las “empresas B” en la Provincia de Ñuble, Eller manifestó que “a pesar de que ya somos cerca de 100 empresas B en Chile, hasta la fecha somos la única empresa B en toda la Región del Bío Bío. Hay varias razones para explicar lo anterior. Primero, que el movimiento en Chile es relativamente nuevo (2012) y como muchas cosas en nuestro país, está centralizado en Santiago. Además, por falta de personal y recursos, todavía hay poca difusión por parte de representantes de Sistema B en regiones”.

Comercio justo
El “comercio justo” o “fair trade”, es un concepto que va mucho más allá del marketing, sino que constituye una filosofía que apunta a la sostenibilidad ambiental y social, que poco a poco se abre paso en la agricultura familiar campesina de la Provincia de Ñuble, y constituye una oportunidad real de acceder a condiciones de comercialización más equitativas, con un trato justo para proveedores y trabajadores, en armonía con el medio ambiente.

Sin embargo, el modelo es efectivo solo en la medida que los consumidores estén dispuestos a pagar un “precio justo” por estos productos, tendencia que se observa con mayor fuerza en los países desarrollados, como Estados Unidos, Canadá y Europa.

Según explicó el seremi de Agricultura, Rodrigo García, “el comercio justo se basa en una relación comercial que se fundamenta en valores de respeto, transparencia y diálogo. Tiene gran reconocimiento en Europa y en el Hemisferio Norte en general y promueve los derechos de las personas y el trato justo con los trabajadores, proveedores y el medio ambiente”. De esta forma, “las agrupaciones que mantienen los estándares exigidos reciben un sobreprecio también llamado Delta o prima que se paga al grupo de trabajadores”.

Para explicar de manera gráfica el concepto de “comercio justo”, Eller lo ejemplifica así: “nosotros compramos la leche para la producción de manjar de pequeños productores locales, que reciben un valor inferior a $200 por litro si le venden a la industria láctea. Con ese valor, el pequeño productor que produce menos de 50 litros diarios, difícilmente puede mantener dignamente a su familia y menos alimentar bien a sus vacas. Por eso nosotros le pagamos el valor equivalente a lo que nos costaría comprar un litro de leche en el supermercado, es decir, actualmente alrededor de $700. Así aseguramos que el pequeño productor pueda seguir produciendo leche de “vaquitas felices” y nuestros clientes puedan disfrutar el manjar producido con esa leche en Brita”. 

En ese sentido, García expuso que “como Secretaría Regional estamos promoviendo avanzar en la dirección de incentivar la incorporación de productores en comercio justo. Por ejemplo, observamos un potencial importante de que los viñateros del Valle del Itata, eventualmente,  podrían acceder a estos mercados. Conocemos la experiencia de la Región del Maule, que les ha ido bastante bien, sabemos de productores de uvas similares a las del Itata que han aumentado el valor de la uva País de manera significativa. En Ñuble ha ocurrido algo similar con un grupo de viñateros de Coelemu, quienes están certificados desde 2014 y han aumentado en un gran porcentaje el valor de su producción. Si un grupo se organiza y arma una cadena comercial en comercio justo, puede lograr importantes diferencias de precio”.

El ejemplo que menciona la autoridad corresponde al de un grupo de viñateros de Guarilihue, quienes agobiados por los irrisorios precios que pagan los poderes compradores por la uva vinífera, que no alcanzan a cubrir ni siquiera los costos de producción, dieron un salto relevante en 2014, cuando se asociaron  y crearon la empresa Moscin, y comenzaron a vender parte de su producción de uva Moscatel a la Viña Miguel Torres bajo la modalidad de “comercio justo”, materia prima con la que se elabora el premiado vino “Días de Verano”, que cuenta con el sello “Fair for life”, de comercio justo, entregado por la certificadora IMO. Este sello también lo entregan las firmas WTFO y FLO-Cert.

Estos pequeños productores de Guarilihue adoptaron los principios del “comercio justo” como una alternativa no solo para subsistir, sino que para invertir y crecer, lo que se tradujo en la implementación de medidas en seguridad laboral, buenas prácticas agrícolas y respeto al medio ambiente, entre otras áreas.

Potencial de Ñuble
En la Provincia de Ñuble, ProChile está trabajando junto a Indap con el objetivo de estimular a pequeños y medianos empresarios que forman parte del Programa de Agricultura Familiar Campesina, para que se capaciten, mejoren sus procesos y puedan comenzar a exportar, ya sea en forma individual o preferentemente asociativa, aprovechando la oportunidad que representa el “comercio justo”.

Al respecto, Ricardo Eller vislumbra un escenario optimista: “yo veo mucho potencial de desarrollo en la agricultura sustentable con valor agregado en Ñuble. La demanda de productos orgánicos frescos y procesados y que además provengan de una cadena de abastecimiento ética con bajo impacto medioambiental, es alta en el creciente mundo de los ‘consumidores conscientes”.

En ese sentido, explicó que actualmente los principales mercados son Europa y Norteamérica, pero afirma que también en Chile el crecimiento es interesante. “Ñuble tiene condiciones para transformarse en potencia agroalimentaria sustentable, pero falta desarrollar una estrategia en conjunto con el futuro gobierno regional, las universidades, personas y empresas interesadas, con el fin de definir el camino a seguir y su desarrollo”.

Pero ¿el mercado chileno está dispuesto a pagar más por productos alimenticios que cuenten con la certificación de comercio justo? En opinión de Eller, “sí, definitivamente:  el consumidor consciente (en Chile todavía una pequeña parte de la población) no solo se preocupa de alimentarse en forma saludable, sino también se pregunta de dónde viene el producto, de qué forma fueron cultivados/procesados sus ingredientes, si la cadena de valor es ética y si se pagaron salarios y precios justos, y está claramente dispuesto a pagar algo más por ese producto, que por otro que no tenga esas características, pero que igual puede ser rico”.

Comentarios