La segregación sigue exuberante

Por: Germán Gómez Veas 2016-12-02
Germán Gómez Veas

Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial.

Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial.

Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial.

Como es bien sabido, los colegios al finalizar su año lectivo siempre organizan y presentan una enorme variedad de actos, premiaciones, y ceremonias, para de esta forma, coronar diversos procesos formativos y pedagógicos. 

En ese contexto, hace unos días fui invitado por el equipo del Programa de Integración de un colegio a una ceremonia de finalización de las actividades de los alumnos que forman parte de este proyecto escolar, que tiene por misión, “que todos los estudiantes, especialmente aquellos que presentan necesidades educativas especiales, sean estas de carácter permanente o transitorio, logren los aprendizajes esperados” (Ministerio de Educación). 

En el acto diseñado en esta ocasión, estarían presente solo los alumnos que participaron durante todo el año del programa; sacarían a estos estudiantes desde sus clases y los reunirían a todos con el objetivo de entregarles a cada uno, un diploma por el simple hecho de haber participado en este proyecto, mientras sus compañeros de curso continuarían en sus clases. 

Al respecto, debo confesar que experimenté una enorme sorpresa y hasta cierto punto decepción, por ver que con ese acto se estaba haciendo exactamente lo contrario a lo que procura este programa (conocido por su sigla PIE) y que en los hechos, debe impulsar como nadie, el principio y la filosofía de la inclusión. 

Esto parece confirmar, en mi modesta opinión, que la inclusión no está siendo bien comprendida por actores centrales del proceso educativo. Veamos.

Teniendo en cuenta que la Real Academia Española (RAE) define al acto de segregar como “separar o apartar algo o a alguien de otra u otras cosas”, y considerando asimismo, lo que en Wikipedia, el diccionario más usado en Internet señala respecto del segregacionismo, a saber, “aquella política dirigida a separar, excluir y apartar a grupos tales como las minorías raciales, las mujeres, las minorías religiosas y las personas con discapacidades, entre otros, del resto de la población humana, con base principalmente a planteamientos de tipo racial, sexual, religioso, o ideológico”, resulta indudable que el caso descrito es de esta naturaleza.

Ahora bien, ¿qué lleva a un equipo de profesionales que constituyen el PIE de un colegio, a realizar un acto tan evidentemente segregacionista?, ¿es falta de comprensión pedagógica?, ¿se encuentran prisioneros de la burocracia, de tal forma que no pueden atender, adecuadamente, la definición de sus actos centrales?, ¿ocurrirá en otros colegios algo similar? 

Lo cierto es que en este caso nadie pensó bien el significado y proyección del acto. 

También me inclino a pensar que la fuerza cultural de la segregación es tan intensa, que muchos de quienes trabajan a diario con quienes son segregados, terminan en cierta medida, cautivos del segregacionismo, actuando en ocasiones medulares de acuerdo a lo que brota de esa perspectiva social. 

Llegados a este punto, y con desazón, no puedo menos que pensar que todavía en algunos profesionales de la educación hay un doble discurso: por un lado dicen valorar la inclusión, pero simultáneamente practican lo contrario. Por esta razón, creo que la segregación sigue exuberante.

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