La gobernadora no tiene quien le escriba

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-12-01
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Ha pasado tres semanas desde que de manera intempestiva renunciara la Gobernadora. A decir verdad, no fue sorpresa, especialmente después que un senador  avecindado en la zona arremetiera contra ella, como si fuera una de las misiones de la gobernadora o gobernador, ser una suerte de generalísima de los candidatos a alcalde o concejales. 

Con el paso de los días se vio que en Ñuble la cosecha de la Nueva Mayoría no fue tan mala, y que alguna de las derrotas en comunas  emblemáticas, en realidad eran la crónica de una muerte anunciada. 

Nuestra gobernadora, muy bien evaluada, le había dado un cierto toque de distinción a una función históricamente opaca. Cayó víctima de las endémicas intrigas qué afectan a la política chilena, que transita desde el amiguismo al cuotismo desenfrenado. 

¿Qué ocurrió? Las novias empezaron a hurgar en sus carteras, a ver si todavía estaba allí el traje de novia que debieron guardar hace mucho tiempo en algunos casos y en otros, en las recientes elecciones municipales. Estoy disponible dijeron unos, a la Presidenta no se le puede decir que no, dijeron otros. Pero la gobernación sigue ahí, impertérrita, en el imponente edificio de bizarra arquitectura, acéfala, como una novia esquiva que nadie puede conquistar. 

Es cierto que en condiciones normales la gobernación carece de la jerarquía que tiene por ejemplo el gobierno regional. Pero en el escenario actual, con el proyecto de la Región de Ñuble en el horizonte cercano, la figura del Gobernador (a) parece fundamental.  Y allí surge una inquietud severa. La Región de Ñuble parece un proyecto qué tiene una convicción relativa en alguno actores locales, no en  todos, y muy poca fuera de los límites de la provincia. De otro modo, no se explican las eternas postergaciones que ha sufrido este proyecto y ahora el ya largo tiempo en que la provincia esta acéfala.

La  gobernación que en este escenario debiera ser el gran articulador  de la planificación y puesta en marcha de la futura región de Ñuble está silente, porque su principal inquilina se fue sin ser reemplazada aún. 

La reciente campaña municipal era una oportunidad para que los candidatos de la provincia incitaran a un debate de cómo insertarse con propiedad en la futura región. Poco o nada ocurrió en el bosque de fiestas, empanadas , choripanes, cumbias, zumbatones, orquestas tropicales , bingos, banderas y banderazos entre otras yerbas. Como suele suceder, los árboles no dejaron ver el bosque.

Pero más vale tarde que nunca, aún hay tiempo para iniciar ese dialogo intercomunal de cara a la futura Región. Pero una gobernación silente y vacía no solamente es mala señal, sino que desincentiva las iniciativas de las comunas para que en conjunto le den sustento a la nueva Región. 

Llama la atención la pasividad ciudadana, tan activa cuando afecta el bolsillo, pero tan quieta cuando se trata de principios fundamentales de nuestra organización democrática, en este caso nada menos que el o la representante de la Presidenta de la Republica. 

Importamos poco,  nos ningunean sin que nuestros dirigentes locales reacciones, salvo para lanzar nombres al ruedo. Ñuble no se merece esto. La gobernadora no tiene quien le escriba, porque no existe, solo está el edificio de la gobernación, joya arquitectónica vacía e inerte.

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